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Sí a la política, NO a los políticos

Por Eduardo Valenzuela González


Resulta curioso que apenas comienza la carrera electoral, los partidos y sus novelescas burocracias arremeten con aguda creatividad en pos de ganar los siempre necesarios votos. Surgen poetas y trovadores, artistas del mural y la gráfica, dispuestos a poner su talento al servicio del partido, eso sí, tras el correspondiente pago por sus honorarios. Los candidatos, actores principales del show, aparecen en escena invocando sinceridad, genuina vocación de servicio público, y todo lo que ayude a “sensibilizar” a ese universo electoral que no crece y que cada vez les cree menos. Todo el aparataje mediático al servicio de la causa, significa centenares de millones de pesos, los que siempre aparecen, sean de las arcas fiscales y empresarios “progresistas”, en el caso de la Concertación; o de las suculentas cuentas bancarias de los mecenas de la derecha criolla. Se acusan recíprocamente de improbos, se amenazan e insultan, pero al final, tras conocidos los resultados, se proclaman vencedores, resaltando las bondades del sistema democrático chileno que los ha transformado en amos de la soberanía social del país.

Veinte años con la misma cantinela; dos décadas escuchando lo mismo y un cansancio en los electores que acuden a votar más por obligación que por convicción, han llevado al desprecio cada vez generalizado por parte de la población hacia los políticos, con el efecto nefasto que esto produce, pues la mayoría los compatriotas no le atribuyen mayor relevancia de la política.
 

Sí a la política, NO a los políticos. Nos han hecho creer que son los genuinos depositarios de la soberanía popular y que la exclusiva forma de ejercer el poder es a través de ellos. Es lógico que con un modelo político, hecho por ellos y para ellos, le asigna un rol fundamental a “su” quehacer, entregándole la potestad absoluta de ser los únicos representantes de la sociedad.
Sí a la política, NO a los políticos. Muchos de ellos son “profesionales” de la política. Sería bueno saber hace cuánto no trabajan como el resto de los chilenos, sujetos a la presión y a los resultados que se exige en la empresa privada. Además, la ley electoral no les pone límite y pueden postularse a alcaldes, concejales, diputados o senadores, cuantas veces quieran. Mención aparte es la fronda burocrática del gobierno, muchos de sus militantes no tiene otra experiencia laboral que no sea la de ser parte de alguna repartición pública.

Sí a la política, NO a los políticos. Han hecho un negocio la actividad pública, y se cruzan los intereses económicos con los políticos. Da vergüenza ajena ver a prominentes ministros que tras dejar su puesto llegan a selectos directorios de empresas relacionadas con su cartera; o prominentes empresarios gastando su dinero en onerosas campañas electorales.
Sí a la política, NO a los políticos. Hacen gárgaras con la democracia pero no hacen el menor esfuerzo por cambiar la ley electoral y no lo harán pues les da suculentos dividendos. Con ello, impiden cualquier expresión política y social emergente, las que están condenadas a unirse a ellos y desaparecer.

Sí a la política, NO a los políticos. Impiden que las organizaciones sociales tengan la relevancia que le corresponde, pues no tienen ninguna participación en las grandes decisiones del país. Incluso, infiltran los gremios, sindicatos y cualquier expresión social autónoma, sea incorporando algún militante en dichas organizaciones u ofreciendo cargos o dádivas al dirigente que cae en la trampa.

Sí a la política, NO a los políticos. La actividad pública es una responsabilidad social de cada ciudadano y no sólo de ellos. Son los responsables de que el padrón electoral esté envejeciendo peligrosamente y que más de 2 millones de chilenos no estén inscritos en los registros electorales. No les interesa cambiar las cosas y no lo harán, si no se ejerce presión desde afuera. Es fundamental cambiar la ley electoral; que la inscripción sea automática y el derecho a voto sea voluntario; modificar la ley de partidos para facilitar la participación de independientes y se pueda competir en igualdad de condiciones; los gremios, colegios profesionales y las organizaciones sociales deben tener participación en el ejercicio del poder legislativo, y que de una vez por todas, los partidos le entreguen representación a los cuerpos sociales, expresión real y directa del mundo social.

Aún es tiempo de cambiar las cosas y si no lo hacemos nosotros, los que amamos nuestra patria, no lo hará nadie. Por eso, es fundamental sumar a ese sentimiento maravilloso que nos une a esta tierra bendita, la acción decidida por reposicionar a la política como una noble actividad, indispensable para unir el tejido social y con fines constructivos, objetivos diametralmente opuestos al de los partidos. Chile nos necesita y nuestro deber esta obedecer el llamado sagrado de nuestra loca y fascinante geografía.

 

Publicado el 01-09-2008

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