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Bolivia y el mar: Observaciones a un artículo favorable a la idea de que Charcas tuvo costas coloniales propias

Por Cristián Salazar N.


Cristian Salazar Naudón (Corporación de Defensa de la Soberanía)
Fernando Saieh Alonso (Instituto Histórico Arturo Prat)

 

Tras leer un artículo del distinguido ex embajador José Miguel Barros contestando al historiador Sergio Villalobos y a su afirmación de que la Audiencia de Charcas (futura Bolivia) no tenía costas propias en los últimos años de la colonia, queda la sensación de que cada investigador ve sólo lo que quiere ver en los documentos históricos.

El autor, reputado ex agente diplomático y actual miembro de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, publica el texto titulado "Charcas (Bolivia) y el mar" en la edición de El Mercurio del domingo 25 de marzo de 2007, donde defiende la idea de que Bolivia sí tuvo costas un litoral propio durante toda la colonia.

Para nuestro gusto, el señor Barros se ha dado lamentable un tiro en el pie con este artículo, a pesar de sus versados conocimientos sobre historia y relaciones exteriores, quizá mal aconsejado por su solidaria posición en favor de las aspiraciones portuarias de Bolivia.

Dudas sobre una Ley de 1573

El autor pone en duda una real cédula del 2 de mayo de 1573, citada por el Villalobos, según la cual "los límites de Charcas quedarán circunscritos al Collao de los indígenas o región altiplánica" (estamos reproduciendo las palabras de Barros). Alega no haber encontrado referencias relativas a la existencia de dicha cédula.

Sin embargo, veremos que la fuente no proviene directamente de Villalobos, sino de uno de los más grades y reconocidos historiadores bolivianos. En efecto, podemos encontrar con esa fecha una disposición legislativa citada en la obra "Las relaciones internacionales en la historia de Bolivia" (La Paz-Cochabamba. Editorial Los Amigos del Libro, 1986), en el Tomo I, nota número 36 de las páginas 202 y 203 de la segunda edición "revisada y aumentada" bajo los auspicios de la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia, escrito por Valentín Abecia Valdivieso, cuyo texto dice:

"Habiendo sido informado que era más conveniente que dicha ciudad del Cuzco estuviese sujeta a nuestra Audiencia Real que reside en la Ciudad de los Reyes... proveemos y mandamos que dicha ciudad del Cuzco y sus términos y jurisdicciones fuese y estuviese en el Distrito de dicha audiencia de los Reyes... y todo lo que está desde dicho Collao inclusive hasta la ciudad de La Plata quede y vuelva y sea del distrito y límites de nuestra audiencia de los Charcas, declarando como declaramos que del dicho Collao hacia la ciudad de La Plata comience desde el pueblo de Ayoviri que es de la encomienda de Juan Pancorvo, por el camino de Urcosuyo, y desde el pueblo de Asillo, que es de la encomienda de Jerónimo de Castilla por el camino de Omasuyos y por el camino de Arequipa desde Atuncana que es de la encomienda de Carlos Inca, hacia la parte de los Charcas, y asimismo ha de ser y estar en el Distrito de la dicha Audiencia de los Charcas la provincia de Sangabana y toda la provincia de Carabaya inclusive".

¿Qué es lo que comenta el propio Abecia Valdivieso sobre esta ley? En la página 196 de la obra citada escribe:

"En 1568, la ciudad del Cuzco, con todos sus términos, fue reincorporada a la Audiencia de Lima debido a los insistentes pedidos de esta Audiencia. Cinco años más tarde se dictó la cédula real de 2 de mayo de 1573, precisando la división de ambas audiencias, dicha disposición decía que el territorio del Collao se quede como parte de Charcas comenzando por el pueblo de Ayaviri, Asillo, el camino de Arequipa desde Atuncana, debiendo estar dentro del distrito de Charcas las provincias de Sangabana y Carabaya".

