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¿Que bajó la pobreza?... ¡No, subió la inmoralidad política!

Por Cristián Salazar N.


Este mes hubo muchas nuevas razones para recordar las líneas que el más eficaz estratega y activista político del siglo XX, Adolf Hitler, escribiera en su "Mein Kampf"sobre la comunicación social, desde su celda en la prisión de Landsberg tras el fracasado Putsch de la cervecería de Munich de 1923. En ellas señalaba la existencia de tres categorías de espectadores para los medios de prensa: los que se lo creen todo, los que no creen en nada y los que sacan sus propias conclusiones. En el mismo orden, regularmente van desde el grupo más numeroso hasta el más escaso en miembros.

Como siempre que el Gobierno se encuentra en problemas con reflejo en la piscina tempestuosa de la aprobación popular (y vaya qué problemas, en este caso), apareció el respectivo lanzamiento de salvavidas cabeza de patito, arrojado desde la cubierta de alguna de las innumerables corbetas de encuestas y estadísticas que operan en Chile (todas asociadas a algún partido político) y según la cual ahora los pobres y los mendigos que vemos a diario en todo nuestro entorno son, como diría el mentalista español Antony Blacke, "producto de su imaginación. No les deis más vueltas, no tiene sentido".

Sin duda que el mensaje numérico iba orientado, hoy más que nunca, al que se lo cree todo, perfil del mejor aliado electoral con el que ha contado en el populacho la Concertación desde su debut en el poder.

Hasta un cuestionadísimo ex ministro de Lagos, hoy investigado por el repugnante "choreo" colérico de platas en Chiledeportes, se permitió declarar con histriónico desparpajo, pasando por encima de la prudencia que su actual cargo en la dirección de Televisión Nacional de Chile exige, que esta nueva revelación estadística era"un tapaboca para la derecha", siendo él un ex derechista (y totalmente de derecha al momento del alzamiento militar de 1973) y como si sólo la oposición UDI-RN fuera la que ostenta la capacidad de reclamar por la situación de la pobreza y la distribución de la riqueza en nuestro país. Al menos se ganó un cachamal del Consejo de TVN, que decidió ponerle esposas a su incontenible verborragia politiquera.

Pero esta vez, inesperadamente, el equilibrio en favor de los que se lo creen todo habría de sufrir un grave desbalance, que mandó por las cuerdas a los grillos del optimismo, alcanzando las críticas ya no sólo para doña Michelle, sino también para su antecesor presidencial.

¿Qué midieron las encuestas?

No vamos a detenernos en los resultados de las encuestas aludidas. Ni siquiera merecen semejante consideración. Sería ridículo. Tampoco vamos a citar uno solo siquiera de sus números porque, como estamos en condiciones de demostrar, sus conclusiones SON EN ESENCIA UNA INMORAL MANIPULACIÓN DE LOS ANTECEDENTES, sólo creíbles para esa chusma hambrienta de buenas noticias que, según los estándares del cabo alemán que llegó a tener a toda la sociedad judeo-cristiano-capitalista-marxista-occidental con las pompis a dos manos, están en la categoría de los que se lo creen todo. Caer en el juego de ver si, según la información arrojada, los pobres de hoy son menos que los de ayer, sería como el chiste de los dos borrachos que intentan determinar al paladar si es chocolate o es dulce de leche una inmunda sustancia marrón con la que tropiezan en la calle.

Afortunadamente para nosotros, este nuevo conejito del sombrero de mago de La Moneda no funcionó. A fuerza de circunstancias (y no sabemos por cuánto tiempo más, por desgracia) el número de los que ya no creen en nada y el de los que sacan sus propias conclusiones ha superado a los primeros que se lo creen todo. El desastre de Tansantiasco o Transardinas, la corrupción frenética de Chiledeportes y de Ferrocarriles entre otros escándalos, son tan graves y a cada minuto peores, que ni con estos ilusionismos espectaculares como los del citado mentalista podrían hacer pasar por Afrodita a semejante travesti estadístico. Nuestro diccionario urbano se ha llenado de palabras soeces y ofensivas que antes eran sinónimos de prestigio y modernidad: Transantiago, operadores políticos, lobby, gastos reservados, programa Puente, etc.

