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Nacionalismo del Trabajo y Sindicalismo

Por Misael Galleguillos V.


Desde los inicios del nacionalismo chileno sus forjadores se han proyectado al mundo social. La militancia de jóvenes introdujo, a la convivencia nacionalista, la inquietud por los trabajadores y los estudiantes. El tema del trabajo lo llevó a preocuparse por el sindicalismo y la justicia social. 

El sindicalismo penetró fuertemente en la conciencia de los trabajadores. Se sabía que en Italia se consideraba a los sindicatos desde la perspectiva corporativa y su gran obra tomaba forma con “la carta del trabajo”, que reconocía derechos y deberes de la organización social de los trabajadores. En el fascismo los sindicatos fueron parte de la estructura del estado. 

Hubo dos hombres de talento que pensaron acerca de los sindicatos: George Sorel y Ramiro Ledesma. El primero ingeniero francés y el segundo licenciado en filosofía y matemáticas español. 

George Sorel nació en Cherboung, en 1847, y murió en Boulogne, Francia, en 1922. Ledesma nació en Alfaraz en 1905 y murió en Aravaca, España, en 1936. 

Sorel es autor de varias obras, entre ellas L’Ancianne et la Nouvelle Metaphysique (1894) y Reflexión sobre la Violencia (1906), que dan fundamento a su “sindicalismo revolucionario”. Ledesma creó el periódico La Conquista del Estado y su aporte al nacionalismo fue el “nacional sindicalismo”. 

La convicción sobre el sindicalismo de Sorel lo lleva a afirmar que lo sublime ha muerto en la burguesía y ésta está condenada a no tener moral. Para él los sindicatos pueden ser poderosos mecanismos de moralización, llamando la atención sobre el gran papel que puede llegar a jugar los sindicatos en el llamado mundo moderno. 

Para él el trabajo es la emisión del espíritu. 

La influencia de las teorías y doctrinas que inciden en las personas tienen un súbito cambio cuando esas personas se incorporan al trabajo y asumen que su esfuerzo tiene influencia real en la convivencia social. 

El socialismo, afirma decidido Sorel, llegó a pensar que el trabajo llevaría a una felicidad paradisíaca tomada como anticipaciones legítimas. Por el contrario, todo estudio sobre el trabajo y las formas de producción se van traduciendo en intensificaciones de los requerimientos para realizar los trabajos. Asunto que creó expectativas en los trabajadores y en la sociedad, que nunca se realizaron en los socialismos reales de los gobiernos comunistas que simplemente se derrumbaron con el fin de la guerra fría, que terminó en 1991 con la caída de la URRS. 

Sorel afirma que el sindicalismo puede ser motor para el cambio social. 

Ramiro Ledesma concibió al sindicato como eje de la economía de las naciones. Sus sindicatos verticales son los agentes que determinan los distintos aspectos del proceso productivo, para hacer realidad la justicia a la que aspiran los trabajadores y al financiamiento de los requerimientos de los distintos componentes de la nación y del estado, para hacer posible la realización histórica de la patria en el ámbito universal. 

Sorel ha tenido influencia en el sindicalismo como parte de teorías sobre el trabajo y el orden político, social y económico de las naciones. Los analistas han considerado sus planteamientos como propuestas para la creación de un nuevo orden. El suyo es un sindicalismo revolucionario que debe superar el orden burgués. El sindicalismo socialista es un sindicalismo de clases que está acotado al sindicalismo de partidos, por la fuerza que ejerce el orden de la burguesía sobre las fuerzas políticas en la convivencia. El marxismo debe armonizar su sindicalismo de clases con el sindicalismo liberal. Cuestión que los ha limitado en su accionar desde los tiempos de Luís Emilio Recabarren Serrano (1876-1924) cuando entraron en conflicto la dirección política del partido comunista, dirigido por Elías Lamerte, con los planteamientos sindicalistas de Recabarren, donde primó la aceptación de sindicatos legales. 

En el nacional sindicalismo el sindicato es autónomo frente al estado. Su origen y destino está en la nación. Está dotado de soberanía, para contribuir al logro de los fines de la nación. El sindicato nacionalista participa en la estructura del estado. En el nacional sindicalismo los sindicatos tienen acceso a la propiedad de los medios de producción. Es un sindicato de autogestión y social sindicalista. 

En Chile fue importante la labor sindical del sacerdote Alberto Hurtado (1901-1952) que creó, el 13 de junio de 1947, la Acción Sindical de Chile, ASICH, que estuvo formada por trabajadores y sindicatos social cristianos, que lograron crear sindicatos rurales. Muchos de los dirigentes sindicales de esta central se incorporaron, a fines de los años 70, al Frente Laboral. 