Hacemos notar que las leyes de 1573 no son las únicas que desmienten la supuesta "cualidad marítima" de Charcas en aquellos años. Por ejemplo, la real cédula del 4 de septiembre de 1559, que complementaba las disposiciones fundacionales de la Audiencia, decía:

"Porque es bien que se sepa los límites con que dicha Audiencia (Lima)... declaramos y mandamos que tenga por distrito todo lo que de la provincia de Chile, con los puertos que de la ciudad de Lima hasta las dichas provincias de Chile y los lugares de la costa della".

Los autores bolivianos, sin embargo, se atrincheran en una ley posterior, del 25 de mayo de 1561, según la cual el Virrey del Perú establece el límite de Charcas desde "la dicha ciudad de La Plata con más de cien leguas de tierra alrededor por cada parte". Pero es imposible imaginar que la autoridad virreinal estuviese actuando sin consideración o en directa violación de la real cédula de 1559.

La "Recopilación de las Leyes de Indias" de 1680

Según el señor Barros, la confusa ley 9 de la "Recopilación de las Leyes de Indias" de 1680 demuestra la existencia de costas propias en la Audiencia de Charcas, al indicar que sus límites van:

"...desde el pueblo de Ayavire por el camino de Hurcosuyo, desde el pueblo de Assillo por el camino de Humasuyo, desde Atuncana por el camino de Arequipa hacia la parte de los Charcas, inclusive con las provincias de Sangabana, Carabaya, Juries y Dieguitas, Mojos y Chunchos, y Santa Cruz de la Sierra, partiendo términos, por el septentrión con la Real Audiencia de Lima y provincias no descubiertas, por el mediodía con la Real Audiencia de Chile y por el levante y poniente con los mares del Norte y del Sur y línea de la demarcación entre las coronas de los reinos de Castilla y Portugal por la parte de la provincia de Santa Cruz del Brasil".

Seguidamente, el señor Barros, escribe:

"Es irredargüible que si Charcas limitaba al norte con la Audiencia de Lima, y por el mediodía (el sur) con la Audiencia de Chile, se situaba entre ambas. Asimismo, que como por el poniente ella limitaba con el Mar del Sur (es decir, el Pacífico), poseía un litoral que se extendía entre las audiencias peruana y chilena".

Sin embargo, la lectura objetiva del texto de la ley inspira, como mínimo, la fuerte impresión de que se trata de una enorme imprecisión, pues si realmente fuese tan correcta y acorde a la realidad, nos encontraríamos con la irracionalidad de que, por occidente, la pretendida costa de Charcas se encontraría sobre territorio peruano y no chileno, mientras que, al oriente, sus límites se extenderían hasta la costa atlántica, hechos histórica y geográficamente imposibles.

También debemos hacer notar que cuando se dictó la ley reproducida como la 9 en la Recopilación, Chile poseía la provincia de Cuyo, segregada en 1776. Cuyo colindaba con Tucumán, que también perteneció a Chile hasta 1563, cuando fue traspasada a Charcas. La referida ley fue dictada diez años después, por lo que resulta técnica y geográficamente razonable suponer que los territorios coloniales de Perú y de Chile cerraran el territorio de Charcas por el norte y por el sur, respectivamente, y no por su supuesta costa, por lo que el argumento "irredargüible" no resulta ser tal.

Además, en la misma Recopilación existe la ley 14, fechada el 26 de mayo de 1573 (¿guardará relación con la citada por Abecia Valdivieso? Nótese su similitud y proximidad de fechas), que corrige a la anterior al precisar los límites de Perú y Charcas, pues cuando su texto habla del territorio colonial boliviano, hace casi la misma referencia expuesta arriba pero omitiendo las indicaciones relativas a los mares y a las demarcaciones con los portugueses, justamente donde identificamos la imposibilidad geográfica de la ley. A nuestro juicio, esta omisión confirma la imprecisión del párrafo descartado:

