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Los partidos políticos gobiernan para sí mismos

Por Eduardo Valenzuela González


El juego de las democracia representativa chilena de para mucho y quienes más vociferan sobre sus “bondades” son los partidos políticos. Ellos, han construido sin contrapeso en los últimos 17 años una forma muy novedosa de administrar el poder conferido por los chilenos (claro está que mientras gobernó Pinochet, y aunque ahora hipócritamente lo nieguen, Renovación Nacional y la UDI, co-gobernaron junto al ex dictador que impuso a sangre y fuego el neoliberalismo). La consigna es voten por mi o por él, y así el modelo electoral binominal se valida y la santa alianza entre derecha e izquierda se hace permanente. Mientras, la ciudadanía impotente y escéptica, se remite a asistir a la liturgia electoral cada cuatro años con la convicción de que nada va a cambiar. Nadie sensatamente negaría esto, ningún compatriota honesto dirá que lo dicho es mentira. Los chilenos no dejan de manifestar su repudio a los partidos cuando se les pregunta. Es cosa de ver las encuestas.  

¿Por qué los partidos políticos, por una parte, se obstinan en negar esta verdad; y, por otro lado, se han ganado la repulsa popular? Las razones son básicamente dos.

La primera, es que sus intereses corporativos son totalmente distintos a los del pueblo y gobiernan para sí mismos. Esto ocurre debido a que las organizaciones políticas tienen sus proyectos particulares y se esmeran por concretarlos. Lo anterior, genera una perniciosa separación del resto de la sociedad, lo que conciente o inconscientemente sus militantes asumen como “natural” e inherente a la acción política. Los partidos tienen sus propias burocracias, las que férreamente cierran filas cuando la ocasión lo amerita. Lo ideológico no es tan relevante como lo orgánico y no es necesario ser erudito para mantener el protagonismo social. El lenguaje natural es “tenemos presencia en tal o cual organización” y lo que era un medio – el partido- se transforma en un fin. Por eso cuando están en el poder no trepidan en ubicar a cuanto correligionario se pueda, sea como ministro, seremi, gobernador, subsecretario o cargos de menor relevancia. Pega hay para todos. Se pagan así los favores y lealtades. La capacidad es reemplazada por la sumisión del militante dócil que cuenta con la “confianza” de la directiva del partido o una de sus corrientes. El ejemplo de la Concertación es bochornoso, pues hay militantes que jamás han trabajado en el mundo laboral privado y desfilan de oficina en oficina pública. Para ellos mantener el trabajo es lo más importante y el “servicio público”, al carajo.  En esta desviación han incurrido todos los partidos, por lo que escucharlos reprobarse recíprocamente tal o cual cosa, no es sino un cinismo propio de quienes imponen sus interese de casta por sobre el resto de los chilenos. 

La segunda razón, es que proclaman ser los únicos depositarios de la soberanía social, lo que es un solo mito urbano promovido por ellos mismos. No deja se ser sospechoso que ante el cuestionamientos social, los partidos se defiendan sin distinción de color político. Es que dicen ser los intermediarios entre el pueblo y los poderes de estado. La verdad es que esto es una burda mentira. Las sociedades tienes distintos niveles de organización y si bien no es posible que todos los ciudadanos ejerzan el poder directo, lo pueden llevar a cabo por medio de sus organizaciones de base. Desde las juntas de vecinos hasta las organizaciones gremiales y sindicales pueden ser los representantes de los ciudadanos. Incluso esta manera de extender el poder la hace genuinamente democrática, horizontal y libre de instrumentalizaciones. Sin embargo, para los partidos, las organizaciones sociales no son sino la caja de resonancia para potenciar a sus militantes y se infiltran descaradamente para luego decir que tal organismo social es “nuestro”. En esta trampa caen decenas de inocentes dirigentes que luego de ser reclutados, pasan a ser parte de otra institución, la que seguramente decidirá que se debe hacer. Imposible tener autonomía así. Hoy día, y desde hace muchos años, se manejan así las cosas en el movimiento social. Por eso que desde adentro no se logrará nada, salvo caer en la trampa y pasar a ser un lacayo más del partido.

Por eso, el Nacionalismo debe hacer público su doctrina y las potencialidades reales de ésta. El sistema de organización social y político basado en los partidos está agotado y la mayoría de la gente no cree en él. Los patriotas creemos en la autonomía y libertad del mundo social, privilegiando el bien común y la armonía social, la participación real de todos los chilenos detrás de un solo gran símbolo: nuestra bandera, que resume los valores más profundos de solidaridad, amistad y valentía para vencer a la adversidad. La doctrina nacionalista cree que los cuerpos sociales (desde la familia, sindicatos, gremios, incluso las fuerzas armadas) deben ser parte de la construcción del porvenir de Chile y deben coexistir complementariamente con las organizaciones políticas, para garantizar que estos últimos no abusen, como lo han hecho hasta ahora. No se trata de negar la existencia de los partidos políticos, sino que su quehacer no signifique que hagan suya la soberanía social, la que se debe expresar a través de sus organizaciones, y no de los partidos.

El Nacionalismo necesita fortalecerse para servir al pueblo y debe comenzarse ahora con una fuerte campaña de difusión. Alerta Austral ha hecho suya esta labor para que lo antes posible, los militantes de la patria y todos los chilenos tengan una alternativa verdadera para hacer de Chile lo que nuestros antepasados soñaron, y hoy nosotros añoramos con todo el fuego de nuestros corazones.

¡Viva Chile!

 

Publicado el 03-09-2007

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