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Delimitación Marítima, Terremoto en Perú y principio de “Sincronicidad” ¿Castigo de Dios o advertencia del Diablo?

Por Cristián Salazar N.


Un par de días antes del terremoto del 15 de agosto en Perú, el moreno conductor de un burdo pero popular programa local de TV de ese país se burlaba de la posibilidad de guerra con Chile, a propósito de la delimitación marítima que se pretende cuestionar frente a las costas de Arica, repitiendo infantilmente “¡Ay, que miedo, que miedo!” mientras se escondía detrás de una mesa simulando disparar contra un enemigo imaginario con la onomatopeya “¡Piuch, piuch!”. Simultáneamente, una estirada y teñida colega del mismo programa, recordaba que los chilenos “le robaron” al Perú el pisco, las lúcumas y cuanta porquería de supermercado que ya existía en ambos países desde tiempos coloniales, pero que nuestros vecinos insisten en señalar como usurpaciones.

La prensa peruana estaba sumida, así, en otra de esa especie de frenesí antichileno tan propio y culturalmente activo en la sociedad de ese país.

La odiosidad no es capricho, sin embargo. Surge de la necesidad de reforzar la agresividad de la presentación de las nuevas cartas peruanas, desconociendo los acuerdos de 1952 y 1954. De ahí que los medios se saturaran de titulares con arengas belicosas y acusaciones indignantes contra Chile, con una violencia inusitada de parte de editores y publicistas. Hasta la payasada de las votaciones por las “7 Nuevas Maravillas del Mundo” (que al parecer, resultó ser una formidable treta para acaparar millones de e-mails operativos y venderlos como base de datos) en la que salió elegido el complejo de Macchu Picchu, había dado a nuestros vecinos nuevas excusas a la soberbia y al peligroso existismo del ego desbordado, a juzgar por lo aparecido en algunas notas de prensa y comentaristas.

Pero así como Perú no necesita excusas para violar tratados, sino que basta con su antichilenismo vernáculo, tampoco necesita tenerle miedo a una guerra con Chile: los palitroques del odio, el afán revanchista y los deseos de venganza para lavar una derrota de hace 130 años son suficientes inyecciones de patriotería y triunfalismo como para parir la energía necesaria y partir a luchar hasta contra el Imperio Klingon, si se lo cree necesario.

Pero dos días después, vino el terremoto, con epicentro en la ciudad de Pisco. Sólo dos días…

Más de quinientos muertos y casi cien mil damnificados. Ruinas, destrucción y saqueos se sucedieron como en una pesadilla armagedónica. Según las confesiones, en los primeros segundos algunos ciudadanos limeños corrieron histéricos creyendo que las sacudidas y los extraños relámpagos eran producidos “por un bombardeo chileno” a la capital. Esta extravagancia nos la confirman publicaciones peruanas y algunas pocas imágenes captadas en el lugar.

Pero la ironía es que lejos de ser el causante de las desgracias de la Madre Natura, Chile, el “mal hermano” del discurso tradicional peruano, es el primero en correr a ayudar… Loki se convierte en Thor, Seth en Osiris y Caín en Abel…

Cuántos símbolos salen de toda esta fatídica y trágica teleserie. Tantos, que me atreveré a abordarlos incluso a riesgo de perder a los últimos amigos peruanos que me quedan.

JUGANDO CON FUEGO EN EL POLVORÍN

Hasta el instante mismo del primero de los dos terremotos, la principal preocupación del Perú era hostigar a Chile para provocar una situación artificial de “discrepancia” territorial en la frontera marítima que divide ambos países. De hecho, Lima se preparaba para enviar ante La Haya su reclamo, a la espera de que la carta adulterada que había ofrecido recientemente surtiera algún efecto sobre un tema que para nosotros está totalmente zanjado en virtud de dos tratados.

Pero esa es la mitad de la historia. La otra, es peor...

Desde la Corporación de Defensa de la Soberanía, hemos insistido fatigosamente en que la estrategia peruana no será sólo llevar la falsa cuestión a una corte internacional, sino también desmarcarla del asunto jurídico. En la edición del 17 de octubre de 2005 de “Alerta Austral” (www.alertaaustral.cl/2005/1017/delimitacionmaritima.html), anticipamos que llegaríamos al punto en que nos encontrábamos precisamente cuando la Naturaleza intervino, sacudiendo las placas tectónicas como si a Atlas le picara una gónada, desarmando el rompecabezas de la Tierra para comenzar a ensamblarlo otra vez desde cero.

