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Muralismo en Chile (Primera Parte)

Por Juan Bragassi Hurtado


El muralismo en Chile, está presente como tal a partir de fines de la tercera década del siglo XX, con la visita,  a nuestro país, del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros y la realización de su mural “Muerte al invasor” en la escuela de Chillán. 

Numerosos han sido los estudios que se han hecho respecto a esta disciplina artística, muy pocos han sobresalido.  Más allá de su manera particular de abordar el problema de la imagen y las temáticas, está la experiencia que implica su realización como una práctica enriquecedora como trabajo colectivo, la que podría servir para enfrentar los presentes problemas que afectan a nuestra sociedad. 

Es por esto, que hemos tomado en nuestras manos la tarea, en primer término, de acercar la historia del mural a las nuevas generaciones, con la intención de formar un breve registro analítico introductorio, para el estudio  de este fenómeno, no solo como una manera de arte o como una manifestación histórica del alma social de una comunidad, sino también como una experiencia integrativa de trabajo. 

Antecedentes Previos 

El arte mural, se dio en los períodos más florecientes del arte y la cultura universal, cuyas características han sido la integración simultánea de la arquitectura, la escultura, la pintura, la policromía, etc. Tal unidad se transformó en lo que  denominó el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros como "Plástica unitaria", la que parte básicamente de una concepción  funcional e igualitariamente integral con el medio, lugar y sus características en que se desarrolla, la técnica de los materiales, las herramientas históricamente correspondientes y su objetivo social y estético, el cual puede deslizarse desde un objetivo específicamente decorativo, hasta el cumplimiento de un cometido de divulgación de una idea religiosa o en su defecto profana. 

A este respecto, debemos decir que Chile todavía está en una etapa inicial, ya que la mayoría de los murales, está realizados en edificaciones que no han sido concebidas previamente con un sentido unitario entre lo arquitectónico y lo pictórico (artes integradas).

El fenómeno del muralismo no es nuevo, de acuerdo al estudio de Ernesto Saúl realizado hacia el año 1973, sus raíces las podemos encontrar cinco mil años A. C., con las pinturas rupestres del paleolítico realizadas en los muros interiores de las cavernas, lo que las protegió de las inclemencias  del tiempo, permitiendo su conservación. Sin embargo, es muy probable que haya existido un largo período de desarrollo previo con materiales menos durables. 

Su finalidad, se piensa, pudo haber sido producto de un ejercicio desprovisto de  objeto y derivado del ocio común de los hombres prehistóricos o, por otro lado, respondió aparentemente a un servicio que pretendía influir de antemano en el desenlace de las cacerías, expresión mágica encaminada a la supervivencia del hombre. 

Las obras realizadas por los artistas pre-históricos, fueron hechas con rudimentarios y modestos elementos de trabajo como el polvo de carbón, jugos vegetales, carbonato de calcio en grasas, etc. 

En la antigüedad, los mayores testimonios apuntaron a una expresión mágica de pintura religiosa y funeraria. Estos decorados fueron hechos con pinturas al fresco, que es una aplicación de pigmentos de colores solubles en agua, inalterables a la cal, sobre una capa de mezcla húmeda de cal y arena. Estas pinturas, reprodujeron aspectos de la vida terrena y ultraterrena. 

También el mural fresco fue utilizado a lo largo de las culturas prehelénicas en Troya (Asia Menor), enla Islade Creta y en Micenas. Pero es en Pompeya donde alcanza su culminación y donde se manifiesta la presencia del graffiti (raspado) en las murallas como sátira, denuncia y burla a individuos e instituciones. 

En los primeros tres siglos de nuestra era (D.C.), los artistas cristianos primitivos, acosados por las persecuciones ordenadas por los emperadores romanos, se refugian en las catacumbas, realizando murales en los que se representaban las formas de su fe. 

Ellos decoraron las catacumbas de los nichos funerarios. Sin embargo, las  técnicas que usaban en los frescos cristianos eran más bien precarias, especialmente por las difíciles condiciones en  que se trabajaba. 

Con el tiempo, el fresco de las catacumbas fue reemplazado por  el mosaico, que es la aplicación de formas y colores distintos de vidrio o cerámica adheridos sobre un muro (mezcla de cemento y arena). Muchos de ellos en fondo de oro, sacrificando en sus representaciones figurativas lo natural, surgiendo un mundo misterioso y fragmentado. 

Posteriormente, en el siglo XV, el fresco y el mosaico ceden paso a un nuevo descubrimiento, las vidrieras coloreadas, que junto con la tapicería, decoraron los desnudos muros de las catedrales y palacios góticos. 

Sin embargo, en el siglo  XVI, con el Renacimiento se recupera el mural al fresco, teniendo sus dos máximos centros de desarrollo en las ciudades de  Florencia y Roma. Es ahí donde aparecen hombres como Leonardo da Vinci, Fray Angélico, Masaccio y Miguel Angel Buonarotti.

También en ese siglo aparecen los mecenas, como los Papas Julio II y León X. Sin embargo, el arte del fresco empezó a agotarse y con la influencia de la escuela barroca, la pintura  abandona los muros y da paso a la pintura de caballete. 

