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Chile, Argentina y el Gas: El Meteorismo de las Relaciones Exteriores

Por Cristin Salazar N.


El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el meteorismo como el "abultamiento del vientre por gases acumulados en el tubo digestivo". La asociación de estos gases con los meteoros, con connotación casi zodiacal, sólo puede explicarse en un interés siútico por darle una definición elegante y evasiva a lo que, en los hechos, corresponde a una vulgar acumulación de pedos.

Bueno, y ya que nos ponemos honestos, podemos decir con seguridad que las relaciones exteriores de Chile frente a su eterno archivecino argentino, pasan por un período patológico de meteorismo y de pataletas en el colon, precisamente por asuntos gasíferos atraídos por los otrora tan celebrados acuerdos de 1995, plasmados en un protocolo y materializados en la apertura de gasoductos de abastecimiento desde el otro lado de la cordillera, en 1997.

Toda la integración "estratégica" en base a la energía se acaba ahora como lo que era: una acumulación sonora y apestosa de gases intestinales, flatulencias sin otro destino que diluirse en el aire y ojalá que sea lo más velozmente posible, antes de tocar nuestras narices. La fantasía de ver a nuestra histórica Némesis comercial, la Argentina, teniéndonos por su caserito del gas, y Chile abasteciendo de electricidad al mismo vecino, no alcanzó a celebrar sus décimo cumpleaños y duró lo que ha durado siempre el respeto del país platense por los tratados y los acuerdos internacionales: un pedo ("en un canasto", agregarían otros).

Es más: es secreto a voces que el tono de la "respuesta" que estrábico Presidente Néstor Kirchner envió a La Moneda por el aviso de la "pérdida de confianza", fue tan agresiva y violenta (y tan propia de este ex montonero) que Michelle Bachelet decidió mantenerla en reserva y no darla a la luz pública a pesar de la expectación que ella misma generó en torno a su misiva. Su sensibilidad femenina le hace pensar, aparentemente, que las chusmas sólo necesitan un chispazo para saltar a la argentinofobia y a la repulsa contra un vecino cuya casta gobernante se vuelve cada vez más prepotente, embaucadora, incumplidora y -lo que es más divertido- exigente con Chile, especialmente si se trata de estas cuestiones comerciales.

NEGOCIOS OSCUROS

Hagamos memoria. Durante los años noventas, precisamente cuando terminábamos de regalar Laguna del Desierto a la Argentina, el Gobierno del Presidente Carlos S. Menem se encontraba en una cruzada de privatizaciones y en un plan para estimular la inversión privada en el sector energético.

Menem suponía que los precios de los combustibles descenderían en proporción del aumento de la competencia. Tanto era su entusiasmo que, entre otras cosas, prometió a los trabajadores de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) una participación accionaria sobre la estatal y un 10% garantizado en el Programa de Propiedad Participada.

Pero había un problema radical e insalvable: estaban en Argentina. Así, el compromiso que jamás se cumplió.

Tal vez el lector esté inflando el pecho pensando en la probidad de los políticos chilenos contrastada frente al descalabro moral de las clases gobernantes del vecino país, sus problemas meteóricos y... ¡Epa!. No tan rápido: se sabe que fueron accionistas chilenos ligados a importantes autoridades políticas en esos días, los que compraron como terceros grandes porcentajes de participación en el negocio del gas argentino, cuando las acciones estaban por el suelo y mientras nuestras autoridades negociaban el Protocolo Gasífero de 1995-1996, mismo que disparó las acciones hasta valores que jamás habrían alcanzado en otras condiciones estimulando, además, la inversión extranjera en infraestructura, posibilidad a la que Argentina quizá nunca accedería de no ser por los acuerdos logrados con Chile y que ahora son valorados sólo como material histórico.