Que se sepa entonces: Perú estaba listo para enviar el asunto a La Haya, a la par de iniciar agresiones y perturbaciones cada vez más peligrosas en la frontera, con tal de introducir criterios pacifistas y de mediación antibélica en esta intervención.

Así de mal estaban las cosas, antes de volverse peor con la ira telúrica de la Pachamama.

No hay ninguna posibilidad de que Perú obtenga algo por otra vía como la que espera nuestra Cancillería y que cree remitida estrictamente a La Haya. Tampoco cabe posibilidad alguna de que el Perú se haya arriesgado a recurrir a un tribunal internacional sin esperar sacar alguna tajada. Sería como prender la parrilla de la fonda sin haber comprado las longanizas.

Sé que los abogados y tratadistas se echarían encima de una afirmación como ésta. Sin embargo, existen dos antecedentes concretos en nuestra historia: el Arbitraje de la Puna de Atacama en 1899 y el Laudo de 1902 para los territorios australes ocupados por Argentina, se iniciaron como procesos jurídicos estrictamente apegados al derecho y, a causa de la cobardía vernácula de las clases políticas y diplomáticas chilenas, terminaron convertidos en meras mediaciones o arbitrajes de conciliación de partes, permitiéndole a la Argentina ganar enormes territorios chilenos hacia el Pacífico a cambio de paz, amistad y una linda estatuita de Cristo levantada en nuestro principal paso cordillerano, haciendo un juramento geológico que, para nuestra suerte, no resultó cierto.

POSICIÓN PERUANA INVOLUCRA NECESARIAMENTE LA AGRESIÓN

Lo repetimos y lo volvemos a repetir: No existe otra posibilidad para el Perú, que perturbar el camino del derecho.

He ahí el concepto de la eficacia maquiavélica y sin arreglo a valores, intentando imponerse a la eficiencia con ajuste a los principios jurídicos internacionales, esos que los chilenos siempre creemos tan ingenuamente prioritarios en los mismos tribunales internacionales que ya nos quitaron Alto Palena, parte del Beagle y Laguna del Desierto precisamente con argucias, resquicios y subterfugios que sólo siguen confirmando la ley de hierro del más fuerte y del más astuto por sobre el débil y el bobo.

Prácticamente ninguno de los analistas internacionales chilenos (tan buenos para ofrecerse “pronosticando” los hechos sólo cuando ya parecen como consumados) ha advertido que el interés de fabricar un caso por parte de Lima en la delimitación marítima, involucrará después fabricarle también una defensa circunstancial y pragmática. Y sólo generando un estado tal de tensión militar y de irritación bélica, Perú podría estar en condiciones de agarrar un pedazo de la pizza en aras de la paz y de las buenas relaciones… Y quién sabe si hasta un nuevo Cristo Redentor, ahora en Paso Chacalluta prometiendo que el mar se tragará el desierto la próxima vez que se viole la paz allí jurada.

De otra manera, no sería fácil para Lima sacarse de la joroba la cantidad de evidencias que pesan sobre su peregrina tesis de negación de la línea paralela. Evidencias que sólo han sido abordadas derivativamente por la agresiva prensa de ese país, salvo honrosas excepciones.

Tantos argumentos son, que sólo un neófito podría pensar que Perú se presentaría a poto pelado ante La Haya sin traerse algo más entre manos (o entre garras). Algo muy sucio…

Sería inoficioso extenderse en describir acá en las 99 patas cojas del ciempiés expansionista peruano, relativo a esta teoría anodina de la línea angular como delimitación de mar. Para conocer toda la argumentación contraria a la tesis, recomendamos leer el artículo de la Corporación de Defensa de la Soberanía en el linkwww.soberaniachile.cl/delimargumentos.html. Sin embargo, podríamos sintetizarlo en los siguientes hitos principales para comodidad de lector:

Con esta cantidad de argumentos pesando gravemente en la defensa peruana, mas no en su flexible moralidad diplomática, no cabe duda que la publicación de las cartas adulteradas eran lisa y llanamente el inicio de una agresión inaceptable y repugnante no sólo contra Chile, sino también contra el compromiso de honor de respetar acuerdos.

