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Juan Francisco González y Su Obra El Capitán Dinamita

Por Juan Bragassi Hurtado


Juan Francisco González, es considerado uno de los grandes maestros de la pintura chilena de fines del siglo XIX. Este pintor fue capaz de crear, en gran medida, su propio estilo plástico, logrando además desarrollar una temática particular que lo alejó del academicismo afrancesado de la época y de sus estilos imperantes por ese entonces, en forma tardía en Chile: historicismo, realismo y naturalismo.

En sus cuadros, González transmite un gran interés por la representación de lo nacional a través de sus bodegones, naturalezas muertas, retratos y paisajes, situación que lo transforma en un precursor a lo que décadas después desarrollará la generación de 13 o de 1910, en la pintura de la Guía del Maestro español Fernando Álvarez de Soto Mayor.

Una parte interesante de la obra de este pintor, fue desarrollada en la ciudad puerto de Valparaíso, lugar donde este artista registró, a través de su pincel, algunas escenas del puerto, el paisaje costero y urbano, además de una numerosa producción de vistas del paisaje campestre del interior de la zona central, con una técnica pictórica que lo acerca según algunos estudiosos al impresionismo.

Dentro del ámbito del retrato, quisiera referirme a una obra que siempre me ha llamado la atención y que tuve la oportunidad de ver, en dos oportunidades, en la década de los 80s, cuando visitaba el Museo Municipal de Bellas Artes de Valparaíso. Hablo de la pintura titulada “El Capitán Dinamita”, obra donde aparece de cuerpo completo, y con uniforme, un veterano de la guerra de 1879.

Juan Francisco González -  El Capitán Dinamita

Recuerdo que esta obra me llamó mucho la atención debido a la intensa mirada del personaje y cómo el artista había sido capaz, por medio de la técnica pictórica, de captar y grabar aparentemente la psicología del modelo, atributo que por cierto, igualmente podemos hallar en sus demás retratos.

En efecto, la mirada del personaje retratado desafía e induce al espectador a interrogarse respecto a su vida y su aparente origen humilde. Nos recuerda que esa guerra fue ganada a un gran costo generacional, no solo de “pijes”, sino también de “rotos” - hoy denominados despectivamente como “flaites”, “cumas” y “chulos”-, quienes igualmente son - con sus defectos y virtudes - parte constitutiva de nuestro ser nacional.

Marcelo Villalba, director del sitio web Museo de la Guerra del Pacífico, señala que quien aparece en la obra se trataría, efectivamente, de un veterano de guerra, llamado Arturo Villarroel Garenzón, perteneciente al Regimiento Zapadores. Este no poseía el grado efectivo de capitán sino que era un cargo asimilado, cosa que era muy normal en la época. Así mismo, la persona retratada no habría perdido originalmente el pié en la guerra, sino que este habría sido dañado gravemente por dos balas en el talón y que su mutilación en los dedos de la mano derecha, habría sido a la corta edad de los 13 años.

 

Publicado el 03-08-2011

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