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La Academia de Pintura de Chile y los inicios de nuestra Plástica Nacional

Por Juan Bragassi Hurtado


Al observar el pasado artístico de Chile, constatamos que en el está presente, como característica esencial, una estrecha vinculación con el mundo visible, con el mundo de los seres y las cosas. Sin embargo, el contacto de la pintura chilena con la naturaleza - y concretamente, con el paisaje como temática en sus representaciones -, se remonta a 1860, con las primeras manifestaciones artísticas de los pintores Románticos, hasta el despertar de una conciencia de Autonomía, respecto a la copia fiel de los modelos proporcionados por el mundo visible, ya evidentemente observable a mediados de los años cincuenta del siglo XX.

El desplazamiento del referente no fue brusco ni repentino, sino que fue variando gradualmente de acuerdo a la importancia o grado de compromiso con que fue asumido por el artista, en el sentido de imitación o semejanza de las representaciones exhibidas en sus obras con el modelo natural.

Creación de la Academia de Pintura

El 4 de Enero de 1849, en el gobierno del Presidente Manuel Bulnes, es fundada la Academia de Pintura de Chile, institución que empezó su labor educativa el 7 de marzo de 1850.

Conjuntamente –y como dato anexo - ese año de 1850, también se abrió una clase de Arquitectura bajo la dirección del artista francés Burnet de Baines.

Más adelante, en 1854, se creó la clase de Ornamentación y Escultura, cuya dirección recayó en otro francés, el maestro Augusto Francois, siendo agrupados estos cursos posteriormente, en 1858, con el título de Sección de Bellas Artes.

La fundación de la Academia de Pintura, fue un hecho de alta trascendencia para la plástica nacional, y su puesta en marcha, coincide con la fundación de diversas instituciones culturales y educacionales.

En efecto, la creación de la Academia de Pintura marca un verdadero hito en la historia de la pintura chilena, ya que se planteó por primera vez desde la independencia, la existencia de un organismo oficial, con un sistema de formación e instrucción serio en esta área.

Modelo francés antes que hispano

Crear un plantel de esta naturaleza, requería de una cierta experiencia previa, sobre todo en los programas de docencia, para esto, se recurrió a los centros artísticos similares en Europa. Así se eligió el modelo francés, más por su connotación o imagen publica de moda, que por lo práctico del modelo, como para ser transplantado a nuestro país.

Con ello, también se daba un claro gesto político, ya que dejaba de lado los valores del arte hispánico, debido a que aun se mantenía frescos, los recuerdo de la guerra de la independencia.

La adaptación de la Academia Chilena, al modo francés, no se limitó solamente a su estructura organizativa, planes y programas sino que además se extendió a la instrucción en la manera de pintar, de ver y entender el arte. Introduciéndose con ello, un gusto estético ajeno a nuestra idiosincrasia, que se había formado básicamente, a través de una plástica, grafía y ornamentación de carácter religioso mas que de temáticas profanas.

Para fundamentar esta apreciación, debemos recordar que el término "Bellas Artes", lo introdujo la Academia Francesa, con la finalidad de diferenciar las denominadas "Artes Nobles", cuyo medio y fin es la belleza en sí misma (arte por el arte), de las "Artes Mecánicas, funcionales o viles"

Así, la expresión "Bellas Artes" agrupó la pintura y escultura, separándolas de la actividad artesanal, de carácter ornamental o funcional, siendo calificado toda esta producción como "Artes Viles", proyectándose dicho menosprecio, en los círculos oficiales afrancesados, hacia el valor implícito en la tradición popular.

Aciertos y fracasos del modelo

Se establecieron ciertos principios básicos, los cuales orientaron la formación de los alumnos, hacia la valoración del dibujo sobre el color y la teoría sobre la técnica.

En cuanto a la temática, siempre fue básicamente dependiente de la pintura Académica Europea, se trabajó otorgándoles a las obras un valor narrativo mas que estético.

En ese tiempo, aparecen los primeros retratos, las escenas de relato histórico (Historicismo); la anécdota Romántica (Romanticismo); la narración mitológica o alegórica (clasicismo), el paisaje al estilo europeo; y en menor grado, de escena religiosas, generalmente relacionado con las antiguas escrituras pre-cristiana. Existiendo en ellas, una sumisión total de lo registrado con el modelo o referente natural (mundo visible, de los seres y las cosas).

Como es de suponer, la pintura, mantenía una buena relación con el público observador, ya que era básicamente figurativa y casi igual que lo que se veía, sintiéndose éste cómodo frente a estas obras.

Por lo tanto, el receptor asumía una actitud pasiva frente a una obra, que no le exigía una actividad reflexiva, y se limitó a recibir un producto "bien hecho" el poder vislumbrar y diferenciar de lo talentoso, con lo carente de un lenguaje plástico verdaderamente creativo, más aun lejano con la realidad del país.

Con el transcurso del tiempo dentro de la Academia de Pintura, surgen corrientes de opinión que preconizaban la libertad creativa, la audacia imaginativa y la revitalización de los medios plásticos.

Este hecho no fue aislado, sino que fue el resultado de la formación de una mayor conciencia, en los sectores de la Academias Europeas, de la imposibilidad de reducir la actividad artística a dominios limitados, inflexibles y dogmáticos.

Si bien es cierto, estos movimientos renovadores (Romanticismo, Realismo e Impresionismo), contribuyeron a desarrollar una cierta dinámica frente a el anquilosamiento y congelamiento del quehacer artístico, debemos recalcar que este cambio fue gradual y no muchas veces bien acogido por quienes respondían a un gusto más tradicional.

El surgimiento de estos movimientos renovadores no significó una condenación radical sobre la labor de la Academia de Pintura en Chile, es más, muchos de esos cuestionamientos, se presentaron desde las primeras décadas de su funcionamiento (1849 1880), es decir, su permanencia, como centro oficial del Arte provocó reacciones e incentivó, indirectamente, la búsqueda de nuevos caminos para un diálogo más fecundo, espontáneo y libre con el Arte.

Curiosamente, la actitud de enjuiciamiento del alumnado, se centró principalmente, en los méritos artísticos de sus maestros, llegando algunos incluso, a aceptar la presencia de la academia, como un mal menor, el cual les proporcionaría los primeros conocimientos teóricos y prácticos, para posteriormente conocer directamente el arte Europeo sin intermediarios.

Sin embargo, jamás las críticas del alumnado fueron dirigidas hacia poner en tela de juicio la excelencia del Arte Europeo.

Efectivamente, existía una sobre valoración de la cultura europea. Se la aceptaba con una fe ciega, desconsiderando con ello, los valores y orígenes del alma nacional y americana, muchas veces percibidos como elementos indignos de preservarse y reconocerse. Ello generó un sentimiento de desarraigo, que con el tiempo se transformará, en el germen de una corriente artística, que tendrá como base, el rescate, estudio y promoción de las variadas manifestaciones de la cultura nacional. Primero serán algunas personalidades, como los maestros Juan Francisco González, Pedro Lira, Alfredo Valenzuela Puelma y Alberto Valenzuela Llanos. Después, a comienzos de la primera década del siglo XX, le seguirá la generación del 13, denominada también como "la heroica capitanía de pintores".

 

Publicado el 01-10-2007

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