Sólo Perú sabe a ciencia cierta, en qué etapa de las provocaciones y los hostigamientos se encontraba aquel día en que su territorio fue sacudido sin piedad por el movimiento sísmico y sus habitantes creían estar siendo bombardeados por los chilenos. Y también sólo es el Perú quien conoce qué clase de oscuros planes debieron ser detenidos ese día, quizás salvando a ambos países de una inminente situación prebélica, tan explosiva e inesperada como fue la Guerra del Cenepa con Ecuador, en 1995, que nació y murió sin llegar a ser declarada.

¿UN CASO DE “SINCRONICIDAD”? CASUALIDADES INTERESANTES

Carl Gustav Jung, que no necesita credenciales para recordar sus prestigio y aporte a las ciencias humanas, propuso la existencia de un principio de “Sincronicidad” que pueda aparecer espontáneamente entre dos hechos inconexos y de causalidades distintas, pero con uno o más vínculos simbólicos profundamente claros y evidentes, fenómeno de alguna manera también comentado por Nietzsche.

Tenemos la impresión de que todo el mundo advirtió la “Sincronicidad” del terremoto en Perú precisamente en momentos en que dicho país se preparaba para la más formidable embestida diplomática internacional en contra de Chile de los últimos años. El problema es atreverse a comentarlo.

Sorprende, por ejemplo, que la voluntad divina haya escogido a Pisco como el epicentro de la desgracia. La ciudad donde desembarcaron los chilenos que dieron la libertad al Perú, en la Independencia, medalla que la historiografía oficial peruana insiste en colocarle a José de San Martín, cuya actuación en el ex virreinato fue patética y sólo se apropió de los logros de Lord Cochrane.

Fue en Pisco, con la denominación de origen del aguardiente de moscato, que el Perú inició la campaña de odio mediático contra Chile, a partir de la frivolidad de un producto destilado que reclama “usurpado”, y cuya demanda perdida ante la OMPI (salieron a correr solos y llegaron segundos) sólo acrecentó el resquemor y la odiosidad contra el vecino. Pero, como hemos dicho innumerables veces, las pretensiones más siniestras de un país en contra de otro parten con esta clase de pequeños estímulos al orgullo al desprecio. La garrotera peruana partió con las chulerías del pisco, las papas o las paltas; y se termina exigiendo mar, la “devolución” del Morro y mañana Tarapacá entero.

Más encima, me dice un experto que la iglesia de Pisco que se derrumbó sobre sus infortunados fieles, es la misma en la que estuvieron los soldados chilenos de la Guerra del Pacífico durante la ocupación de la costa. Es decir, sobrevivió a las historias terroríficas de saqueo y destrucción que reparten los historiadores del Perú, mas no a un terremoto.

Recordemos que fue también por las consecuencias de otro terremoto, el de 2001, que Perú aprovechó de retirar la torre-faro de enfilamiento parcialmente destruido y que señalaba hacia el océano precisamente el límite marítimo que ahora pretende ser cuestionado.

Ruinas por doquier, además... Varios medios peruanos se burlaban de Chile, hasta las 19 horas del fatídico día 15 de agosto, recordando la majestuosidad de sus “ruinas”, jactándose de que la Isla de Pascua no había quedado entre la muy chanta votación por las “7 Nuevas Maravillas del Mundo” antes mencionada. Que triste ironía enfrentan ahora.

Por último, los saqueos. A Chile se le acusa de haber saqueado hasta los maseteros de Lima durante la ocupación. La famosa carta del alcalde Rufino Torrico a la jefatura chilena y las medidas desesperadas de la Guardia de Extranjeros en Lima demuestra quiénes fueron los verdaderos saqueadores. Sin embargo, la historiografía oficial peruana, basada en las fábulas de autores como Paz Soldán, insiste en imputarle a Chile el grueso de los cargos por saqueo… Pues bien: hemos visto el patético estado moral de una parte de la sociedad peruana tras la desgracia. ¿Quién necesita agarrar muebles antiguos o artefactos eléctricos tras la calamidad de un terremoto? ¿Quién necesita echarse al hombro obras de arte para comer? ¿Quién aplaca el hambre subiendo en brazos iconografía religiosa? Me reservo más comentarios al respecto.