Esta cifra sí nos interesa: 60% de desaprobación/rechazo ciudadano al Gobierno de Michelle Bachelet, justo al memento de salir publicado el nuevo hallazgo darwiniano de evolución de la pobreza. Es el anticipo de cómo la historia evaluará este primer gobierno uterino de Chile, seguramente. Y no digo "de mujer", primero porque estimo que ya faltaban huevos hace tiempo en La Moneda; y segundo, porque nuestra Gordis, salvo por lo "menudita", no representa en nada al promedio mujer chilena, esa cuya feminidad ha quedado reducida a ser capaz de sacar adelante a toda una familiar por un mes con el vuelto del pan, a veces con un padre de familia cesante, en depresión y abrazado a la botella de vino tinto "export" en caja, única salida al calvario de las clases más pobres y castigadas de nuestro espectacular crecimiento económico e inserción en el sacrosanto globalismo.

Y, como era de esperar, ya comenzaron a reaparecer las inevitables ambiciones electorales: precandidatos a diestra y siniestra (especialmente a siniestra), concientes del deseo general de que este Gobierno se acabe luego, como esas pesadillas en que uno se sueña tan vívidamente corriendo que hasta despierta cansado y jadeando. Hasta el ex Intendente de Santiago responsable del espantoso resultado de las reparaciones de la Alameda, tiene oportunidad de ofrecer su generosa y desinteresada postulación a la banda tricolor. Todos ellos, en su momento, también prometerán acabar con la pobreza que, según nos rezan en estos días, no es más que un espejismo, cosa de amargados que no creen en nada por su vocación chaquetera e indemocrática.

Parece insólito, además, que en Chile se continúen utilizando metodologías de medición de la pobreza y de la cesantía que han sido descartadas en la totalidad de las grandes potencias internacionales con las que nuestras Cancillerías firman sendos tratados comerciales. Si realmente nuestro país se encontrara en condiciones de inserción en el progreso y el desarrollo que se predica tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, y que hasta genera patéticas envidias y resentimientos en sociedades de países vecinos, al menos debiésemos tener mecanismos de muestreo de pobreza acordes a dicho nivel de progreso y desarrollo. Es lo mínimo que se puede pedir.

Veremos lo lejos que estamos de tal peldaño en la escala de la civilización.

El "Contacto" que echó al agua el Puente

La nueva temporada del programa "Contacto" revela ante todo el país, el 20 de junio pasado, el más sorprendente terremoto de despilfarro e irregularidades que afectan al Programa Puente para superación de la extrema pobreza, la misma que se supone disminuida y que llenó de condecoraciones de hojalata a los asesores del Gobierno a la luz de las citadas estadísticas paranormales. Para qué recordar también las encuestas que, en este caso, "demostraban" que el plan iba viento en popa y hasta poco antes de la emisión del programa. Otra vez sería discutir sobre el chocolate o el manjar de leche.

Notificado por la Policía del Pensamiento sobre el contenido del reportaje, el propio ex Presidente Lagos (tan afanado con la idea de volver al Palacio que hasta sigue hablando de sí mismo como "este Presidente") salió de la ducha y corrió como el rayo casi con la pura toalla puesta hasta el Canal 13, para exigir muy temprano en la mañana que una declaración suya poniendo en tela de juicio lo expuesto, fuera incluida al final del reportaje. Quizás creyó que pararían la transmisión como lo consiguiera el Canciller Foxley al censurar "Epopeya" por miedo a las bravatas peruanas. Pero aquí falló: afortunadamente, esta estación no era TVN, que le pela las castañas a los partidos del Gobierno. En una prueba de su honorable vocación democrática, entonces, no aceptó preguntas, ni entrevistas y anunció a los demás medios nacionales su rechazo al programa, aun antes de ser emitido. Y en una evidencia todavía más notable de la igualdad ciudadana que existe en nuestro país, se le dio la correspondiente tribuna de privilegio.

