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El misterio del submarino Alemán de Cabo Carranza

Por Hans Fiebig


Los misterios de la segunda guerra mundial siguen llamando la atención de todos los fanáticos de las distintas potencias mundiales que en ella participaron, sobretodo a quienes les fascinan los enigmas que aquí se esconden.

También es parte de este fanatismo, el revisionismo histórico, donde tomando la evidencia objetiva de los hechos, se cuestiona la manera como ha sido narrada la historia por parte de los vencedores, derribando con ello la consistencia de los testimonios que han escrito la historia, con evidencia científica que ha demostrado lo contrario.

Dentro de dichos misterios, existen quienes los siguen sin resolver las teorías de escape de los alemanes a Sudamérica, con posterioridad a la caída del 3er Reich. Este grupo de admiradores, sin duda es un gran mercado para quienes escriben y publican sus obras de teorías conspirativas, pero a la vez, alimentan este grupo con teorías no comprobadas y en algunos casos, carente de toda consistencia y verificación de las pocas evidencias encontradas, o digamos, inventadas.

Es así, como en Junio y Septiembre 2006, se publicita (en Revista Ercilla) un libro para sustentar la teoría de escape de Adolf Hitler a Sudamérica. Sin embargo, hay algo novedoso en esta teoría: esta vez se habla de una supuesta llegada a Chile. Para sustentar las teorías de escape a Chile sale a relucir, en la historia, un submarino alemán hundido en las costas de la VII Región de Chile, a la altura de Cabo Carranza.

La historia narrada, sobre este submarino, ha sido variada. Por ejemplo, que sus ocupantes desembarcaron a la altura del Faro Carranza, a 2 kms al norte de la localidad de caleta Loanco. Otra historia, ligada el mismo submarino, narra que una noche se escuchó un fuerte estruendo en la localidad, encontrándose al día siguiente los cadáveres de la tripulación flotando en las cercanías de la caleta Loanco. Otros incluso, afirman saber donde estarían los cadáveres de estos malogrados hombres de mar.

La historia fue corriendo y distorsionándose al punto que algunos afirman haber conocido gente que ha visto un submarino que emerge en las costas de la zona y que por medio de botes, algunas personas de colonia dignidad se dirigen a éste, para luego volver a perderse en el mar. De ser así, tras más de 60 años, sería sumamente sorprendente saber cómo se le da mantención al casco del submarino ante la corrosión y como se le recarga de combustible.

Dado el interés que esta historia ha despertado, es que nos trasladamos a la zona a investigar “in situ” y poder así, ofrecer más antecedentes. Aquí nos encontramos con algunas sorpresas.

Las costas de la VII Región, a la altura de la desembocadura de Loanco, acumulan una gran cantidad de historias de naufragios, comenzando por el vapor Cazador, que en 1856 se estrellara contra el roquerío en Punta Loanco. En este hecho, casi toda la tripulación (unas 458 personas) fallecieron en el lugar, sobreviviendo apenas 41. De esta tragedia, la primera que se tienen registros en la zona, los cuerpos de los malogrados pasajeros y tripulantes fueron enterrados en una colina costera al norte de la caleta de Loanco.

Homenaje al desastre del Vapor Cazador

Homenaje al desastre del Vapor Cazador

 

Tras ese desastre, las tragedias siguen y siguen, ya que la zona es traicionera, con muchas rocas y corrientes. Se tienen registrados en la zona alrededor de 13 desastres con bergantines, buques y vapores.

Es así, como en Septiembre de 1895, se inaugura el Faro de Cabo Carranza, erguido a raíz del desastre del vapor Cazador 40 años antes.

Un naufragio muy curioso es el del buque John Elder, en 1892, donde, tras una tormenta fue arrastrado hacia la orilla. Los antecedentes de la época indican que este carguero transportaba una valiosa carga de lingotes de oro y plata. Partiendo, desde Valparaíso el 6 de enero con ruta a Liverpool, el buque enfrenta una mala maniobra de su capitán y no logra esquivar las rocas a la altura de Cabo Carranza. La corriente lo arrastra, el barco encalla y se hunde, quedando visible parte del buque que con el tiempo la corrosión se encarga de ir destruyendo.

Ante la investigación de los lugares señalados, en donde se encontraría el submarino alemán y revisando los antecedentes y registros recopilados de naufragios de las costas de Loanco, nos encontramos con la sorpresa que el famoso submarino (cuya foto de su torreta han dado la vuelta al mundo) no es más ni menos que el John Elder. Aquí los pescadores acostumbran bucear para sacar metales, como estaño, para fabricar sus elementos de pesca. 

Se explica así, que este espejismo de la caldera del John Elder, sea confundido con la torreta del supuesto submarino alemán hundido, el que ha alimentado a quienes sostienen sus teorías conspirativas sustentando fantásticas historias de política ficción.

La caldera del John Elder, la cual han dicho que es el misterioso submarino alemán hundido en Cabo C

La caldera del John Elder, la cual han dicho que es el misterioso
submarino alemán hundido en Cabo Carranza

 

Al buque se puede acceder en bote desde la caleta, y con marea baja se puede observar nítidamente el naufragio. La mejor época del año es en invierno, cuando las olas disipan la arena embancada que cubre en verano al naufragio. Con los lugareños, principalmente hombres del mar, podemos ver los numerosos objetos que han sacado, principalmente de estaño, desde este buque.

Objeto extraído por los pescadores del lugar desde el buque John Elder

Objeto extraído por los pescadores del lugar desde el buque John Elder

 

Del tesoro del John Elder, no mucho debe quedar, ya que el barco, según los lugareños, en los años ’70 fue visitado por un equipo de buzos extranjeros que habrían extraído su precioso botín de lingotes y otros objetos valiosos.

Pero volvamos al tema principal. ¿Por qué se cuenta de la existencia de un submarino alemán? ¿Qué interés se tiene en inventar una historia, o simplemente, no verificar un rumor que fue creciendo con el tiempo?

Personalmente, no conozco al autor del artículo que revelara, en Revista Ercilla, la existencia del submarino. Pero me llama, enormemente, la atención de cómo un hecho tan sencillo de validar en terreno no haya ocurrido. O podemos decir que el periodista fue una victima más de la historia del submarino o simplemente es otro más que vive a costa de crear mitos para los admiradores. Esta incógnita, solo la podrá aclarar el periodista.


 

Publicado el 01-08-2008

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