Podría seguir, seguir y seguir señalando “sincronicidades”… Pero por respeto a las víctimas, prefiero parar aquí y dejar el resto a la curiosidad investigativa del lector.

A AYUDAR CALLADO, Y PUNTO

Llama la atención, entre medio, la ruidosa ayuda chilena al vecino país con el que ya empezábamos a agarrarnos de las mechas por la cuestión de la Delimitación Marítima, incluida la visita de ministros y casi con fuegos artificiales anticipando el aterrizaje de cada “Hércules” de la FACh cargado de comidas y pertrechos. Los mismos aviones que, en otras circunstancias, serían usados de forma muy distinta sobre ese mismo territorio.

Doña Michelle saca trote de un lado a otro enviándole generosamente a los infortunados peruanos la misma ayuda que le prometió a Arica e Iquique luego del último terremoto que echó abajo buena parte de estas ciudades y que, finalmente, nunca llegó, como las casas prefabricadas prometidas a los pueblos del interior que, en cambio, sí arribaron entre las primeras partidas de ayuda al vecino país. Bueno, al menos algo es algo: doña Michelle y la modelo Kenita Larraín hacen exactamente lo mismo a favor de las relaciones públicas con el Perú, ayudando de verdad entre medio. Pero queda comprobado que la desidia de la Concertación es bastante democrática, a fin de cuentas. Geográficamente hablando, se los jode a todos por igual, pues tampoco se cumplió con las promesas hechas a los infortunados aiseninos luego del último terremoto con tsunami incluido en el Sur, cuando nuestra mandataria prefirió ir a tomarse fotos con la muñeca francesa tipo travesti gigante. Incluso, ha demostrado ser capaz de crear catástrofes artificiales en la capital, con experimentos como el Biotren y el Transantiago, a pesar de que todas las consultoras sismológicas le anticipaban al Gobierno el fracaso, como ha quedado demostrado recientemente en los interrogatorios del Congreso cada vez más cerca de la figura del ex Presidente Lagos.

No cuesta imaginar las razones de tanta pirotecnia por parte de La Moneda para hacer notar su desprendida y maravillosa generosidad sin límites para con el Perú, pero churreteada a más no poder con nosotros los chilenos: Seguramente, en la Cancillería de Chile aprietan la almohada soñando con que Lima va a retirar sus cartografías adulteradas y desistirá de ir a La Haya generando todo el engorro que viene a continuación, y que bien podrían arrastrar a amabas naciones a lo mismo que la prepotencia argentina en el Canal de Beagle estuvo al borde de desatar en 1978.

Pues bien: quien crea que los peruanos van a echar pie atrás en esta intentona, compungidos y sobrecogidos por la chupada de suelas que intenta ofrecer de La Moneda, simplemente no tiene la menor idea de cómo han sido, son y seguirán siendo eternamente las relaciones diplomáticas e históricas de ambas naciones, providencialmente hermanadas por estos días con los efímeros efectos de una horrible tragedia, como los integrantes de esas familias destruidas que se juntan sólo en los funerales a intercambiar teléfonos y prometerse visitas nunca cumplidas.

Lo damos firmado: en unos meses más, cuando el polvo de las sacudidas telúricas baje, todo volverá a la (a)normalidad y estaremos enrostrándonos de uno y otro lado de la Línea de la Discordia (ex Concordia) nuestros más bajos y respectivos defectos nacionales: por nuestra parte, reclamaremos la total falta de gratitud de los peruanos para con los generosos chilenitos que hoy llenan sus aeródromos de ayuda humanitaria; y por la de ellos, la indecorosa forma de ayudar de los chilenitos, totalmente interesada en cosechar efectos políticos y esperando siempre algo a cambio, como nos lo enrostró alguna vez también Charles Darwin.

Moraleja anticipada: mejor hubiese sido ayudar con la boca cerrada y punto. La ayuda anónima es siempre la más sincera y efectiva.