Años atrás, ese mismo Lagos había sido capaz de montar un formidable aparataje publicitario pagado por todos nosotros, que al ritmo mantra a todo volumen del "Piensa Positivo" logró volcar a la masa de los que no creían en nada en la que se lo creía todo, incluso tragándose el mito de que logró disminuir la cesantía e hizo crecer la economía. Hoy, en cambio, el ex mejor Presidente de la historia (!!!) luce tratando de apagar un incendio forestal con el agua de una jeringa, salvo, por supuesto, para las evaluaciones de los escasos miembros analistas políticos que le quedan a don Ricardo en su funclub, como sus incondicionales Pato Navia o Juan Guillermo Tejeda.

Mientras tanto, los pobres que centran el debate, que se jodan. ¿Qué reclaman los piojentos, si evidentemente su situación está mejorando? ¿Que acaso no ven las encuestas? ¿Que no ven a Ricardo I diciéndonos qué autoriza y no autoriza a creer el Gran Hermano este año, ni a doña Michelle repitiendo lo exchaordinariamentebuenas que son las noticias que nos traen estas encuestas? ¡Pamplinas, hambrientos! Producto de vuestra imaginación...

¿Y cómo lo midieron?

Malas noticias para los ilusionistas: los mecanismos de medición del Gobierno NO MIDIERON NADA. Todo es una manipulación. Diríamos "inaceptable", pero sabemos que como simples mortales con deudas y caries, vamos a tener a acatarlas, chupar limón y punto. Aquí manda el jefe. O el misterioso jefe de la jefa.

Que quede para la posteridad, sin embargo, y para los futuros analistas aburridos buscando algo que escarbar en el magro recuerdo de estos días, que el sistema empleado por la Concertación no es otro que el creado hacia fines del Régimen Militar por el propio equipo de economistas liberales que trabajaban para el Gobierno, con la intención de establecer esquemas de medición no de la pobreza propiamente tal, sino de las carencias específicas de los grupos sociales que se identificaban como los más necesitados según la numeración de la tarjeta CAS y que quedaron marginados en la aplicación de la teología religiosa de Friedman y la infausta Escuela de Chicago durante los años setentas y ochentas. Es decir, el procedimiento NO ESTÁ CREADO PARA MEDIR ESTADÍSTICAMENTE LA POBREZA NACIONAL, SINO LAS NECESIDADES PUNTUALES DENTRO DE ESOS GRUPOS O "MAPAS" DE POBREZA, especialmente las de naturaleza más urgente y asociada a la subsistencia, que es donde se determina la existencia de la extrema pobreza. Según la proporción actual de este mismo estándar, cualquiera que se encuentre sobre las 45 mil chauchas mensuales (la canasta mínima), hoy está fuera de la miseria y en la línea de la pobreza. Ese es, nada más y nada menos, que el (des)criterio estadístico usado por nuestras autoridades como punto inicial para identificar a la extrema pobreza chilena.

Pero hay otro detalle crucial: cuando el sistema de medición fue creado, todos los niños de Chile tenían garantizados beneficios gratuitos como la salud, la atención dentaria, desayuno y once en sus respectivos colegios. Regía para todos los alumnos de las escuelas públicas, fueran o no pobres. Los lectores más jóvenes ignorarán que sus papás hasta se peleaban las sabrosas galletas con sabor a coco de ida a "la leche", después sustituidas por una más oscuras y desabridas que servían más para arrojarlas por la cabeza de algún compañero, pero que eran igualmente nutritivas. Había hora de almuerzo, pues los recintos educaciones tenían comedores que eran abastecidos con raciones abundantes de alimentación para los niños, que incluso alcanzaban para invitar algún curioso o algún glotón cuando sobraba.

