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¿Por qué los Partidos Políticos gozan de mala fama?

Por Eduardo Valenzuela González


Seamos francos: los políticos están un poco más arriba que los delincuentes en el escalafón de personas detestadas por la ciudadanía. Las razones se expresan en las innumerables encuestas, y en general apuntan a que son mentirosos, sin moral y oportunistas. Vox Populi vox dei – voz del pueblo es voz de dios – dicen los más agudos, y el resto se conforma asumiendo que son un mal necesario. Lo cierto es que más allá de las evidentes triquiñuelas que suelen usar los TODOS políticos para justificar sus ruindades, la actividad política es fundamental para el devenir de toda sociedad articulada sobre la base de poderes separados ejecutivo, legislativo y judicial; y que considera el sufragio popular como instrumento de validación de quienes ejercen dichos poderes. 

¿Entonces dónde está el problema? En los políticos y sus partidos, no en la política. Sin embargo, cuando los valores y la moral se ha relativizado hasta no más poder, y cuando se ve a diario como los “servidores públicos” están asociados a grupos económicos o pasan de ser diputados o funcionarios para hacerse cargo de algún puesto importante en la empresa privada, ONGs o alguna fundación, no se puede pensar otra cosa que ellos, se dedican a la política como una forma de vida que le otorga posibilidades que la mayoría de los chilenos no tienen. O, cuando se le ves en trifulcas en la prensa, en donde las descalificaciones y acusaciones van y vienen, y luego se les ve en las páginas sociales compartiendo alguna refinada cena, o en exclusivas playas de vacaciones. Entonces la gente, que no tiene un pelo de tonta, saca sus conclusiones; y como de se viene dando hace varios años, en el imaginario colectivo está internalizada la imagen del político como un sinvergüenza, y salvo honrosas excepciones, es así. 

La mala fama se la han ganado con el sudor de su frente. Los partidos, verdaderas escuelas en donde se nivela para abajo y se privilegia el servilismo, en vez de la capacidad, crean un ambiente propicio para que el más pillo sobresalga. Solo asó se entiende que se ampare el pillaje de muchos de sus militantes, quienes han sido condenados por malversación de recursos públicos, triangulación de dineros a los partidos u otros artilugios que quedan tipificados como delitos y sujetos a proceso. 

Por eso, cierran filas cuando se trata de proponerle al país otro modelo político. La dirigencia que recibe una sólida formación y acceden a becas entregadas por sus burocracias de las que son parte, se ponen a la defensiva cuando se cuestiona la validez de una democracia en que ellos asignan candidatos a las elecciones. Misma situación en la repartición pública en donde el lema es “favor con favor se paga”. Aquí reside el germen de la inmundicia que hay en los partidos, con su irritante clientelismo. 

Seamos justos, la mayoría de los militantes, los de base, son ciudadanos de nobles y que tienen un genuino interés por Chile. Y por lo mismo, no reciben formación sólida en ciencias políticas, historia o economía, y se remiten a repetir lo que “el partido” les dice en sus informes de actualidad. Ellos están eximidos de toda responsabilidad, pues también son usados por la poderosa maquinaria que es manejada por los jerarcas de los partidos. 

Mientras los patriotas no sean capaces de unirse en una plataforma social, política y cultural, los partidos mandarán unilateralmente. Ellos saben que no tienen competencia real, pues independientes del sigo del partido (rojo, verde o amarillo) la organización de éstos y sus prácticas son las misma. Por eso, en este bicentenario, las chilenas y chilenos que aspiren a otra manera de hacer política deben hacer el esfuerzo histórico para proponerles a los chilenos un modelo de organización política distinta, en donde coexistan armónicamente los partidos con los gremios y organizaciones sociales. Para ello, se requieren generar espacios de influencia social y hegemonía cultural, que deben ganarse, pues nada se regalará a quienes no están involucrados en el mundo de los partidos. Es el único dique de contención para aquellos que llevan años gobernando y han dejado de lado a los ciudadanos, en especial en materia de justicia social en donde las cifras son vergonzosas y nadie ha hecho nada.

 

Publicado el 01-11-2010

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