Ranking de los países de la región según su grado de transparencia en los Índices de Percepción de Corrupción (CPI)
Fuente: Transparencia Internacional (www.transparency.org
)

Año Chile Perú Bolivia Argentina Nº de países
1995 14 - - 24 41
1996 21 - 36 35 54
1997 23 - 52 42 52
1998 20 41 69 61 85
1999 19 40 80 71 99
2000 18 41 71 52 90
2001 18 44 84 57 91
2002 17 45 89 70 102
2003 20 59 106 92 133
2004 20 67 122 108 145
2005 21 65 117 97 159

PLATAS Y PÉRDIDAS

Un ejemplo del aumento de la inversiones gracias a los compromisos contraídos con Chile, tendrá lugar durante el año 2000, cuando el Consorcio Cuenca Marina Austral I -que estaba integrado por la Total Austral, la Wintershall y la Pan American Energy- inauguró una planta extractora de gas licuado petrolero en Cañadón Alfa, al norte del lado argentino de la Tierra del Fuego, y que debía llegar a abastecer a Punta Arenas.

Esto deja en evidencia que el proceso de industrialización y ampliación que ha experimentado el negocio del gas argentino se debe precisamente al convenio firmado con Chile y que hoy es arrogantemente desconocido. Y cabe recordar que ENAP puso millones de dólares de todos nosotros tanto para este gasoducto como para otros que, ahora, carecen de toda garantía de abastecimiento continuo y permanente, experimentando casi dos años ya de recortes periódicos.

En otras palabras, el negocio de accionistas chilenos y argentinos fue pagado también por el bolsillo de todos los chilenos ahora afectados por recortes y privaciones del abastecimiento de gas, que podían ser fácilmente previstos a mediados de la pasada década, a la fecha de la firma de los convenios.

Extracción de petróleo y gas natural en la Argentina, 1998-2002
(fuente: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de la Argentina, www.indec.mecon.ar)

Producto Unidad de medida 1998 1999 2000 2001* 2002*
Petróleo crudo Miles de m3 49.147 46.508 44.762 45.161 43.787
Gas natural Millones de m3 38.631 42.425 44.872 45.989 45.778

* Nótese que en el mismo período en que comenzaron las amenazas de incumplimiento argentino del Convenio de Abastecimiento gasífero, sólo la producción de petróleo bajó, mientras que la de gas aumentó significativamente a pesar de las limitaciones de las reservas. Esto confirma que el desacato de Argentina sus compromisos con Chile se debe al aumento irresponsable de las cuotas de distribución interna sobre la base de las que estaban prometidas hacia el lado chileno y al alejamiento de los inversionistas luego de la intervención de los precios del gas establecida por el Presidente Kirchner.

KIRCHNER, EL GRAN CULPABLE

El panorama siempre ha sido malo, sin embargo. Ahora sólo empeoró, como sucede a todo enfermo terminal ad portas de su deceso.

El gas ha estado varias veces a punto de ser cortado definitivamente: una vez en 1998 y otras en 2002,  por problemas sindicales y huelgas de los trabajadores. La espada de Damocles vuelve tambalearse en 2004 y 2005, con los racionamientos energéticos anunciados por Kirchner y luego con las huelgas de Chubut. En la práctica, vemos entonces que el suministro continuo y seguro jamás ha sido eso: ni continuo, ni seguro. Y al ritmo de decrecimiento de la extracción y del envío, no será raro que termine dosificado en una mera intermitencia de pedos.

La Argentina, o mejor dicho el Presidente Kirchner, reclama ahora que por culpa de los inversionistas se ve forzado a evitar el cumplimiento del compromiso de abastecimiento de gas, por ser dañino al estado financiero platense. Queda demostrado que su talento en materias de economía es notable, sin duda. Hace unos meses también culpaba a los supermercados de producir la inflación argentina.

Cabe preguntarse, por consiguiente, para qué se había realizado hasta poco antes, la implementación de centros de abastecimiento argentinos, si no era precisamente para la provisión de gas a Chile, como el caso de Cañadón Alfa. Acertijo sencillo: el gobierno de Kirchner estaba subiendo irresponsablemente las cuotas de distribución interna del gas desde el inicio de su gobierno, buscando inyectarle así un soplo de recursos al quebrado sistema fiscal, al mismo tiempo que se empeñaba tercamente en mantener el control de los precios de consumo del gas natural.