Ramiro Ledesma proclamaba el espíritu revolucionario del nacional sindicalismo. En la nación debe crearse un patriotismo directo y popular surgido del pueblo y orientado hacia ellos. Un patriotismo que herede los valores de la patria heroica de nuestros forjadores ancestrales. Un patriotismo que contenga las verdades y los valores de nuestra cultura. En España, decía, ha habido un patriotismo religioso y un patriotismo monárquico. No es el caso de Chile que ha tenido un patriotismo republicano y un patriotismo épico, que surgió con las guerras victoriosas de nuestros soldados. 

En Chile el sindicalismo ha tenido forjadores del movimiento social de los trabajadores. Uno es Emilio Recabarren (1876-1924), a quien sucedió Clotario Blest Riffo (1899-1990) que creó la ANEF, Asociación Nacional de Empleados Fiscales, en 1943 y la CUT, Central Única de Trabajadores, en 1953. 

Blest Riffo fue un sindicalista de carácter social que llegó a crear el Partido Social Sindicalista junto a Bartolomé Palacios y Carlos Vergara Bravo. Su maestro doctrinario fue el sacerdote Fernando Vives Solar, que formó una Liga Social. 

El padre Vives también impulsó la creación del Partido Corporativo Popular con el abogado Oscar Álvarez Andrew. 

Otro dirigente sindical importante fue Federico Mujica Canales que organizó y representó a los empleados particulares. Mujica fue un trabajador católico nacionalista que empezó su labor social ingresando al Movimiento Nacional Socialista, del cual se retiró después de la Masacre del Seguro Obrero, junto a Delfín Alcaide y Adrián Buzzatti. Todos estos dirigentes concurrieron a formar, en 1947, el Movimiento Nacional Sindicalista, con el sacerdote Osvaldo Lira (1904-1996) y Ramón Callís, que falleció el año 1984. Mujica llegó a ser presidente de la Confederación de Empleados Particulares de Chile, CEPCH. 

Para nosotros, que no recatamos ninguna verdad, es de justicia señalar la labor de Manuel Bustos Huerta, dirigente social cristiano que creó la Coordinadora Nacional Sindical en 1978. Bustos Huerta fue diputado. 

Estos dirigentes de trabajadores siguieron los planteamientos de George Sorel y Ramiro Ledesma. El padre Lira estuvo en España y trajo nuevos planteamientos para el nacionalismo que surgía entre jóvenes y trabajadores. Entonces planteó un estado corporativo tradicional, no fascista. Esta forma de estado estuvo vigente, en el Imperio de Felipe II, que funcionó de tal modo que en el “Imperio no se ponía el sol”. 

Osvaldo Lira, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que le entregó la jerarquía académica de Doctor, planteó que los valores humanos trascienden las particularidades de la cultura. También se recuerda su juicio a la educación, en orden a no enseñar a autores de carácter nacionalista y tradicionalistas. Para el Ministerio de Educación, expresaba, no existen en la Memoria y en la Historia figuras intelectuales como Jaime Eyzaguirre, Mario Góngora, Gonzalo Vial, Jorge Millas, Gabriel Guarda, Francisco Antonio Encina, Hernán Días Arrieta, Matías Vial, Julio Philippi y Ricardo Krebs.

Iván Katalinich, Mario Urzúa, Pedro Zurita, Misael Galleguillos, Jorge Salinas, Juan Vergara, René Sotolicho, entre otros, estudiaron el sindicalismo nacionalista y dirigieron instancias públicas y privadas del mundo del trabajo con sustentación nacional sindicalista. También lo hicieron sectores nacionalistas, con vocación social, para servir a los trabajadores chilenos. 

El sindicalismo nacionalista es libre, autónomo, con organización participativa al interior y con soberanía social para interactuar con el gobierno y las empresas y servicios al exterior. A él le corresponde la representación de sus trabajadores, para concurrir a la negociación de remuneraciones y condiciones de seguridad en las faenas que lleven a lograr políticas de bienestar en las empresas y servicios.

Sin embargo, reconoce soberanía social a todos los sindicatos que existen en el ámbito productivo y de servicios que poseen la categoría de sindicatos legales.

Para los nacionalistas el sindicato y el gremio son cuerpos sociales permanentes que tienen soberanía social para contribuir al cumplimiento de los fines de la nación. 

El orden económico de los sindicalistas del nacionalismo está caracterizado por la integración de todos al proceso productivo, el acceso universal a los bienes y servicios y la participación de todos en la distribución de los beneficios del desarrollo.

Para lograr estos objetivos hemos propuesto otorgar más poder a los sindicatos.

 

Publicado el 01-12-2010

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