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Nuestro Mensaje

Por Misael Galleguillos V.


Los mensajes que se proclaman en nuestra prédica contienen los principios y valores de nuestra doctrina que está al servicio de la patria y de su pueblo. 

En ella se habla de libertad y de dignidad, de forma de ser, y de convivencia social, de realización personal y social, de justicia y de participación, de independencia y soberanía, de propiedad y patrimonio, de autoridad y bien común, de misión y tarea, de cultura y civilización, de origen y destino, de historia y eternidad, de creación y cultura, de cuerpos sociales e institucionalidad, de formas y estructuras, de verdad y de vida, de derechos y de solidaridad, de territorio y nacionalidad. 

Nuestro mensaje aspira a convencer a las personas a incorporarse a una empresa colectiva capaz de generar una nueva etapa en nuestro devenir histórico. Etapa de plenitud en la vigencia de principios y valores que permitan la satisfacción de las aspiraciones más profundas de nuestro pueblo, donde la unidad, la libertad y la grandeza patria hagan posible la superación de la pobreza y la integración de todo el pueblo, en la tarea de vertebración nacional para dar cumplimiento a nuestra misión y destino, generando la riqueza que requiere el financiamiento de nuestro proyecto para dar acceso a más bienes, más cultura, más oportunidades y más influencia en las decisiones del Estado a todos los chilenos. 

Entonces seremos dueños de nuestro destino. 

Chile es una nación dividida que está sometida a intereses que cuestionan nuestra independencia y soberanía. 

La independencia y soberanía cubre los cuatro aspectos de la vida en comunidad: política, economía, sociedad y cultura. 

La soberanía política no es ejercida por el pueblo, que sólo elige autoridades del Estado, sino que es manejada por grupos de poder y por los partidos políticos, afiliados casi siempre a organismos internacionales, a través del Gobierno y del Parlamento. 

El poder político no tiene límites y esto genera conflictos entre la autoridad y la libertad. 

El sistema político que nos rige no reconoce la soberanía social y el poder social que emana de ella. Más bien subordina el poder social al poder político y toma decisiones que afectan su funcionamiento en la estructura del Estado ni siquiera en el ámbito comunal.

La soberanía económica es la más afectada, pues la autoridad política adopta decisiones que sirven intereses globales que afectan a los sectores productivos nacionales y comprometen nuestros recursos naturales. 

En lo cultural asistimos a la penetración de ideas y conceptos casi siempre antivalóricos y ajenas a nuestra idiosincrasia como pueblo y como nacionalidad , sobre todo a través de la virtualidad y tecnología y algunos medios de comunicación que difunden materiales envasados y propios que en nada contribuyen a nuestra formación espiritual. 

Nuestro mensaje es positivo y va dirigido a lo mejor de nuestras tradiciones y creatividad como pueblo noble y orgulloso de su identidad nacional. 

El esfuerzo, creatividad y emociones puestos al servicio de nuestro perfeccionamiento personal para alcanzar metas y objetivos de realización personal y social tiene plena cabida en nuestros planteamientos de bien común. Nosotros queremos lograr que las personas surjan como producto de sus propios afanes de superación, para lo cual se deben asegurar las oportunidades y medios según corresponda. 

Chile es un pueblo joven que aún no llega a los 500 años de descubrimiento y conquista y que está por cumplir 200 años de independencia y autogobierno. Hoy su pueblo quiere abrir espacios de libertad y soberanía para ejercer sus derechos civiles y tener acceso a los servicios, a la propiedad de bienes y a la cultura para asentar la convivencia familiar y social con un sólido patrimonio. 

El pueblo chileno quiere tener acceso a la propiedad del territorio patrio, lo cual se ha sido negado históricamente por el Estado. Parte del territorio patrio ha pasado a manos privadas por decisiones de naturaleza política o por herencia de antiguos hacendados y colonizadores. 

Las fronteras internas deben dar paso a la colonización como una forma de repoblación con acceso a la propiedad de las tierras y con asistencia técnica y financiera. Los bienes nacionales no son para la colonización extranjera, o para ser vendidos en grandes dimensiones a fundaciones foráneas de ambigua naturaleza y con fines no esclarecidos. 

A la reforma agraria, que no cumplió con los objetivos que se perseguían se debe agregar la reforma urbana para regular el crecimiento de pueblos y ciudades y crear nuevas aldeas que permitan una buena convivencia y una mejor calidad de vida con acceso a la propiedad y a los servicios que se requieren. 

Las obras sociales y civiles no deben ser concebidos como un mero negocio. Son parte de la construcción del hogar de la patria a fin de asentar la convivencia familiar y social y a la cual concurren todos los cuerpos sociales permanentes de la nación y las instituciones del Estado. 

Nuestro mensaje quiere movilizar al pueblo para que construya su propio destino con dignidad y valentía.

 

Publicado el 01-09-2008

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