La Concertación, en cambio, consideró todos estos beneficios "innecesarios" y los fue cancelando. Tras la avalancha de protestas estudiantiles del año pasado, los ha debido ir reponiendo y ampliado... Ahora pues, dice que son necesarios, otra vez. ¿Quiere decir eso, o masa de lectores que sí sacan conclusiones propias, que acaso los niveles de pobreza y su desprotección ha aumentado en lugar de descender?

Ahora nos salen con que las encuestas del Gran Hermano dicen otra cosa...

Métodos, mentiras y desmentidas...

¿No me creen en el origen de la imprecisión metodológica?... Por favor, échenle una miradita al trabajo "Los Silencios de la Revolución" (Editorial Puerta Abierta, Santiago - 1988), del economista chileno Eugenio Tironi, uno de los artífices y gurús de la Concertación durante todos estos años, quien nos invitaba desde las columnas editoriales de "El Mercurio", hace unos días, a abandonar el concepto "derechista" de la identidad nacional y reformularla en una nueva, en favor de la incorporación al globalismo. El libro fue publicado como refutación al de Joaquín Lavín titulado "La Revolución Silenciosa", otro impreso dirigido también a los que se lo creen todo, aunque sin la caradura de los que pretenden convencernos hoy que los pobres son producto de la imaginación desbordada del chileno, tan dado a la creatividad malgastada. Tan insólitas y necesarias me parecen las citas de este libro totalmente crítico del Régimen Militar, que las traeré a colación en otro trabajo próximo, para que se las compare con la situación actual bajo el Régimen Concertacionista.

Ladrando duramente contra el señalado mecanismo de medición de la pobreza, Tironi informa a los que no creen en nada (la mayoría electoral del plebiscito que se venía ese año) que este procedimiento está viciado desde origen y, por lo tanto, arroja resultados irreales, pues estima en él posibles desplazamientos desde un nivel a otro dentro de la escala socio-económica por la sola posesión de un determinado aparato eléctrico al interior de un hogar, por ejemplo. Lo dice textualmente en el libro, páginas 29 y 30, refiriéndose a los festejos de los militares por haber reducido la pobreza también en las encuestas (los destacados son originales):

"Diversos estudios realizados a escala nacional en los últimos años contradicen tal visión. Todos ellos confirman que el número de hogares en extrema pobreza habría subido de 17 por ciento en 1970, a una cifra que oscila entre 48.6 y 45 por ciento del total de la población.

¿En qué se sostiene, entonces, el optimismo del gobierno? Porque, según los cálculos, la extrema pobreza bajó del 22 al 14 por ciento entre 1970 y 1982.

La contradicción entre ambas cifras se explica por la diferente manera en que se determina la condición de la pobreza. Los estudios antes mencionados lo hacen a partir de los ingresos necesarios para adquirir una canasta de bienes alimenticios acorde con los mínimos nutricionales. La investigación en que se basan los cálculos del gobierno, en cambio, mide la pobreza en función de otros indicadores, como las características de la vivienda, el acceso a servicios públicos y el equipamiento del hogar. Este último enfoque analiza el fenómeno a partir de los Mapas de la extrema pobreza; el otro lo evalúa mirando simplemente el bolsillo de cada familiar.

El procedimiento de los mapas tiene severas limitaciones, como lo afirman quienes dirigieron el primer estudio que aplicó en Chile esta metodología. De partida, y por el tipo de indicadores a que recurre, lo que mide de hecho no es el ingreso presente de una familia, sino su ingreso pasado. Por otra parte, basta que una familia haya adquirido algún bien semidurable (por ejemplo, un televisor, una cocina, un radiocassete) para que, automáticamente, quede fuera del mapa y, por ende, de la "pobreza"."