"Declaramos y mandamos que todo lo que está desde el Collao, exclusive hacia la Ciudad de los Reyes respecto de la Ciudad del Cuzco, sea y esté debajo del distrito y jurisdicción de nuestra Audiencia Real que reside en la Ciudad de los Reyes, y todo lo que está desde el Collao inclusive, hacia la Ciudad de la Plata, sea del distrito y límites de nuestra Audiencia de los Charcas; y que el Collao hacia la dicha Ciudad de la Plata comience desde el pueblo de Ayarive, por el camino de Arcosuyo; y desde el pueblo de Asillo, por el camino de Humasuyo; y por el camino de Arequipa, desde Atuncana hacia la parte de los Charcas; y que asimismo haya de ser y entrar en el distrito de la dicha Audiencia de los Charcas la provincia de Sagavana y toda la provincia de Carabaya inclusive, no perjudicando, como es nuestra voluntad que no perjudique esta declaración y división, que la dicha Ciudad del Cuzco tiene el los dichos términos, sino que la tenga según y de la forma que hasta ahora ha tenido".

Al omitirse el fragmento de texto relativo a los mares "del Norte y del Sur", se despide también la única posibilidad de que se esté aludiendo a posibles costas para Charcas en alguna costa de Sudamérica.

Las crónicas y croquis de Herrera

El artículo también presenta las palabras y el plano del cronista Antonio de Herrera como demostración de la existencia de costas propias para Charcas. Incluso reproduce este dibujo, aunque en tamaño insuficiente. Junto con pasar por alto la gran cantidad de imprecisiones que cometió Herrera en sus trabajos (describiendo, por ejemplo, las costas de Chile y de China como frontales), se señala que el mismo escribe en "Descripción de las Indias Occidentales":

"El Distrito del Audiencia de los Charcas, que parte términos con la de los Reyes, está en 20 Grados y medio de altura austral... tendrá de largo 300 leguas, hasta el valle de Copiapó, principio de la provincia de Chile, en 28 grados de altura... y Leste-Oeste, lo que hay entre la costa del Mar del Sur, hasta la del Norte".

Es clarísimo que Herrera está recitando la misma referencia imprecisa y confusa de la ley de 1573 sin reparar en la imposibilidad de que Charcas tuviera costas atlánticas ("Mar del Norte") y tomando como complemento la real cédula de 1552, tan recurrida por los autores bolivianos, pues en ella se establece una concesión territorial para Pedro de Valdivia a partir del paralelo 27º, en Copiapó. Sin embargo, ésta era una disposición originaria, alterada por distintas nuevas cédulas y leyes. Prueba de ello es que esta misma cédula precisaba el confín austral de Chile en el paralelo 41º, casi a la altura de Osorno, en circunstancias de que este límite quedó señalado en Magallanes, Cabo de Hornos e incluso la Antártica en todas las posteriores leyes. Además, el propio Herrera escribe en un momento que la costa de Chile y la de Perú "es toda una", desmintiendo que esta continuidad estuviese interrumpida por Charcas.

Se debe mencionar también que el mapa elaborado por Herrera para mostrar la supuesta costa charqueña tiene un enorme y garrafal error, al dibujar tal salida al Pacífico abarcando costas indiscutiblemente peruanas, incluyendo los territorios de Ica, Arequipa, Arica y Tarapacá, que jamás fueron bolivianos ni estuvieron siquiera en cuestión. Estos croquis estaban basados en los dibujos de Alonso de Santa Cruz, cosmógrafo que por lo prematuro de trabajos desconocía las últimas leyes de Indias y las reales cédulas vigentes a la época.

Por ésta y por varias otras razones, los mapas de Herrera fueron desautorizados por el cronista jurista judeo-español Antonio de León Pinelo al referirse a la Recopilación de las Leyes de Indias que él mismo debió redactar en su condición de relator del Consejo de Indias, cuestionando explícitamente incluso la autoridad de su predecesor en el cargo de Cronista Mayor de Indias para haber elaborado tales croquis, de modo que no tienen más valor que el de reliquias históricas.