El mural en Nuestra América 

Los antecedentes del arte Indo americano, se calcula en diez mil años a. C., lo que significa que es el  más antiguo del mundo. Pese a ello hay pocos ejemplos de murales precolombinos, debido a que probablemente fueron destruidos por la acción del tiempo, el clima, la vegetación y los materiales poco resistentes. Sin embargo, algunas muestras que se conservan hasta hoy, son las de las tumbas Zapotecas del Monte Albán, los frescos de Teotihuacán en México yla Tapiceríade Chanchán en Perú. 

Durantela Colonia, la pintura mural vivió en función  de la arquitectura religiosa y su desarrollo se vio afectado por las limitaciones impuestas por la arquitectura y la abundancia de ornamentaciones propias del  estilo Barroco.

La mayor parte de los edificios y templos construidos en los primeros años dela Conquistafueron destruidos por sismos e incendios, lo que no contribuyó a que el arte mural prosperara. 

El mural fue reemplazado por las grandes telas, las que eran importadas desde los principales centros artísticos del Virreinato del Perú (escuela Cuzqueña) y desde Quito,  en el Virreinato de Nueva Ganada. Con ellas se podía llenar los espacios  que de otro modo se hubieran destinado a los murales. 

La principal preocupación sobre estas grandes telas, fue la glorificación de las acciones de Dios y atraer adeptos a la fe cristiana, por lo tanto,  eran obras destinadas a impresionar a las almas "descarriadas" y a obtener su conversión. La necesidad de difundir los ideales del  cristianismo llevó a utilizar, además, otros elementos como la estampa y el grabado. 

Posterior a las luchas por la independencia, la nueva sociedad criolla latinoamericana buscó crear y perpetuar su prestigio  y hacer trascender sus valores, buscando retratar a sus héroes y sus gestas, constituyendo nuestra actual  identidad oficial de estado nacional. 

Bajo este nuevo contexto, adquieren gran desarrollo las obras pictóricas dirigidas al retrato y la historiografía de las nacientes repúblicas, así como también los paisajes y las  escenas exóticas referidas a mitos y leyendas clásicas. Debido a esto, los murales frescos disminuyeron su presencia, siendo reemplazados por  cuadros de  tamaños más funcionales al espacio de casas particulares. 

Sin embargo, a comienzos del siglo XX y en los años que precedieron a la revolución mexicana, el mural despertó de su sueño colonial y se enarboló como una revolución plástica que se opuso al academicismo extranjero, planteándose la búsqueda nacional de un arte propiamente mexicano.

Pero esta búsqueda nacía en pos de una idea que fuera capaz de trascender a la tela. 

En 1922, se hace público el "Manifiesto del Sindicato de Pintores y Escultores", el que fue redactado por el pintor David Alfaro Siqueiros, en 1915, y firmado entre otros por los pintores José Clemente Orozco, Diego Rivera y Javier Guerrero. En él se hacía presente la voluntad de trabajar en forma constructiva para socializar el arte, destruir el individualismo y repudiar la pintura de caballete, rechazando cualquier otro arte salido de los círculos ultra intelectuales y aristocráticos, produciendo solamente obras monumentales que sean de dominio público, con un objetivo de producir belleza que sugiriera e impulsara la lucha. Esto desembocó, en forma natural, en un arte  de protesta, comprometido, militante, de afirmación continental y tercermundista. 

Por otro lado, este ideario revolucionario abrazó a otras técnicas artísticas, principalmente de producción en serie, como la estampa o el arte impreso, especialmente el grabado en madera (xilografía), cuyo mayor exponente es la grabadora mexicana Guadalupe Posada. 

Los principales representantes del muralismo mexicano Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros siguieron caminos diferentes en el desarrollo de sus obras. Siqueiros fue el más prolífico, no sólo por el número de grandes obras murales  realizadas en distintas partes del mundo, sino que también por la constante experimentación con nuevos materiales, herramientas e instrumentos que hasta ese tiempo no habían sido utilizados (pistola al aire, cámara fotográfica, retroproyectora, pinturas a base de piroxilina, etc.). 

Sumado a esta renovación de medios y técnicas, este artista desarrolló la idea del trabajo colectivo con un sentido social y la integración plástica con las construcciones arquitectónicas acompañadas de una representación (gráfica, pictórica y matérica) que  se liberó ampliamente del academicismo realista y su concepción de la " copia fiel del modelo". Sin duda, David Alfaro Siqueiros, es uno de los muchos artistas que marcan la diferencia entre los dos movimientos filosóficos, el INDIANISMO y el INDIGENISMO. 

El primero, según el escritor y estudioso del arte Miguel Rojas Mix, toma como motivo al indio, bajo un sentido de búsqueda de las raíces bajo una presencia de escenas costumbristas, en donde la belleza prima por sobre el discurso y que, con el tiempo, se constituyó en un estereotipo reduccionista que lindó en lo turístico. 

En cambio, el indigenismo, se presenta con una actitud de lucha, mediante una postura más profunda y continua en su discurso, que busca la reivindicación de la fisonomía Latinoamericana, la que no se da solamente en su pasado, sino que también en su presente y en un esperanzado futuro, el cual se desarrolla bajo una postura de integración y reconocimiento valorativo de las diversidades que conforman a cada pueblo o como dijo Ernesto Saúl en su libro “Pintura Social en Chile de la desaparecida Editorial Quimantú”:  “compromiso y lealtad a las preocupaciones sociales de su época...”.

 

Publicado el 01-11-2010

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