Si según Tironi, los métodos de medición de la pobreza ya eran imprecisos a un año de ser creados, ¿qué podría hacerlos válidos ahora, veinte años más tarde? Sin embargo, Lagos se jactaba del éxito de su Gobierno apelando a la cantidad de refrigeradores que el Censo 2002 demostró poseer cada familiar chilena. Y ahora, doña Michelle asegura que los pobres de la era del laptop, del DVD, de la TV pantalla plana, de la Internet y de los mp3 de "Placebo", pueden ser medidos con los mismos parámetros creados en la prehistoria del Atari, de las videocintas arrendadas en Errol`s, del televisor blanco y negro con un colgador en vez de la antena quebrada, cuando la compañía podía demorarse años en tirar líneas de teléfono hasta donde fueron solicitadas y cuando el cassette de lujo era de "Motley Crüe" hasta que te lo tragaba el cabezal sucio.

Medidas más, medidas menos

Así, pues, lo único que han desnudado estas encuestas es el desgaste total del sistema político internacionalista, antinacional e inmoral de La Moneda, totalmente fracasado, autocomplaciente hasta lo indignante, incapaz de avanzar, de mejorar o de corregir sus propios errores siquiera, que se acumulan exponencialmente. ¿Cómo van a ver sus propios pobres, quienes siempre han mirado únicamente hacia afuera? Aylwin inició la ruina de los campos chilenos vendiéndole el alma a la Argentina, país infaliblemente proteccionista y abusivo con las bandas de precios. Frei Ruiz-Tagle copió de España un modelo de educación que sólo arroja uvas pasmadas y más futuros pobres, y luego finiquitó la provisión energética de Chile a un vecino que no cumple, que no respeta tratados y que ha significado un gastadero para el Fisco precisamente desde los fondos que podrían ir orientados a la solución de la pobreza. Lagos apostó por el empresariado extranjero que monopoliza el Sur de Chile y abandonó a su suerte a los colonos chilenos, también cada vez más desamparados, tolerando virtuales saqueos de dineros que iban orientados también a los más pobres ("teoría del jarrón" y otras). Bachelet insiste en mantener un modelo de transportes que está llevando a la ruina a los más necesitados, copiando experiencias de Colombia donde también había fracasado.

Lo que se ha determinado con tanta calculadora es que el grupo más abandonado y marginado de la miseria en Chile sigue igual: abandonado y marginado, a pesar de la movilidad de la pobreza nacional, lo que habla directamente de la ineficacia o acaso inutilidad de las políticas públicas. Cómo olvidar, sino, que la cantidad de desembolsos que genera toda la estructura gubernamental para estas ineptas pautas de gasto social de los últimos gobiernos equivaldría a una pensión de 300 mil pesos para cada familia pobre de Chile. Otros fijan esta cifra ¡en el doble!. Y con el Transardinas, los cálculos ya se hacen en razón de la cantidad de vehículos económicos que podrían proporcionarse a estas familias en vez de tirar los recursos al pozo ciego, especialmente después de la última y accidentada aprobación de fondos en el Congreso, destinada a arrendarle un respirador artificial al muerto de aquí hasta fin de año.

Llegamos así al baile de gala: vestidos con un pastiche de traje rasca, comprado en liquidación de ropa americana. Quieren hacernos parecer lo que no somos, y lucir como nos gustaría vernos más que como realmente nos vemos. Nos prometen prosperidad con los tratados internacionales y nos suben el IVA al 19% para compensar las liberaciones tributarias que implican, tras cerca de veinte alzas de impuestos desde 1990 a la fecha. Ni los sueldos ni la estabilidad laboral suben: sólo los impuestos y la inmoralidad concertacionista, que prometió devolver el IVA al 18% y luego se sentó en su propio juramento político, para terminar negándonos que los pobres existen. Son mitos, ilusiones, no le deis más vueltas, no tiene sentido. Y ahora se discutió cuántas chauchas más se le adosan al sueldo mínimo. Se podrá decir que lo apropiado es, precisamente, liberar a las pymes para la contratación laboral en general... Probablemente, pero si hay tal nivel de controversia por subirle un"pun" de apenas $9.000 a esas 135 lucas de sueldo mínimo, quiere decir que definitivamente los niveles del fantástico concepto abstracto de crecimiento social no son precisos, no son prolijos; ni siquiera reales.

