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El hundimiento del Wilhelm Gustloff y el silencio de los vencedores

Por Eduardo Valenzuela Gonzlez


Uno de los hechos más cobardes acontecidos durante la II Guerra Mundial ha sido ocultado por los cronistas de la época e historiadores “oficiales” hasta hoy: el hundimiento del trasatlántico alemán Wilhelm Gustloff.

Esto ocurrió el 30 enero de 1945, durante la evacuación de Prusia Oriental por los alemanes, ante el avance del Ejercito Rojo, siendo la mayor tragedia naval de la historia, muy por encima del archiconocido Titanic, del Lusitania, o el Laconia.

La zona del Báltico de etnia germánica y en especial la Prusia Oriental, eran objetivos con doble importancia para los soviéticos. Por una parte, fue la zona reivindicada por los nazis para comenzar la guerra, unir la patria a Danzig, por el corredor perdido en la primera Guerra Mundial; y el otro motivo, es que sería la primera vez que el Ejército Rojo pondría sus pies en suelo alemán.

Las consignas de los soviéticos eran claras como consta en la propaganda de esos días: venganza, venganza y más venganza. Dichas ideas no nacieron de la mente del modesto y casi analfabeto soldado soviético, sino que fueron instigadas desde las mas altas esferas, en particular por el ideólogo ruso de esta matanza, Illia Ehrenburg, y su eslogan ¡Muerte a los ocupantes alemanes! Todo ello, por supuesto, con la anuencia del alto mando del ejército rojo, totalmente controlado por el dictador José Stalin. Ese deseo de venganza y muerte, ocasionó uno de los más oscuros y tristes capítulos de la guerra, donde el fusilamiento arbitrario de militares y civiles alemanes fue continuo, y la violación de la población femenina alemana, sistemática y repetitiva. Pero, como la historia la cuentan los vencedores, casi nada de esto se sabe.

El miedo a las represalias del Ejército Rojo, que se dirigía a Alemania, provocó el mayor éxodo civil de toda la guerra, llegando a superar los dos millones de personas evacuadas de esa zona geográfica, normalmente en barco. Uno de los barcos utilizados fue el trasatlántico Wilhelm Gustloff, de veinte mil toneladas, inactivo durante la guerra, por el bloqueo aliado. Durante tres días se fue llenando el buque, donde llegaron a hacinarse más de 8.000 personas, cuando su capacidad normal era de 2.000 personas; y de esos 8 mil, la mayoría de eran niños y mujeres.

El Wilhelm Gustloff zarpó del puerto de Gdynia, el día 30 de Enero de 1945, navegando sobre las agitadas aguas del báltico. Por no ser una embarcación militar, no navegaba dando viradas, y sus luces permanecieron encendidas. A las 19:00 horas fue avistado por el submarino soviético S-13, al mando del oficial Alexander Marinesko, que tras horas de persecución, tenía a la vista al majestuoso barco. Disparo sus torpedos de frente, causando tres explosiones en la embarcación alemana, que inmediatamente escoró y comenzó a hundirse, provocando el pánico en los pasajeros, convirtiendo la cubierta en un caos. La embarcación en setenta minutos se volteó y se hundió; tras haber lanzado algunos botes al agua, que logro salvar a no más de 700 personas; mientras otros pocos, desafiando la inclemencia del mar, se lanzaron a las gélidas aguas de mar Báltico, muriendo por hipotermia. Fueron miles los alemanes muertos, en medio de la noche, en la desolada turbulencia del mar.

La ayuda llegó demasiado tarde. Cuando la torpedera rusa T-36 acudió al auxilio de SOS del Wilhelm Gustloff, sólo alcanzó a rescatar a 252 personas del agua helada. El total de los supervivientes fueron 949, pero más de 7.000 personas no tuvieron la misma suerte, y encontraron la muerte en el fondo del mar.

Más tarde, en febrero de 1945, el S.13 a cargo de Marinesko, volvió a hundir una embarcación civil, con 2.000 refugiados alemanes, el General Steuben, con un saldo de 1.700 muertos. Estos asesinatos, lejos de ser condenados por la comunidad internacional, recibieron un silencio cómplice. De hecho, este oficial fue homenajeado en su ciudad natal, con un monumento por “heroicos servicios en la II Guerra Mundial”. Las paradojas del destino quisieron que este genocida, fuera expulsado de las fuerzas navales, y enviado a un campo de trabajo, por tres años. Pero no por estos delitos de guerra; sino por “antirrevolucionario”. 

Este hecho configura el mayor naufragio en la mar de la historia, en lo referente al número de victimas; muy superior al Titanic, el Lusitania, o el Laconia. Sin embargo Hollywood, que ha invertido millones en películas de este tipo, no se ha mostrado interesado en este horrible episodio. Los vencedores, y quienes los manejan, a pesar de haber pasado 63 años, los encontrarán políticamente incorrecto.

 

Publicado el 01-02-2008

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