UN CASO SIMILAR EN 1868

El 13 de mayo de 1868, un catastrófico terremoto sacudió las costas del Sur del Perú, asolando poblados completos. Dos años antes, Chile había pagado con la destrucción de Valparaíso la asistencia militar para el mismo país luego de que la flota española tomara las islas Chincha.

Tras el terremoto, nuevamente fueron los chilenos los primeros en correr a tenderle la mano al vecino en desgracia, enviando enormes embarques de ayuda. Las partidas comenzaron a llegar a los pocos días y el ambiente se llenó de orlas de gratitud y de mutua confianza, con promesas de amor eterno entre ambas naciones que mojaron de lágrimas y emoción los pañuelos de las clases políticas de ambos países… ¿Suena conocido esto en nuestros días?

Todo lírico, todo hermoso. Pero al asumir el Presidente Balta, Perú seguía tan comprometido con las gestiones de contratos con los inversionistas del sistema de ferrocarriles peruano que no tardó en venderse hasta los tuétanos con la Casa Dreyfus y la Banca Francesa, pasando por encima de la crisis fiscal empeorada por el terremoto. Los chilenos volvieron así al lugar que le corresponde en las relaciones con el Perú: el de enemigos.

Antes de terminado 1868, Balta hacía iniciado la persecución tributaria a los capitales salitreros de Tarapacá, especialmente los de la familia Gallo. Y, cuatro años después, Pardo iniciaba las gestiones para finiquitar el estanco del salitre, la firma de la Alianza Secreta con Bolivia y la invitación a la Argentina para adherir al cuadrillazo.

Atrás quedó la gratitud; atrás la solidaridad. Bienvenida entonces, cochina realidad.

Quien espere en nuestros días que la historia tome otro curso, simplemente ignora que los peruanos de 1868 son exactamente los mismos de 2007… Y peor: son los mismos que firmaron alianzas secretas en 1873, y que perdieron la guerra en 1883.

Los mismos…

LO QUE SE VIENE A CORTO PLAZO

Lo que se viene es tan grave como el terremoto mismo. Volveremos pronto a la enemistad y a la tirantez diplomática. No bien se termine de recoger la última pandereta derribada, Perú retornará al necesario hostigamiento y al interés en provocar los incidentes fronterizos momentáneamente suspendidos por la intervención sísmica.

Empezaremos a sentir el olor a pólvora, y la espada pendiendo de la cabeza de la calma diplomática… Ya no sólo la de Damocles, sino quizás la colección completa del armero, hasta con la Tizona y Excálibur incluidas.

Queda, al menos, la esperanza de que un trágico terremoto recuerde por un instante el poder de destrucción que alcanzado el hombre en la guerra, incluso con las capacidades militares de dos repúblicas sudacas como las nuestras. Téngase la seguridad que la devastación y muerte que acaba de arrasar al Sur del Perú no equivaldría ni a los primeros días de eventual guerra entre Chile y Perú… Esa misma guerra hacia la cual los peruanos se mostraban desafiantes hasta ese mismo día 15 de agosto, mandándonos sus mensajes y bravatas por TV.

“¡Qué miedo, qué miedo!” y “¡Piuch, piuch!”, me siguen retumbando casi como la posibilidad de agarrar al aire una excusa para la más cruel de las burlas posibles de concebir en contra de la triste desgracia que hoy afecta al Perú.

La razón se impone, pero sólo cuando ya ha sido derrotada la sinrazón. Y el sueño de la razón, produce monstruos. La tragedia peruana es, acaso, una estocada al sentimiento humanitario de cualquier nación. Aunque todo lo observado en los medios de comunicación peruanos hasta el día del terremoto harían suponer lo contrario, queremos creer que ellos abrigarían similar congoja y comprensión si el afectado fuese su vecino del Sur, nosotros.

Sin embargo, no se puede pretender que esta pequeña golondrina en invierno ha unido para siempre a ambos países en una sacra sinfonía primaveral de hermandad perpetua y ha apartado por fin la sombra robusta del peligroso conflicto diplomático que se nos viene encima, a causa del expansionismo y de la falta de respeto del Perú a la palabra jurada.

 

Publicado el 01-10-2007

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