La combinación fue nefasta: mientras aumentaba la demanda, se caía irremediablemente a la escasez del energético. A su vez, y para peor, los inversionistas a los que el mandatario responsabilizaba por la crisis, dejaron de invertir en el recurso, demostrando entonces que este meteorismo argentino no guarda relación propiamente con las cantidades que la generosa naturaleza flatulenta le proveyó del producto, sino de problemas políticos, de incapacidades para extraerlo.

Reservas comprobadas de gas natural argentino, 1998-2001
(fuente: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de la Argentina, www.indec.mecon.ar)

Cuenca Reservas de gas natural (Miles de millones de m3)
1998 1999 2000* 2001*
Total del país 686.586 748.133 777.610 763.529
Noroeste 153.429 165.363 153.525 161.748
Salta 153.374 165.245 153.247 161.645
Jujuy 55 118 110 103
Formosa - - 168 -
Cuyana 821 879 733 504
Mendoza Norte 821 879 733 504
Neuquina 357.208 377.117 399.128 377.892
Mendoza Sur 8.277 8.529 17.291 15.406
Neuquén 335.384 351.217 366.114 349.808
Río Negro 10.973 14.197 12.845 9.650
La Pampa 2.572 3.174 2.878 3.028
Golfo San Jorge 17.105 33.337 39.044 47.396
 Chubut 4.378 17.277 19.464 26.955
Santa Cruz Norte 12.727 16.060 19.580 20.441
Austral 158.023 171.437 185.180 175.989
Santa Cruz Sur 32.654 49.758 53.221 46.813
Tierra del Fuego 56.715 48.079 52.116 49.151
Cuenca Marina 9.912 14.858 27.998 26.224
Estado Nacional 58.742 58.742 51.845 53.801

* Nótese ahora que en el período 1998 a 2001, las reservas de gas argentinas aumentaron en todas las cuencas, en circunstancias de que el Gobierno de Argentina alega ahora que, ya entonces, la producción de gas estaba siendo afectada por la falta de reservas suficientes de las provincias para poder completar las cuotas que, posteriormente, comenzó a recortar a Chile.

DE MAL EN PEOR

Era predecible, por lo tanto, que tras el desfavorable acuerdo que lograra la Argentina para contar con el gas proveniente de Bolivia, Kirchner decidiera traspasar a Chile estos aumentos a las tarifas de la provisión de gas.

Hasta cierto punto, la actitud de Buenos Aires es comprensible y sólo queda resignarse. ¿A quién más iban a cargar la diferencia, si somos los únicos suficientemente neófitos como para confiarle toda la garantía de nuestro abastecimiento energético a una de las naciones demostradamente más corruptas del mundo? ¿De dónde iban a romper un chanchito de alcancía si no es desde este lado de la cordillera, aunque nuestros vecinos juren y rejuren a los cuatro vientos que somos nosotros quienes les envidiamos en todo?

Desde el mes de febrero del presente año, Kirchner ha restaurado una seguidilla de recortes programados de gas equivalentes al 32% de la demanda total de usuarios y al 43% del consumo industrial, afectando con ello a más de 200 empresas chilenas. Si a ello sumamos el engaño realizado a la propia Presidente Bachelet por su homólogo y anfitrión de la reunión MERCOSUR de Córdoba, prometiendo una tarifa de abastecimiento que no duró ni dos días, podemos advertir que la hora del adiós ha llegado para las ilusiones de una relación "estratégica" en el intercambio energético chileno-argentino... Relación que, sin duda, no ha tenido por resultado otra cosa que una abultada y dolorosa hinchazón de gases indeseables.

La escatológica "alianza", esa sacrosanta de Chile y Argentina, ha llegado a ser entonces, eso y sólo eso: un viento ruidoso y hediondo, del que nadie quiere hacerse responsable, que todos esquivan con disimulo y por el que ahora sólo hay sonrojos. Nada más.

 

Publicado el 07-08-2006

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