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La Peligrosa "Corrección Política" tras el tema de la Inmigración en Chile

Por Cristián Salazar N.


Parece cándidamente simplista el comentario editorial de La Tercera del 23 de junio pasado, donde se pretende afirmar que las críticas a la inmigración peruana sólo pueden provenir del chovinismo o del frío cálculo político, deslizando la idea, además, de que es la derecha la que engendra esta clase de visiones sombrías sobre las relaciones y desplazamientos humanos entre los países .

Nos parecía superada ya esta clase de oportunismo politiquero, en especial para un tema tan delicado; pero como sabemos, el entreguismo chileno es sumamente escaso en creatividad y se procura a sí mismo la menesterosa situación de recurrir de manera permanente a las mismas armas de demonización y anatemas, toda vez que intenta apagar un foco crítica hacia sus temas tabúes. La verdad es que hasta ahora, sin embargo, nadie ha salido más beneficiado por la cuestión del descontrol migratorio en Chile que los empresarios de la derecha más liberal de nuestro país, algunos de ellos disfrazados con la toga de progresistas "con conciencia".

Así, se ha instalado paulatinamente en el discurso oficial público la idea de que son los representantes de la derecha los interesados en regular las políticas migratorias nacionales por mera maldad vernácula, mito favorecido por la continua recomendación que recibe la izquierda chilena desde sus "internacionales", aconsejando actuar permanentemente en contra de los intereses del país y favorecer las prioridades foráneas... Y como todo lo que diga o piense la derecha es malo y perverso, el tema queda instantáneamente bloqueado y con orden de clausura.

¿A QUIÉNES LES CONVIENE ESTE TRÁFICO HUMANO?

En oposición a ciertos fenómenos migratorios regulares observados en el mundo y de los que pretende hacerse prenda de ejemplo, pero en semejanza precisamente con los casos que menos se discuten, la llegada masiva de ciudadanos peruanos a Chile los ha convertido en mano de obra tolerante a la explotación por remuneraciones muy inferiores de las que pueden soportar los trabajadores chilenos, con los consecuentes atropellos de los derechos y de las obligaciones que el empleador le debe al empleado. En otras palabras, esto se acomoda precisamente a esquemas de cuestión social remontados a los tiempos de la industrialización europea, simiente de los socialismos contemporáneos y "científicos", cuando los pobres viajaban a las grandes ciudades o a los campamentos de trabajo para seguir siendo pobres y más explotados, cambiando con ello la miseria rural por la miseria urbana.

Que muestren los números y encuestas que quieran para desmentirnos; pero hay una sola cifra que impone el punto de partida aquí en Chilito: niveles de remuneración que no llegan ni al tercio del sueldo mínimo. Eso es lo que recibe un inmigrante en situación de completa vulnerabilidad y escondido en la ilegalidad, situación cada vez más común y que algunos ilusos fomentan implícitamente, creyendo hacerle con ello un gran favor a la humanidad y al propio afectado. Si alguien considera esto un síntoma de progreso y desarrollo social a la luz del globalismo y de la irrupción de los internacionalismos que invitan a abrir las fronteras, que lo demuestre. Ganaría un Novel de Economía por conseguirlo.

Quienes hayan pasado por la desagradable experiencia de haber sido finiquitados para ser reemplazados por un inmigrante a menos remuneración, cosa más frecuente de lo que se quiere reconocer, saben perfectamente de esto. Si antes sucedía en trabajos de "baja" calificación (razón por la que no le importaba a nadie), este mal ya ha comenzado a llegar a las oficinas, afectando a técnicos y profesionales. Nada peor, pero ideal para fomentar resquemores y resentimientos que recaerán, por desgracia e injustamente, sobre la primera cara visible, representada en el inmigrante que sólo intenta sobrevivir, y no contra quienes promueven desde las sombras esta situación anómala.

A diferencia de lo que los defensores de las libertades migratorias predican, esto no es algo en directo beneficio de las pymes, por ejemplo, pues en varios casos son grandes empresas las que practican esta preferencia por extranjeros en situación de urgencia por sobrevivir y por niveles de remuneración indignos, más que por los cargos específicos de las propuestas de empleos. Basta un vistazo por las ofertas de trabajo publicadas en los avisos clasificados nacionales para verificar que empresas de relativa y de gran relevancia en el mercado de los servicios exigen a sus postulantes ser "peruanos" o "argentinos" como primer requisito, dependiendo si el trabajo ofrecido implica no hablar nada o bien hablar mucho, respectivamente. Por supuesto que nadie salta herido reclamando contra la discriminación y la marginación inaceptable que involucran esta clase de selecciones odiosas para con el elemento chileno local.

MARGINALIDAD Y HACINAMIENTO

En el caso particular de los inmigrantes peruanos, es evidente que no están siendo asimilados ni incorporados a la vida nacional, sino que muchos son convertidos por sus propias urgencias en un potencial dispuesto a ser explotado sin límites en favor de la utilidad del empleador, lo que constituye su única "ventaja" frente al trabajador chileno. Indefensos, lejos de las posibilidades de desarrollo y mejoramiento, terminan marginándose en verdaderos gettos arrendados por medio centenar de personas (niños incluidos) para compensar tan escaso salario, en algunos casos de 50 mil pesos mensuales.

Marginalidad y hacinamiento que, entre otros peligros, acarrean la amenaza de los incendios que habitualmente castigan a viviendas en este estado de ocupación, cobrándose ya varios muertos y damnificados. Al inicio de todos los veranos se quema alguna casona de los barrios históricos de Independencia, Recoleta o Barrio Yungay por el recalentamiento de un artefacto, corto circuito de los añejos cableados eléctricos o simplemente, el descuido de un inquilino dentro del hormiguero.

Otros menos acaban subsistiendo directamente en la delincuencia común, especialmente en el narcotráfico, el comercio ilícito de especies y las llamadas "mafias de celulares", que han echado raíces en Chile como importación no tradicional desde el vecino país incásico.

A pesar de ello, siguen dominando en los medios y la política ciertos dogmas puritanos, que levantan un verdadero muro frente a la sola propuesta de modernizar la legislación nacional sobre inmigración e introducir los ineludibles patrones de selectividad, como si con ello se robara un trozo de hostia sagrada, de objeto de culto.

EL NOMBRE QUE MERECE

Es bueno ya que se coloque a la inmigración peruana en Chile el nombre que realmente merece, sin maquillajes pacatos ni retoques humanistas: una explotación inhumana de personas necesitadas por parte de patrones que han dañado profundamente las condiciones de trabajo en el país. Ese es el verdadero racismo, y no el de quienes sólo reclaman temerosos de ver perturbadas sus cada vez más escasas posibilidades de trabajo.

Como el lobo con piel de oveja, nada es más peligroso que el mal cuando se ha vestido de bondad, como ese payaso asesino de la novela de Stephen King. En este caso, son los afanes de lucro de un puñado de jefes los que han puesto a competir al trabajador chileno con estos inmigrantes, precisamente por los empleos más sensibles entre los pobres y la clase media baja. Y ahora pretenden convencernos de que, con la Independencia y el cobre, esto es lo mejor que le ha pasado al país.

Pura y simple explotación de seres humanos, en pleno siglo XXI y en la democracia tiránica del partidismo político, esclavista y antinacional.

 

Publicado el 02-07-2007

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