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¿Para qué sirven las encuestas?

Por Eduardo Valenzuela González


En el corazón de Santiago, en medio del Paseo Ahumada, se escuchó la voz iracunda de un transeúnte sentenciando: “hasta cuando le compran a las encuestas, no hay que ser sabio para saber que seguirán los mismos de siempre”. Esta verdad tan inmensa como el poder que tienen los que manejan el tinglado político nacional, parece omitirse cuando entramos en pleno proceso electoral. Mientras, se apela a un instrumento eficaz para potenciar uno u otro candidato, dependiendo de quién encargue el “estudio de opinión pública”.  Las encuestas, en esta coyuntura, se usan para dar expectación a algo, que sabemos no cambiará los destinos de la patria, por más que se afanen los políticos en decir lo contrario. 

A una de ellas, el Centro de Estudios Públicos (CEP), se la ha situado como el gran talismán, con poderes paranormales, una suerte de oráculo que permite saber, por adelantado, quien será bendecido por nuestro pueblo. Ha recibido la santificación de los políticos criollos y la validan con especial euforia. ¿Será acaso por que ésta ofrece un mapa de expectación para ambos bandos, para mantener las cosas como están?. Además, ha acompañado el quehacer político desde 1980 y muchos de los magnates de los partidos han sido protagonistas de su épica historia.

Para que esto funcione bien, nada mejor que tener un sistema binominal, el que impide la irrupción de expresiones políticas alternativas, o deja en orfandad a los partidos pequeños, lo que resulta funcional a este tipo de mediciones. Por eso, la gente tiene como referencia las encuestas, creando un círculo vicioso y perverso, ayuda a fortalecer la imagen de los candidatos del sistema, que reciben la cobertura incondicional de los medios de comunicación. Todo tan predecible, que resulta lógico pensar que no es sino una gran tontera darle tanta difusión a algo que todos saben. Pero lo obvio está rigurosamente planeado por quienes tienen el control del tinglado político. Así funcionan las cosas en nuestro país.

A pesar de lo anterior, se dice que como nunca estará reñida esta elección presidencial; y el CEP lo “confirma”, por lo que ahora sí se sabe dónde está cada candidato. Es que el 37% de apoyo en la primera vuelta de Sebastián Piñera, que tiene agitadas las aguas de la Concertación, posiciona por primera vez a un candidato de la Alianza en el primer lugar.

El senador Eduardo Frei, que irrumpió por falta de candidatos en la Concertación, no logra despegar, y obtiene solo un 28% de apoyo, aunque la maquinaria de la multipartidaria está funcionando a toda velocidad para acortar distancia, por lo que ven desfilando en cada evento público en el que está Frei a cuanto burócrata existe, desde ministros hasta funcionarios de rango menor.

El candidato “díscolo” hijo pródigo de los partidos, como es Marco Henríquez, político desde muy joven, hoy reniega de sus orígenes, sabedor que esto deja algunos dividendos electorales. Sólo así se entiende su expectante, aunque insuficiente, 15% de apoyo. Muchos de esos votos irán a Frei en segunda vuelta, por lo que este candidato no es sino un apéndice de la Concertación. 

Pero estos son datos poco relevantes al momento de establecer qué podría cambiar con Piñera o Frei: nada importante, ciertamente. El modelo neoliberal, con un estado carente de protagonismo, salvo para salvaguardar los intereses de los grupos económicos, deja en la indefensión a millones de chilenos, que no tienen trabajo o están sobre endeudados. La lógica del sistema no apunta a garantizar el trabajo, menos aún hacer justicia con la distribución de la riqueza. Es muy complejo todo, demasiada teoría, como para hacer el esfuerzo intelectual de buscar mejorar las condiciones sociales de nuestro atribulado pueblo. 

Ambos candidatos aspiran administrar lo que existe. Nada nuevo. La venta de sueños es parte de la estrategia de marketing político y sus mensajes están cargados de tramposas frases, las que saben que no pueden cumplir.  Es que su mundo es distinto al de la mayoría de los chilenos, gozando de las prerrogativas que les da el modelo que han ayudado a construir y que tantos dividendos les ha dado. 

Por eso, “no hay nada nuevo bajo el sol” y las encuestas, son sólo el reflejo de la decadencia del modelo político, social y cultural. Saben que, por ahora, no tienen rivales que puedan poner en riesgo su plácido ejercicio del poder. Seguirán hasta que surjan las huestes patriotas, aquellas que estarán por sobre las derechas e izquierdas. Sus voces viriles entonarán los himnos redentores, los que esperan entonar los millones de compatriotas que aspiran a un destino común,  a ser parte de la gran familia del pueblo chileno.

 

Publicado el 01-07-2009

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