La Concertación, al presentar estas estadísticas, anuncia simplemente que se ha rendido ante los pobres, como ayer lo hizo ante la delincuencia, el desarrollo regional, la desigualdad en la distribución de la riqueza, y en todo. Ya no puede continuar por más tiempo escondiendo el desgaste de la tóxica dicotomía entre un neoliberalismo salvaje y el constante saboteo socialista que intenta hacer presencia existencial hasta en lo inverosímil, presentando proyectos de ley plagiados por copy-paste desde textos de la enciclopedia libre Wikipedia para salvarnos de la amenaza de la nanotecnología y de la apocalíptica visión de futuro que otrora sólo conocía la pobre y sufrida Sara Connor, mientras los pobres y sus urgencias extremas esperan, espera, y esperan... Y esperan.

¡El fin de la pobreza no está en las encuestas!

La casta privilegiada de los políticos chilenos no dará solución alguna; no tienen nada a mano y, en cierta forma, hasta les conviene no tenerlo. Sólo hay comodines de encuestas donde todo está realmente mal: la metodología, el punto de partida, la forma de rastreo, el procedimiento de evaluación y, por supuesto, las conclusiones. Por ellas, Edwards Bello se seguirá riendo desde sus libros póstumos de quienes creen aún "en el advenimiento de paraísos políticos". De los que se lo creen todo, en otras palabras, que por ahora deberían ser declarados especie protegida, dada su escasez.

Así, la culpa de la pobreza seguirá rondando las lindes de lo subjetivo, de lo intangible, lo etéreo, siendo mera responsabilidad "del sistema", como si las mismas medidas surgidas del neo-socialismo y del retro-socialismo no hubiesen contribuido a empeorar los males adjudicados a la brutalidad del mercado, especialmente en el duro tratamiento dado a la micro, pequeña y mediana empresa nacionales y el desbordado castigo tributario que pesa sobre la ciudadanía, sin distinciones. Mientras exista marginalidad, delincuencia, inseguridad social, cesantía y sobre todo la pobreza que ahora intenta ser maquillada, la falta de originalidad de nuestros ilustres estadistas permitirá tener un mismo buen repertorio de promesas electorales siempre a mano.

Es un mal generalizado en la política chilena: así como Lagos juró acabar con la miseria "para el 2006", Bachelet promete lo mismo "para el 2010". Nadie cobrará la palabra y lo saben: tarde o temprano, la masa volverá al equilibrio de poderes y ganarán los que se lo creen todo, una vez que los que no creen en nada ya, le den el muy posible próximo triunfo presidencial a la oposición como castigo a la inutilidad concertacionista. No extraña, por ende, que neo-derecha se haya vuelto electoralmente tan umbilical y dependiente de la existencia de pobres como lo es la arqueo-izquierda más retrógrada y fósil. De seguir así las cosas, las próximas metas "absolutas" se fijarán para el 2014, luego el 2018, luego el 2022 y así, sucesivamente. Llegaremos al capítulo de la muerte esperanzados en alcanzar a ser testigos del fin de la pobreza antes del triunfo chileno en un mundial de fútbol.

Sólo al nacionalismo le interesa y conviene el fin de la pobreza

En tanto, una fuerza de trabajo y desarrollo nacional extraordinaria se seguirá perdiendo en la pobreza, la "medida" y la "no medida". Nuestra visión nacionalista, tan resistida y calumniada por los mismos "progresistas" que viven atrapados en el nido de polillas de los añejos conceptos sociales provenientes de la Revolución Francesa y la Revolución Industrial, no puede callar al ver cómo se desprecia en la indiferencia y la inoperancia un potencial de progreso irremplazable, desidia que están condenando a nuestro país a ser nación de segundo, tercer o cuarto orden en el concierto mundial a pesar de su posición privilegiada y única en la cuenca del Pacífico-Índico, esa misma que Portales miraba como el futuro de Chile y que el General Haushofer anunciaba desde Europa en los años veintes como el nuevo meridiano del poder político y comercial del mundo.

