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Destitución de Provosto y el Tongo de Curepto - Las vergüenzas del gobierno

Por Eduardo Valenzuela González


En el campo dicen que la mentira tiene patotas cortas, y esta gran verdad, quedó al desnudo con los dos hechos más relevantes ocurridos en el mes de abril. Es que la destitución de Yasna Provoste, a pesar de la maquinaria política desplegada por los tribunos de la Concertación, fue un duro revés para el gobierno. Así mismo, el pintoresco tongo en el hospital de Curepto, en donde quedó de manifiesto que la mentira es pan de cada día para la autoridad, dejó en jaque la credibilidad del Ministerio de Salud. Ambos hechos, que afectan directamente a dos de los ministerios más relevantes, dejan en vergüenza a Bachelet, sus colaboradores y a los magnates que mandan en los partidos de gobierno.

La destitución de la ex ministra de Educación, fue una estocada profunda al orgullo de la burocracia de los partidos. Sin el más mínimo pudor blindaron a la menuda profesora y diseñaron las más extravagantes estrategias comunicaciones para salvar su responsabilidad política en las inexcusables faltas administrativas en el control de pagos de subvenciones a decenas de escuelas a lo largo del país. Alegaron, a los cuatro vientos, que Provoste era inocente; que fue ella quien inicio los sumarios al respecto y que aún la Contraloría no se pronunciaba al respecto; que esta era una conspiración siniestra de la derecha, como parte la tesis “del desalojo” balbuceada desde algunos sectores del liberalismo; que era una persecución a quienes provienen de familias de extracción popular; que se le discriminaba por ser chica, morena y fea; etc, etc, etc. Se llegó hasta a la tontera, salida de alguna ingeniosa idea de sus asesores, de recluirla, como monja de claustro, en una parroquia de Santiago Centro. Iba a misa, previo aviso a la prensa, y hasta sus lágrimas, difundidas profusamente por los medios, coronaron las emotivas escenas, calificadas de “notables”, por algunos mal pensados, y de “sinceras” por sus estrategas y defensores. La última acción, en una franca actitud de desesperación, la levó a cabo el PPD, con su ex senador, Fernando Flores, en que se le garantizaba que Provoste renunciaría si la acusación era rechazaba, fracasó antes la negativa del senador, el que exigió que la ministra se comprometiera públicamente. Obviamente, el gobierno no lo aceptó. Mientras, el también profesor, que las oficia como vocero de Gobierno, Francisco Vidal, vociferaba envalentonado el 15 de abril que “no hay negociación, no hay renuncia, por que esa es la decisión de la presidenta”. Saque usted sus conclusiones.

A pesar de todo, el 16 de abril, la profesora de Ecuación Física, que no ha ejercido como docente pues ha sido siempre funcionaria del gobierno, fue destituida por 20 votos contra 18, al aprobarse el primer capítulo de la acusación constitucional. Los 4 senadores independientes fueron determinantes, pues todos votaron a favor y con ello, se llevaron, fundamentalmente Adolfo Zalvídar y Fernando Flores, ex concertacionistas, una sinfonía de insultos por parte de los honorables de gobierno. El destino de Provoste estaba echado, serán 5 años en que no podrá ejercer cargos públicos y sus aspiraciones senatoriales deberán esperar. De inmediato, la dinastía de los partidos de la multipartidaria, lanzaron sus maldiciones a la derecha, que victoriosa celebró la destitución, y a los “traidores” senadores Zaldívar y Flores. El senador independiente por la XII región, Carlos Bianchi, resume con claridad la situación, al señalar que su voto lo decidió tras escuchar a la defensa, pues le pereció vergonzoso que se pretenda acusar de esta grave falta sólo a funcionarios de mando medio. Y así fue, una acción que en vez de asumir con honestidad, se cubrió de excusas y soberbia, propia de quienes llevan casi 20 años y han perdido todo pudor antes las innumerables acusaciones de corrupción, nepotismo y abuso de poder.

