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Un Poema llamado Chile

Por Eduardo Valenzuela Gonzlez


Chile es una poesía. Su lirismo tutelar, engalanado de sus bellos y variados parajes, son el lugar de acogida para millones de mujeres y hombres que han forjado, a punta de coraje, un largo y angosto puñado de tierra, único por su hermosura; único su valentía, único por su pueblo. 

Su historia tiene pasajes de indómitas epopeyas. Raza brava, heredera de los enigmáticos araucanos, con su rica tradición de guerreros místicos, nunca se resignó a ponerse al servicio del invasor.  Esa poesía con sudor y sangre fue escrita por más de 300 años y hasta hoy, esa conducta incorruptible sigue en pie, a pesar que la Araucanía aún llora a sus hijos caídos.  

Estatua José Miguel Carrera

José Miguel Carrera
Héroe de nuestra independencia 

Los poetas de lo imposible lograron romper las cadenas y gritaron ¡Viva Chile¡ en los albores de la república. A veces la condición humanada traiciona, y nuestros padres de la patria no lograron la unidad para construir un destino común. Nadie puede negar el arrojo de los José Miguel carrera y sus hermanos, y su preclara visión republicana; tampoco el genuino amor a su tierra prodigado por Bernardo O’Higgins; menos aún cuestionar la gallaría inmortal de Manuel Rodríguez. Entre ellos hubo algo extraño, fuerzas oscuras que los debilitaron. La poesía con olor a pólvora de estos guerreros está encarnada en lo más profundo del alma de Chile. 

Más adelante, el verso de la justicia social se presentó. La Sociedad de la Igualdad, con Francisco Bilbao y Santiago Arcos, lanzaron con pluma valerosa las proclamas que gritaban por respeto al pueblo. Como héroes de lo imposible organizaron a los más pobres, y prodigaron su vida a quienes la Iglesia había dejado de lado. 

La poesía más majestuosa se escribió en la Guerra del Pacífico, y la tinta roja de nuestros héroes quedo en el corazón de los chilenos para siempre. El agreste norte con su precioso e enigmático desierto, fue el escenario de las gestas más gloriosas de las que se tengan memoria. Allí entregaron su viril gallardía miles de compatriotas, los que venciendo el calor extenuante, lograron sobreponerse y triunfar. La voluntad y la convicción del Roto Chileno, verdadero heredero de la estirpe guerrera de nuestros ancestros, entregaron a Chile la riqueza del cobre. Sin ellos, la victoria habría sido imposible. Honor y gloria al Roto Chileno, ese poeta agreste, que sin instrucción formal, pero con un espíritu superior, nos enseñó que el amor a la patria debe ser incondicional. Homenaje eterno a ellos,  que somos nosotros mismos.  

 Estatua Héroes de Iquique

Héroes del Combate Naval de Iquique 

Los versos más tristes vinieron después. Ese héroe anónimo que luchó con todas sus fuerzas en la Guerra del Pacífico, fue abandonado por los mismos de siempre, los que están en el poder y lo usa para sus fines egoístas. Ese luchador incansable y sus hijos se fueron a la pampa a sacar “el oro blanco” como se le llamó al salitre. Volvieron a aquel lugar en que pelaron. Fueron ultrajados en su dignidad y explotados con el silencio cómplice de nuestras autoridades. Pero de esa crueldad surgió el grito rebelde de los obreros salitreros, los que encabezados por el poeta proletario y padre del movimiento obrero chileno Luis Emilio Recabarren, cimentaron las bases para que los trabajadores lucharan por sus derechos. 

Durante el siglo XX, esa poesía redentora, la que escribió cada chileno en cualquier lugar de nuestra loca geografía, ha sido el néctar para fortalecer la moral de la patria. En el sur, con su frío acogedor, haciendo soberanía; nuestro litoral extrayendo la riqueza del mar que permite la sobrevivencia de miles de compatriotas, o en el norte abrazador con ese sol perpetuo que curte la piel de esos compatriotas. 

Sí, hay un poema llamado Chile. Ese que nos hace ser solidarios ante la adversidad y soportar estoicamente terremotos, inundaciones y todo desastre que golpea a nuestro país. En un rito de amor entrañable, en cada momento de dolor aparece  bandera chilena, símbolo mágico de algo profundo que está en el inconsciente de nuestro pueblo. La misma bandera que nos acompaña en los momentos de alegría, en las celebraciones deportivas y de todo tipo. La relación sentimental con nuestra bandera no es racional, y demuestra que el chileno la quiere y respeta más que a nada.

Sí, hay un poema llamado Chile. Debe tener en su verso futuro para sus habitantes, respeto para sus niños y mujeres, justicia para sus trabajadores,  y dignidad para sus abuelos. Quien ama a su patria, ama a su pueblo. Esa máxima debe ser en adelante la consigna para construir un Chile distinto. Se debe cambiar el modelo económico basado en la especulación financiera y el poder bursátil por uno sustentado en el valor del trabajo. No hay nada que impida subir el nivel de vida de nuestros compatriotas, salvo el afán de algunos por acumular riqueza. 

Estatua Teniente Merino 

Teniente Hernán Merino Correa
Héroe de nuestra Soberanía

Sí, hay un poema llamado Chile. Quienes amamos esta tierra bendita tenemos la obligación moral de denunciar y enfrentar al enemigo oculto, el que se esconde en instituciones políticas, corporaciones gremiales o de beneficencia con la finalidad de validarse socialmente. No les interesan nuestras tradiciones, nuestra historia y menos aún nuestro pueblo. Dicen ser chilenos, pero provienen de otras latitudes y tiene familiares diseminados en todo el mundo; y usan la nacionalidad para sus fines hegemónicos. En ellos no hay poesía, hay una maléfica forma de instrumentalizar a nuestro país para sus fines de control social por medio de sus más variados negocios. 

Chile es poesía y ha tenido olor a pólvora cuando ha sido necesario. Por eso, debemos estar atentos, en la trinchera, observando con sigilo como se mueve el invasor oculto. Le llaman Globalismo, y quienes están detrás de esto son los que manejan el tinglado de la economía mundial, la banca, los medios de comunicaciones, el cine y gran parte del arte. 

En este bicentanario el mejor homenaje a la patria, a sus símbolos y su pueblo es el compromiso de cuidar lo que nos legaron nuestros antepasados. Nuestra soberanía y nuestra cultura deben estar como prioridad. La convicción en que en cada chileno hay un sentimiento de apego a la tierra que lo vio nacer, es la mejor manifestación de ese amor a Chile. 

Vivan nuestros héroes!! 

Viva el pueblo chileno!! 

Viva Chile mierda!! 

 

Publicado el 01-09-2010

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