Se acabó, entonces, el tiempo de liberales, socialistas, liberal-socialistas y otros engendros. Otra oportunidad política no será más un bis para la inefable corrosión y desintegración de un sistema insostenible. Es la hora de que, hoy como ayer, el Nacionalismo chileno ponga sus manos a la obra. Ya pasó el lapso de relax para que miremos las encuestas con tranquilidad y desde ellas tomemos posiciones de mayor estaticidad aún: creer, no creer o sacar conclusiones propias. 

Ayer, fueron los nacionalistas chilenos los verdaderos forjadores de la Independencia Republicana, del modelo Carrerino de identidad nacional y unos años después del ideario montt-varista. Siguió presente en Portales, con la construcción de las bases del Estado en Forma, columna maestra de nuestra posterior y secular estabilidad política. Del nacionalismo provienen la incorporación de Magallanes y más tarde su defensa acérrima por parte del ministro Ibáñez Gutiérrez ante el expansionismo de un vecino; y después la incorporación de Isla de Pascua que sacó a Rapanui de su condena a ser un nido de miseria y piratería, gracias al interés casi personal del Capitán Toro Hurtado. La colonización austral, en todas sus etapas, debe sus cirios a la iniciativa de patriotas inquietos como Pérez Rosales. La intelectualidad de Palacios y la "Raza Chilena", acaso fue la primera en valorizar el elemento cultural indígena en el mestizaje chileno; lo mismo haría Encina al recopilar la historia de Chile en su primer y completo gran compendio, que sigue siendo utilizado como base incluso por sus opositores. La prusianización de las Fuerzas Armadas fue un modelo de exportación para la profesionalización militar, liberándonos de caudillismos y de tiranos ambiciosos con uniforme. Ellos impulsaron también el trato justo del trabajador chileno y la unidad laboral, alianza entre trabajador y empleador, laurel que hoy pretende cortar para sí el izquierdismo. Aguirre Cerda llega al poder con el primer gobierno de fuerzas populares de la historia, gracias al voto de los nacionalistas tras la Masacre del Seguro Obrero. Merino Benítez fundó la Línea Aérea Nacional. De la mano de Ibáñez del Campo, los nacionalistas fueron los modernizadores del Estado de Chile, cuando la decadencia del régimen parlamentario lo había sumido en el caos y la corrupción a absoluta, retrotraído a los tiempos de la plutocracia aristocrática. El rescate de los campos chilenos vino de la mano de patriotas como Izquierdo Araya, logro que hoy intentan adjudicarse los mismos que con su Reforma Agraria casi destruyeron la vida agrícola chilena. Fue desde el nacionalismo que se creó el pilar de la probidad gubernamental: la Contraloría General de la República. Cañas Montalva abrió las bases de la escuela geopolítica en Chile e instó a establecer por ley la soberanía antártica; otro nacionalista, el Embajador y escritor Serrano Fernández, salvó después esos derechos de Chile en la India y permitió con ello la firma del Tratado Antártico. Por si el currículo fuera poco, también es mérito del nacionalismo de Prat Echaurren la modernización del Banco Central, otra creación nacionalista, además de la fundación del Banco del Estado y el gran impulso para el Banco del Desarrollo. Lo mismo ocurrirá con la innumerables casos más: apertura de caminos rurales, educación, fundación de ciudades, modernización portuaria, construcción de la carretera austral y salvación de los derechos chilenos en el Canal Beagle. 

De esta manera, cuando ya todos los otros han tenido y han despreciado su gran oportunidad de dar verdadero progreso al país con justicia social y equidad, el nacionalismo chileno, NUESTRO NACIONALISMO, sabe bien en qué lado se ubicará frente a la pobreza, su próximo desafío: EL DE LA SOLUCIÓN.

 

Publicado el 02-07-2007

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