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Libertad, Vinculación y Cultura

Por Misael Galleguillos V.


Ser libre es parte de la naturaleza humana. Ella permite el movimiento motriz en los primeros años y la fantasía en las primeras experiencias espirituales, para dar paso en el tiempo a la creatividad como factor principal del conocimiento y de la experiencia, que junto a la emotividad, van constituyendo el patrimonio de ideas y creencias que van forjando nuestra cultura.

La dignidad del ser humano surge del reconocimiento de su esencia como ser vivo único y trascendente, forjador de espiritualidad. La dignidad es connatural a su esencia como ser vivo y su respeto hace posible el desarrollo de las capacidades y talentos de las personas.

Toda persona es libre para forjar su destino. Por eso, la libertad y dignidad son el fundamento de todo sistema de convivencia que posibilita la realización de las personas y la preservación de la vida.

Sistema es una palabra que se compone de dos términos griegos: syn, que significa junto, y del verbo histëmi, que quiere decir poner o colocar. Expresa la idea de un objeto que está colocado junto a otro, formando orden, sucesión, conjunto. Sistema es un término que tiene analogía con síntesis, cuya palabra significa composición, ordenamiento, ajuste, armonía. Así decimos sistema político, sistema filosófico.

Sistema es regla, es orden y sabiduría.

Sólo las personas libres son capaces de crear vínculos que las reúnan para alcanzar fines colectivos. Estas agrupaciones deben ser también libres y autónomas, para el cumplimiento de las funciones que le dieron origen.

Cuando no existe vinculación se deteriora la libertad y la obediencia a la autoridad y la jerarquía queda cuestionada. Si no hay vinculación hay desarraigo del mismo modo que cuando no hay fuerza espiritual en la persona, surge la depresión.

Las fuerzas internacionales buscan la desvinculación de los pueblos con sus naciones, para generar desarraigos y facilitar sus prédicas apátridas que la mayoría de las veces sirven intereses de otros estados o de organismos internacionales, sobre todo en el ámbito del comercio y la economía; y del poder político y la soberanía de las naciones.

La nación es un ser ideal más compacto, más homogéneo, más abstracto en cierto modo, que el pueblo. La nación es el todo. Los nacionalistas usamos la palabra nación cuando hablamos de las instituciones, del territorio, del régimen político, del idioma, de la literatura propia y peculiar en el conjunto universal de los pueblos, naciones y estados.

Nación es un reino o república que tiene unidad en las principales condiciones de su existencia, como el origen, el gobierno, el idioma, la religión dominante, la legislación y el territorio que ocupa en el universo. José Antonio Primo de Rivera proclamaba que la nación es unidad de destino en lo universal. Para nosotros, Chile es lo mismo que la nación chilena. La nación es hoy para los nacionalistas lo que era el pueblo y la ciudad para los latinos: una gran comunidad política y civilizada. Ya lo dijo Tácito, el nombre de una nación fue prevaleciendo poco a poco sobre una nación originaria, hasta el punto que todos se llamaban nacionales. Es el caso, según Roberto Rengifo, de los chiles y la nación chilena. Para los latinos, pueblo era una nación civilizada; ciudad, una nación política; gente, una nación originaria, genealógica, era una nación como raza o sangre.

Al interior de las naciones la desvinculación está dirigida a los cuerpos sociales, para aislar a las personas en nombre de un utópico individualismo que afecta, principalmente, a la familia y a los organismos que surgen de las funciones sociales, entre los que destacan los sindicatos, las escuelas, las iglesias y la milicia. No es distinto el caso del socialismo que también pretende el desarraigo y la depresión, para alcanzar sus fines a través de una política de masas, para lograr el colectivismo autoritario que persigue socializar los medios de producción.

El ataque a la libertad y a la fuerza de vinculación no se logra si no se ataca al patrimonio cultural de la nación, sobre todo a los episodios históricos que han marcado hitos de orgullo, por la acción heroica de sus próceres, en la épica que construye la libertad, independencia y soberanía de la patria. Es lo histórico guerrero que proclamaba Mario Góngora.

Además, estas fuerzas y grupos de poder actúan sobre la religiosidad del pueblo y sobre las ideas, creencias, mitos y leyendas que forman parte del folclor y la cultura como expresión de tradiciones y costumbres sean familiares, pueblerinas, urbanas o de nuestros pueblos originarios y prehistóricos.

Por el contrario, quienes creen en la libertad y en los cuerpos sociales vinculantes alientan la diversidad del patrimonio cultural para la preservación de la vida tanto humana como natural, en el proceso de creación permanente de la cultura y en la generación de una forma de convivencia que haga posible la realización personal y la grandeza de la patria, con base en la verdad, el bien y la belleza.

El desarraigo, la división y la depresión de las personas son los males que debe superar el nacionalismo patriótico y social, para conseguir el cumplimiento pleno de nuestra misión histórica como nación libre y soberana.

 

Publicado el 03-08-2011

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