La voz de los contemporáneos de Herrera

Antes de continuar, cabe recordar que Herrera fue el primer cronista oficial de Indias y aunque su obra fuera publicada a inicios del siglo XVII, trata sobre materias históricas que cierran cerca de la mitad del siglo XVI, de modo que tampoco constituye una fuente segura para evaluar la situación colonial en general de las gobernaciones indianas y menos para proponer sus afirmaciones como vigentes hasta los albores de la independencia. Por esto, intentaremos juzgar en el contexto de la época las aseveraciones de Herrera, para verificar si guardan ajuste a la posición sostenida por otras autoridades y voces autorizadas de la época.

En el informe titulado "Sucesos del Perú", escrito por el virrey Fernando Torres y Portugal el 28 de julio de 1588, dice en la página 9 a propósito de las medidas que se tomaron tras detectar movimientos sospechosos en las costas virreinales "del Puerto del Loa que es más arriba hacia la costa de Chile, que (donde) unos indios pescadores habían visto dos naves grandes". No hay duda, entonces, de que Chile y Perú ya eran colindantes en aquellos años y a la altura del Puerto del Loa, correspondiente a la actual Caleta Loa, situada en 21º 26` S, en la desembocadura del río. Según la demarcación real que se había realizado en 1578, este puerto pertenecía al Corregimiento de Arica (Perú).

Otro argumento que echa por tierra la validez de las afirmaciones de Herrera, proviene del obispo fray Reginaldo de Lizárraga y su "Descripción breve de toda la tierra del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile" de 1605, escrita para el Conde Lemus, presidente del Consejo de Indias. El autor señala el Morro Moreno (23° 31`, en Mejillones) como un lindero entre Chile y el Perú:

"En medio de este gran despoblado de Atacama a Copiapó hay un cerro muy conocido, llamado Morro Moreno de los marineros, al cual llegando por tierra parece ser el que divide los términos del Perú de los Chile".

Cabe señalar que el sucesor de Herrera en el cargo de cronista oficial, Fray Luis Tribaldos de Toledo, escribe en su “Vista General de las Continuadas Guerras: difícil conquista del gran reino, provincia de Chile”,  hacia 1625, que:

"...el remate de las provincias de Atacama está en veinticuatro grados del sur y en este punto y límite acaba la jurisdicción del Reyno del Perú y comienza la de Chile".

Los marinos coloniales identificaban el paralelo 24 con el cerro San Benito o Mulato, lo que desmiente que las referencias coloniales que ponían el límite septentrional chileno en el paralelo 24, lo hacían indicando que hacia el norte de esta frontera se encontrara Charcas, sino el Perú.

El mapa de Baleato

El artículo del señor Barros también pone en tela de juicio el mapa de Andrés Baleato de 1793, donde queda fehacientemente demostrado que Chile comenzaba en el río Loa. Según él, el título del plano señala que es el mapa y no el Reino de Chile el "que comprehende desde 21 ½ hasta 47 grados de latitud S". Citamos la misma parte del título que reproduce el señor Barros.

Sin embargo, contamos con una copia del mapa que podemos poner a disposición de quien quiera verla con sus propios ojos y verificar así que el título del mismo es:

"Plano general DEL REYNO DE CHILE EN LA AMERICA MERIDIONAL que comprehende desde 21 ½ hasta 47 grados de Latitud S y desde 61 ½ hasta 75 de Longitud Occidental de Cádiz".

Como se ve, es la presentación de un fragmento del título lo que podría seducir la inversión de los sustantivos de la oración con relación al verbo, pero a nuestro juicio la lectura del título completo deja bastante claro que es el Reyno de Chile el que comienza en el grado señalado.

