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Neoliberalismo y Chilenidad

Por Misael Galleguillos V.


La creencia en la economía como factor primordial en la convivencia nacional, lleva a los analistas a pensar que el modelo económico aplicado al desarrollo de la nación es intocable y base única y verdadera de nuestro porvenir.

Es tal el fervor de los partidarios del neoliberalismo que no trepidan en afirmar que los chilenos no somos algo especial en nuestro continente debido al horror que les produce un eventual cambio de modelo económico.

Es que ellos creen en la riqueza de unos pocos y la sobrevivencia de los demás, dejando un porcentaje marginado de la convivencia como fenómeno estructural de cualquier sistema.

Es curioso que critiquen al pueblo chileno y no a la clase política cobijada en los partidos políticos que tienen el monopolio de las personas que manejan la institucionalidad del estado.

Se olvidan que ellos forjaron la unidad militar capitalista para imponer el sistema y luego derivaron a la dualidad liberal – socialista que en pocas palabras significa entregar a los políticos el poder del Estado sin que se entrometan en la economía que nace con  Hayek y que transforma  la convivencia en un gran negocio: salud, educación, vivienda, vialidad y la industria alimenticia.

Fue Gaetano Morka quien generalizó la visión de los políticos al crear el término “clase política” que es de uso común en los análisis que se realizan.

El populismo y la demagogia son los elementos que más les desagrada por basarse en temas de igualdad y justicia.

Los neoliberales, que hoy quieren darse una nueva denominación, que no está definida porque les falta cultura para encontrarla.  Algunas veces se autodenominan  globalmente como economía libre y otras veces como economía social de mercado.

El mercado debe regular todo, parece no creíble por los resultados de las políticas  económicas de sus socios políticos.

Hoy hablan de cultura económica para lograr un buen desempeño de los consumidores y del sector laboral en cuanto a la evaluación de sueldos y condiciones de trabajo.

La economía es una ciencia social que se basa en elementos matemáticos que más allá de verdades totales derivan  a verdades parciales que nacen de la estadística y de las probabilidades.

Para el  nacionalismo el neoliberalismo  carece  de contenido social y político.

Aquí hablan de “modelo chileno” para generar apoyo ciudadano, pero la cultura tiene sus expresiones más genuinas en la filosofía, la religión, el arte, la moral, la ciencia y la tecnología.

Poner el eje de la convivencia en la economía resulta distorsionar la convivencia social de los chilenos.  Lo mismo ocurre si el eje se pone en lo político, dejando lo social y lo cultural.

Es la cultura chilena la que debe ser tenida como eje central de la convivencia, pues las políticas públicas deben ponerse  al servicio de los fines de la nación y de su realización histórica, garantizando la libertad, la dignidad, la justicia, la participación y la grandeza de Chile.

El agotamiento de  la Concertación y de la Alianza lleva a esta preocupación, pues no ven que alternativa puede surgir, como ha pasado en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina. Para ellos ya ni siquiera es peligroso el comunismo con quienes se han aliado en Rusia y en China.  Más díscolos han sido los comunistas cubanos y los norvietnamitas.

Sólo el nacionalismo puede salvar a la nación de la falta de estructuras y formas para alcanzar los fines, función de la nación y del Estado.

No debe temerse al pueblo que convive en los cuerpos sociales, buscando solución a sus problemas. Sucede en la familia, el sindicato, el municipio, la iglesia y las FF.AA.  Esto ocurre en forma cotidiana y es lo que le da solidez a la paz social y al orden público.

Pero no hay que confiar, pues los políticos y los dueños del dinero se afanan en destruir la convivencia y relativizar los ideales de los hombres de bien y los valores morales que son la esencia de la vida de las personas en la sociedad.

Esta debilidad de los valores lleva a la delincuencia en lo social y a la corrupción en lo político.

La globalización siempre ha existido. Es una palabra que ha reemplazado al término imperialismo.

El nacionalismo no se equivoca y está en la tarea de dar formación a sus seguidores y militantes para entrar a la conquista del Estado y forjar una nueva institucionalidad para la nación.

Esto es así porque creemos en verdades totales y no parciales, conocemos nuestra historia y el heroísmo de nuestros soldados, sabemos de educación, salud y trabajo organizado en gremios y sindicatos.

Necesitamos la unidad de los nacionalistas para construir y rediseñar la patria en forma original.  Original es volver al origen.

Pueden surgir otras alternativas que suman descontento pero que no tienen una  visión común acerca de los problemas y aspiraciones del pueblo.

Chile nos necesita.

 

Publicado el 01-06-2008

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