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La Imprenta Tipográfica, Comercio y Mutualismo

Por Juan Bragassi Hurtado


Hablar del  anuncio impreso, es hablar  del estado previo al desarrollo de la propaganda o publicidad impresa en Chile. En sus inicios, los anuncios o el avisaje publicitario son especialmente tipográficos; a través de textos medio largos, se  buscaba  la persuasión del lector, los anuncios son compuestos según estructuras visuales provenientes de la tradición del libro. 

La combinación de imagen y texto sólo adquiere importancia tras la incorporación de la litografía, hacia 1830 y posteriormente, del fotograbado, hacia la última década del siglo XIX. 

En ese sentido, como ya hemos afirmado, la imagen  viene a reforzar la información escrita, más adelante a partir de la segunda década del siglo XX,  es que la ilustración impresa en Chile va adquirir una mayor independencia, apareciendo el grabado artístico. 

Con anterioridad a la impresión litográfica, solo se registra la presencia de ornamentos, viñetas xilográficas o grabados de procedencia extranjera, que se agregan como un elemento más de la composición con tipos móviles. 

“Los pliegos eran ilustrados con grabados de madera que reforzaban el tema central. Los grabadores anónimos en su mayor parte, utilizaban un dibujo simple y expresivo. Acomodaban las imágenes y símbolos en el espacio disponible sin intentar una composición orgánica”. (Saúl, Ernesto. “Manual de bautismo”; Pintura Social en Chile; Colección Nosotros los chilenos. Serie hoy  contamos. Empresa editora nacional Quimantú LTDA; Marzo 1972; pág. 40) 

Respecto al contenido de los periódicos de la primera mitad del siglo XIX, se constata en la mayoría de ellos, la producción de comentarios y la traducción de artículos escritos en el extranjero varios años antes, pero los de mayor permanencia fueron los dedicados al ámbito comercial. 

La crónica y el reportaje, dos íconos más asociados en el presente a la actividad periodística, tendrá un posterior desarrollo a partir de la mayor  especialización de los oficios y la llegada de personalidades extranjeras, con mayor experiencia en las letras. Otros estudiosos lo relacionan con el desarrollo de algunos hitos del progreso social chileno,  como por ejemplo, con la instalación del telégrafo entre Santiago y Valparaíso en 1852 y la conexión por cable, del puerto, al mundo en 1890. 

Sin embargo, la existencia hasta el presente de iniciativas como el diario El Mercurio de Valparaíso, cuya primera publicación está fechada el 12 de septiembre de 1827, se logró no gracias a las ventas en la calle o las suscripciones, sino como en el presente,  gracias al aviso comercial. 

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la prensa logra afianzarse en el medio nacional tras sortear las dificultades que se le presentaron en sus primeros tiempos (Como hemos visto en capítulos anteriores, en sus inicios, muchos directores eran también redactores e incluso participaban en la edición del ejemplar, que principalmente consistía en tirajes pequeños de formato reducido que no superan la frecuencia semanal). 

En Valparaíso, la mayor parte de las publicaciones estuvo relacionada con la actividad comercial del puerto y se cree que fue relevante para su desarrollo la llegada de tecnología gráfica  más avanzada, procedente de Alemania, Italia y Francia. 

Estos adelantos significaron la multiplicación de los tirajes a miles de ejemplares, a un costo económicamente rentable, como es en el caso específico de El Mercurio de Valparaíso, que prontamente se convirtió en el primer periódico nacional de circulación diaria. 

En los comienzos de la prensa nacional, los emprendimientos particulares, asumían un riesgoso negocio que implicaba enormes dificultades y escuálidos resultados. Así mismo, los trabajadores gráficos constituían un sector formado en el rigor de la práctica, ya que no existió, a lo largo del siglo XIX, un espacio dentro del sistema formal de educación, dirigido a la instrucción en el oficio del tipógrafo. 

La dualidad entre dueño y trabajador, entre trabajo intelectual y físico colocó a los tipógrafos dentro de lo que vendría a ser visto, desde un  prisma de clase, como un grupo indefinido, ubicado entre un insipiente proletariado y clase media generada al alero de la institucionalidad pública, lo cual fue traduciéndose en la conformación de un grupo con proyecciones  hacia otras capas sociales. 

Por ese entonces,  José Victorino Lastarria, quien en su juventud estuvo relacionado con la labor tipográfica en Valparaíso, ya era un prominente  político liberal. Estaba dedicado a una labor de unificación de las fuerzas opositoras al Ministro del Presidente Manuel Bulnes, don Andrés Bello. Ello coincide con la creación de la  “Sociedad de la Reforma” de Pedro Godoy y la “Sociedad de la Igualdad” de Francisco Bilbao. Las cosas finalmente desembocan en la revolución liberal de 1851. 

La derrota de la posición liberal en los campos de batalla hacia fines de 1851, significó la destrucción de las estructuras sociales en que éstos se habían apoyado, para iniciar la lucha política. 

Por otro lado, el gobierno conservador, que también contaba con organizaciones sociales, puso más  restricciones respecto a la constitución  y funcionamiento de cualquier tipo de  asociación. Es en ese contexto donde surgen las sociedades de socorro mutuo de trabajadores, organismos que debían ser políticamente neutros y capaces de agrupar a todos los trabajadores de ciertos sectores productivos, con el objetivo de la ayuda mutua en caso de enfermedad, cesantía, invalidez o deceso de alguno de sus miembros. 

Dentro de este contexto, aparece la figura de don Victorino Lainez, un tipógrafo liberal nacido en Lima, el año 1799, y partícipe en  la  “Sociedad de la  Igualdad”. Gracias a su emprendimiento, es que el 18 de septiembre de 1853 surge la Sociedad Tipográfica de Santiago, entidad pionera de la organización sindical en Chile. 

En la fundación de la sociedad de los tipógrafos participaron artesanos y  dueños de talleres, obreros y profesionales gráficos, empleados y periodistas de imprenta, establecimientos de fotograbados y empresas editoras de diarios y revistas.

Entre los primeros objetivospropuestos tras su creación, estaba la instauración de un fondo para ayuda mutua y de  una escuela gratuita, pero ante el temor de que esta entidad fuese una fachada de un nuevo complot liberal, el gobierno de Manuel Montt  ordenó su intervención, llegando a ser encarcelados varios de sus dirigentes, mientras su presidente fue relegado a Talca.

Miembros destacados de esta sociedad, fueron el vicepresidente Jacinto Núñez, mas tarde propietario de la imprenta “La República”, que dio origen al diario de igual nombre, y José santos Valenzuela, que posteriormente tuvo a su cargo la Imprenta “Nacional” y ejerció como editor del periódico gubernamental “El Araucano”. 

La segunda entidad de este tipo, fue fundada oficialmente el 6 de mayo de 1855, y ella agrupó a los tipógrafos de Valparaíso. La Sociedad Tipográfica de Valparaíso, contemplaba entre sus objetivos: la formación de una caja de ahorros, brindar socorro a los miembros imposibilitados de trabajar y ayudar a las familias de los socios fallecidos, así mismo dicha sociedad declara como tarea velar por el progreso de la tipografía.

Ambas sociedades de trabajadores van a establecer un hito en la madurez de la imprenta tipográfica, y la labor del tipógrafo, como activo actor de los distintos períodos de nuestra historia local y nacional. Conforman el antecedente previo a la formación de los sindicatos y federaciones de trabajadores, que empezarán a surgir  a partir de 1890  con la primera huelga general realizada en Chile, en las zonas Antofagasta, Tarapacá y Valparaíso.

 

Publicado el 01-09-2010

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