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La República Participativa

Por Misael Galleguillos V.


En el año 2006 Renato Cristi y Pablo Ruiz Tagle publicaron el libro “La República en Chile. Teoría y Práctica del Constitucionalismo Republicano.

En él los autores conciben que Chile vive su quinta República, la República neoliberal, señalando que desde 1810 hasta 1830 se tuvo una República Independiente, desde 1871 a 1924 la República liberal y desde 1932 a 1973 una República Democrática, afirmando de paso que entre 1973 y 1990 vivimos un autoritarismo antirrepublicano y que desde 1990 tenemos una República Neoliberal, como hemos señalado.

La primacía para ellos es señalar que República significa lo contrario a reino, léase monarquía; vale decir lo opuesto a sumisión incondicional a la voluntad de un monarca que concentra la totalidad del poder. República significa el gobierno de las leyes, no de los hombres, en el sentido de que la autoridad pública, junto con hallarse sometida al imperio del derecho, ejerce sus potestades por medio de leyes; esto es por medio de leyes abstractas y generales iguales para todos que eviten tanto la arbitrariedad como el favor.

Olvidan que las monarquías europeas que son constitucionales y democráticas dejan el gobierno al poder político y las cámaras de representantes y reservan al monarca la jefatura del estado, conque su esquema se derrumba.

República significa autogobierno lo cual crea una tensión entre participación – o sea decisión por sí mismo y representación, vale decir, decisión por medio de representantes.

Dicen los autores que cada cual desearía no recibir más órdenes que de sí mismo, pero la vida en sociedad que demanda la existencia de gobierno manda esa retorsión contra la heteronomía – vale decir, contra el querer ajeno -, en una demanda de los individuos en orden a que las decisiones normativas que los obligan – por ejemplo, los que adoptan el Congreso Nacional – sean adoptadas por representantes elegidos. Entonces no se trata de reemplazar la democracia representativa por una de carácter participativo, sino de hacer más participativa la democracia representativa. Pero, ¿ y cómo se logra esto? Porque los autores consideran que la elección individual es la que da expresión a la democracia que para nosotros es una democracia de partidos porque estos instrumentos del poder se apoderan de la representación y actúan de acuerdo a sus intereses para mantenerse en poder, usando la autoridad del gobierno como se ha visto en estos días, que van desde el uso de subsidios hasta el uso de instituciones asignadoras de recursos específicos, sin contar a los fondos reservados.

Sus críticas van a los miembros del Congreso que han sido designados hasta 1975, desconociendo la labor de estos parlamentarios y sólo hablando del juego de mayorías y minorías que critican a la República Neoliberal que nos gobierna que le da sentido a la Concertación para mantenerse en el poder, merced a una supuesta superioridad moral, que no tienen, pero que se atribuyen como fuerzas vencidas el 11 de Septiembre de 1973 al perder el poder por causa del desgobierno que vivió la República democrática como la llaman los autores al tratar de imponer por la vía de los hechos un régimen totalitario que ellos denominaban revolución socialista y que tiene una forma de estado republicano no considerado por los autores. Entonces la Contraloría, el Congreso Nacional y el Poder Judicial afirmaron que habían caído en ilegitimidad.

La Concertación de partidos por la democracia ha usufructuado del poder político del gobierno con la condición de aceptar la especulación financiera del poder económico.

El socialismo perdió su razón de ser y sus personeros, aparte de haber caído en la corrupción, aspiran a ser parte del sistema económico neoliberal.

Los autores hacen una crítica a la República Neoliberal, afirmando que la transición del Régimen Autoritario Institucional de las Fuerzas Armadas pasó del autoritarismo a la democracia protegida, diseñada a favor de los grupos minoritarios que dieron forma a la Constitución de 1980.

Luego del plebiscito de 1988 se ha pasado desde democracia protegida a “una democracia en forma”.

Sin embargo consideran que esta democracia en forma que nos rige posee un extenso y agobiante presidencialismo, inclinación antes por el orden que por la libertad, fuerte respaldo a la libertad económica, bastante menos a la libertad política y casi nada a la libertad cultural; insuficiente sensibilidad ante las diferencias de condiciones de vida de los chilenos; exaltación del derecho de propiedad; una educación pública en caída libre; sistema electoral excluyente de grupos minoritarios; preferencia por la gobernabilidad antes que por la democracia, y una hegemonía neoliberal que predica la “maldad estatal” pero sólo hasta el momento en que los negocios se echan a perder, puesto que entonces corre a tocar la puerta del Estado. He ahí un inventario de los errores, insatisfacciones y obstáculos aún por renovar.

Terminan destacando al CEP el Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile y de la Universidad Diego Portales por mantener viva la llama del análisis independiente y crítico en un medio nacional temeroso del debate y fragmentado en capillas donde no pocos corren a cobijarse para “rendir” su autonomía.

Se autoexcluyen los autores que son, hasta donde sabemos, de una línea humanista-cristiana.

El Nacionalismo cree en la República con un gobierno de participación social plena para dar equilibrio al poder político con el poder social. Esa participación se debe realizar principalmente en el poder ejecutivo a través de Consejos presididos por los ministros de cada área de gobierno con los dirigentes de los cuerpos sociales de la nación que corresponde a esa área.

La República es una forma de estado que debe considerar una forma económica y una forma política sin dejar de considerar que el poder nacional lo forman el poder político, el poder económico, el poder psico-social – educación y cultura - y el poder militar.

El Estado debe contribuir al cumplimiento de los fines de la nación, mantener la integridad territorial, estar en toda circunstancia al servicio de los superiores intereses de la patria y permitir la legítima representación de la soberanía.

Es importante que los autores, que ya antes nos han ilustrado con otros aportes, se preocupen de estudiar los cuerpos sociales en la función de crear una nueva forma de Estado como lo han hecho los nacionalistas chilenos con autores de la calidad de Mario Góngora, Jaime Eyzaguirre, Oscar Alvarez, Ramón Callís, Osvaldo Lira, Jorge Prat y tantos otros que en estos días se esfuerzan por superar la dualidad liberal socialista que nos gobierna con deslegitimidad creciente porque su fuente de poder, además de manipulada, está restringida en millones de personas que no creen en esta democracia en forma y en el estado neoliberal que defiende la Concertación y la Alianza. Es la forma que primó en lo que los autores llaman República Democrática que es partidista y subordina el poder social al poder político con lo que se transforma en un sistema que carece de la representación legítima de la soberanía nacional y que lleva en sí el germen de su propia destrucción.

Hace falta un Movimiento de Convergencia Nacional como el que propone el Nacional Sindicalismo para avanzar en el orden institucional para lograr mayores grados de libertad, dignidad, justicia, participación y grandeza. Los elementos de juicio están en nuestra propia doctrina: en síntesis en la chilenidad.

De ella emana nuestra República Participativa que es patriótica y social.

 

Publicado el 05-02-2007

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