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El Destino del Nacionalismo: Refundarse o Morir

Por Eduardo Valenzuela Gonzlez


Tras las elecciones municipales y el desenfrenado show de los partidos, cada uno exhibiendo sus rutilantes resultados en las urnas, todo indica que nada cambiará. Cada sector político con su respectiva cuota electoral, pues el perverso sistema los perpetúa en el poder. La única alternativa verdadera para el pueblo chileno no tiene expresión política, está fragmentada, con liderazgos de todo tipo y con una confusión que impide toda posibilidad de trascender en el cada vez más oscuro escenario político y social. 

El Nacionalismo no ha tenido capacidad de acoger, con su ideario, a la mayoría de los chilenos, por que ha caído en la misma trampa de los partidos: separar al país entre sectores sociales irreconciliables. Su maridaje con la derecha y el pinochetismo, lejos de atraer a miles de compatriotas disconformes, lo ha situado incluso más a la derecha, inclusive, que la misma UDI. Los sectores nacionalistas, en su mayoría, persisten en enarbolar las banderas de un empolvado anticomunismo, cuando éste sólo existe en los manuales de ciencias políticas y museos; el marxismo se fue para no voler. También han ungido a las fuerzas armadas como depositarios de los intereses nacionales, olvidando que es un cuerpo social, muy relevante, pero que no está llamado a establecer una agenda país, menos de los civiles. No olvidemos que cuando lo hicieron le pasaron el país a la extrema derecha y los resultados están a la vista: entregaron al país tan dividido como lo recibieron. Muchos nacionalistas han hecho suyos juicios a militares involucrados en violaciones de los derechos humanos, con apoyos explícitos a torturares confesos, que hoy pagan sus crímenes en la cárcel. Son muchos de éstos, quienes cada vez que hay elecciones apoyan a la Alianza por Chile, aceptan candidaturas y se benefician del sistema electoral, con fines supuestamente patrióticos. Es por eso, que para la mayoría de los chilenos nacionalismo es sinónimo de derechismo, gran paradoja que debe tener en algún lugar del cosmos molestos a Nicolás Palacios, Jaime Eyzaguirre, Mario Góngora, entre otros próceres de nacionalismo criollo, quienes entregaron su inteligencia y corazones a la más noble de las causas, cuyo legado se confunde con la extravagante derecha militarista que nada sabe del Chile real y sus necesidades. 

El Nacionalismo que Chile necesita no es el descrito, con sus prejuicios y anacronismos que siguen dividiendo al país. Debe volver a su esencia revolucionaria, transformadora y constructiva, valiéndose de nuestra rica tradición republicana, el legado de nuestros héroes y forjadores de nuestra identidad nacional, en especial la del bajo pueblo, aquel que entregó su sangre en cada epopeya nacional, en especial al Roto Chileno. El nacionalismo debe recuperar su visión trascendente de la vida y los valores superiores que tanto se necesitan para que Chile se desarrolle y progrese con justicia social. 

Por eso, la refundación del Nacionalismo es un imperativo moral, social y político. Imperativo moral porque no existe otra doctrina capaz de aglutinar los grandes intereses del país, con una sola bandera, la chilena y un solo partido, la patria. Para reestablecer el tejido social tan dañado en los últimos 40 años, por la izquierda y la derecha, se debe fomentar la participación de los chilenos en sus organizaciones de base, las que deben extirpar las infiltraciones de los partidos políticos que después hacen gala que tal o cual sindicato o colegio profesional es de “ellos”. El Nacionalismo debe tener expresión política real, lo que obliga a pasar del discurso a la acción y con camino propio, fortaleciendo su desarrollo ajeno a las prácticas del partidismo, que sólo fomenta la corruptela e intereses de caudillos y sus lacayos. 

El Padre, creador de todo cuanto existe, algún día hará ver la luz venusiana y la estrella de ocho puntas a los chilenos, y para ese momento, que no está lejano, hay que estar preparado con un instrumento de lucha, con una moral y convicción en el triunfo inquebrantables.

 

Publicado el 01-12-2008

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