El tongo en el Hospital de Curepto, que fue inaugurado en febrero pasado por Bachelet sin contar con las condiciones operativas (de infraestructura e incluso sanitarias), llenó de rabia a los chilenos que, incrédulos, veían en las noticias como se mintió con una desfachatez inédita. Todo mentira, desde el paciente que se fotografió con la primera mandataria, que fue un grotesco palo blanco, hasta las declaraciones de las autoridades que saludaban como muestra de compromiso con el pueblo por parte del gobierno. Esta inauguración fue producto de las fuertes presiones del equipo de avanzada de la comitiva presidencial. La orden fue que el hospital sí o sí debía estar listo para el 29 de febrero, aprovechando que la presidente iba a estar en la región entregando subsidios para los agricultores afectados por la sequía del verano y la inauguración del puente Mataquito. Como se dice vulgarmente, la consigna era matar no dos sino tres pájaros con el mismo tiro, como se ha sabido posteriormente. Por ello, no se escuchó al Servicio de Salud del Maule, que advirtieron que las obras no estaban terminadas. Por eso el montaje se haría en las zonas de Urgencia y el laboratorio.

Pero la verdad fue denunciada recién en abril por el alcalde de Curepto, Armando González (RN). El edil, a través de los medios de comunicación, aseguró que el recinto de salud había sido inaugurado en febrero con camas prestadas de otros hospitales de la zona y con pacientes que simulaban estar hospitalizados e incluso uno de ellos era un funcionario del lugar. El alcalde llegó más allá, asegurando que les indicó a los representantes de la comitiva del gobierno que el hospital no estaba terminado. Por ello, González está convencido que no resulta creíble que el Ministerio de Salud y el ejecutivo no supieran esto. Una vez conocida la denuncia, el Gobierno reaccionó con asombro – o lo simuló - y tomó cartas en el asunto. Como primera medida decidió pedir la renuncia al director del Servicio de Salud del Maule, Gerardo Herrera (PPD), y al intendente, Alexis Sepúlveda militante del Partido Radical. Y fue el vocero de gobierno, Francisco Vidal, quien crucificó a ambos funcionarios. Al primero, por haberle mentido a la Presidenta al asegurarle que estaban todas las condiciones para la inauguración, mientras que al segundo se le solicitó la dimisión por la responsabilidad que le corresponde en este vergonzoso montaje. Ambos acusados se han defendido asegurando que informaron oportunamente a la comitiva sobre las deficiencias del hospital. Una vez más, y como era de esperarse, el hilo se cortó por lo más delgado y la responsable política de la cartera, María Soledad Barría, salió inmune. Aunque se ha dicho que se investigará la responsabilidad de la comitiva de avanzada presidencial, ya que según denunció Herrera y González, ésta conocía las precariedades del recinto, por ser parte del círculo más estrecho de Bachelet, es poco probable que se les cuestione. Como sea, este pintoresco episodio quedará en la retina de los chilenos como uno tongo más de su gobierno.

Ambos episodios demuestran que el problema de la Concertación es de fondo. No hay autocrítica, ni una pizca. Menos aún, reconocimiento explícito a los innumerables cuestionamientos éticos y administrativos. Los jerarcas de los partidos, quienes de verdad mandan en el gobierno, prefieren la mentira, el mal menor, o simplemente el silencio, antes de dar la cara ante el pueblo. La reacción de la autoridad no es sino el reflejo de de los partidos que la sustentan.

La derecha, por otro lado, gestora intelectual del modelo económico basado en la especulación financiera, rasga vestiduras sin moral alguna para hacerlo. Seguramente serán gobierno, y a poco andar seremos testigos de situaciones similares. El problema de fondo es que mientras los ciudadanos estén supeditados al báculo de los partidos, no habrá solución a la enervante intromisión de éstos en el quehacer social. Por eso, ahogan a las organizaciones autónomas y las infiltran sin pudor. Por eso abominan de un sistema político basado en los gremios y sus representantes. Les asusta perder el patrimonio de la soberanía social, y harán todos los esfuerzos por mantener su hegemonía. Ante la amenaza, se unirán para defender sus “derechos”, que son los de la gente.

Por eso, desde esta trinchera abrigamos la fe y convicción de que Chile despertará. El Nacionalismo, está incubándose en miles de corazones, aunque muchos no estén conscientes de su latir. Mientras, los guerreros de la patria deben prepararse para proponer, cuando las condiciones se den, una alternativa diferente de desarrollo económico, social y espiritual para un país que merece ser iluminada por la otra luz.

 

Publicado el 01-05-2008

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