Tampoco nos parece convincente sugerir que Baleato reconoció a Atacama fuera de Chile por apuntar en su nota 6 que:

"De este modo se ve que el Reyno de Chile, esto es, la porción de su terreno que poseen los españoles, sin incluir el de los Yndios ni el Gobierno de Chiloé está comprehendido de N. a S. desde los 24 grados de latitud en el Desierto de Atacama hasta los 37 grados al S. del Río VioVío". A riesgo de caer en la logomaquia, pediríamos poner atención en la referencia de "la porción de SU terreno que poseen los españoles".

Salvo por el asentamiento de Paposo, el desierto de Atacama seguía prácticamente despoblado en aquellos años, casi sin presencia española. Adviértase, además, el nada secundario detalle del pronombre posesivo en tercera persona "su", que indica que el terreno que Baleato señala entre 24 y 37 grados sería sólo un fragmento del total del territorio chileno.

Al respecto, vale enfatizar la nota anterior número 5, donde  Baleato señala los territorios ocupados por los indígenas y que están fuera del control hispano, pero sin que por ello los considere fuera del territorio del Reino de Chile, sino fuera de su mapa, a la inversa de lo que se interpreta en artículo del señor Barros. Recordemos que, por aquellos años, el primer poblado del Norte de Chile era Copiapó, pero no por ello se puede afirmar que ése era el límite norte chileno, del mismo modo que tampoco era la ciudad de Valdivia el confín austral chileno, sino Magallanes.

Demás está recordar que la referencia al límite exacto chileno en el río Loa aparece también en otros mapas coloniales oficiales y contemporáneos al de Baleato, como los de Juan de Lángara y Felipe Bauzá, basados en una misma exploración realizada por Alejandro Malaspina en las costas americanas por orden real, por lo que correspondería tener una respuesta "aclaratoria" para ellos también si se pretende tenerla para la cartografía de Baleato, al no estar alejado éste de lo mostrado por los mapas oficiales de Corona Española sobre el límite septentrional chileno. De hecho, Bauzá -que había sido cartógrafo de la expedición de Malaspina-  reeditó el mapa tal cual en 1813 bajo las estrictas restricciones de la "Novísima Recopilación de las Leyes de España" de 1805, que obligaba a una exhaustiva revisión de la cartas por parte de la Real Academia de Historia Española antes de su publicación.

Un segundo mapa de Baleato: más de lo mismo

Otro punto que parece no estarse tomando en consideración es que Baleato publicó un segundo mapa en 1795, titulado "Plano General del Reino del Perú en la América Meridional". El plano va desde la Equinoccial hasta el paralelo 26º 30`desmintiendo la afirmación boliviana de haber poseído costas durante la colonia, pues muestra un bosquejo del Perú en donde se ve, al Sur del mismo y en el límite, un fragmento del despoblado de Atacama. Aunque no se señala explícitamente si este desierto corresponde al virreinato de Buenos Aires, a la Audiencia de Charcas o a Chile, al oriente del mismo y del lado Este del cordón montañoso, coloreado en otro tono en la zona necesariamente se situaría la Audiencia de Charcas, Baleato escribió "Parte del Virreinato de Buenos Aires".

Efectivamente, como recuerda el señor Barros, Charcas quedó bajo administración del Virreinato de Buenos Aires en 1776, de modo que Baleato está colocando el territorio colonial de Bolivia lejos del mar y a la altura del lago Titicaca, sin acceso a Atacama, en otra tonalidad el área oeste que va de cordillera a mar. Una confirmación a lo que ya había mostrado en 1793.

Cabe indicar que este segundo mapa de Baleato fue utilizado por la propia defensa de Bolivia ante el tribunal arbitral argentino en 1906, como demostración de cuáles eran sus límite coloniales, durante el litigio con el Perú por la posesión del río Madre de Dios. Con este acto, La Paz admitió oficialmente no haber poseído jamás costas durante la colonia, al contrario de lo que intentan sugerir ahora sus historiadores.

 

Publicado el 02-04-2007

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