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La Escuela Profesional Salesiana de Valparaíso

Por Juan Bragassi Hurtado


“(…) la Instrucción es para el pueblo lo que la levadura para la masa. La levadura puesta en medio de la masa y difundida por toda ella, la sazona, la levanta, la transforma en buen pan, que mañana será músculo y energía en el hombre. Pues del mismo modo la instrucción, si es buena y sana, se entiende, puesta al alcance del conglomerado social difundida por toda la masa del pueblo, lo dignifica, realza sus cualidades nativas y lo transforma en un pueblo civilizado”. (“Las Escuelas Profesionales”,  Revista de las Escuelas Profesionales  Salesianas “La Gratitud Nacional”, 1942, Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso). 

A mediados de agosto del año 1894 recalaba, en el puerto de Valparaíso, el buque “Britannia”, en el que viajaba, desde Italia, una expedición compuesta por  Espíritu Scavini, Fidel Riva, Domingo Soldati, Pascual Richetta, el clérigo Juan Manzoni, el coadjutor Juan Buffa y el novicio Francisco Fossa. Este grupo de salesianos dio origen a la primera escuela de talleres, la que se ubicó en la Quinta Waddington, propiedad donada por doña Juana Ross de Edwards. 

Escuela Profesional Salesiana de Valparaíso 1

Luego, en el año 1896, se ampliaba la obra con la sección de los estudiantes que, en el año 1902, sería transformada en un floreciente instituto comercial. 

A contar  de 1888, desde el legado de dinero y tierras que la señora Antonia Ramírez dejó para los Salesianos, comenzó el florecimiento de los talleres, que en el 1944, se completaron con la creación del taller de mecánica (sus establecimientos estaban diseminados desde Iquique a Magallanes).

Sin embargo, la nota característica de la Obra Salesiana, son las Escuelas Profesionales, institución de orden social ideada con la finalidad del progreso moral y material del obrero. 

“(…) los estados europeos instituyeron Escuelas de Artes y Oficios llamadas también Profesionales. Pero éstas tuvieron, entre otros, defectos muy graves desde su origen; demasiada instrucción técnica y poca o ninguna instrucción moral y religiosa y suntuosos edificios en contraste con su humilde origen”. (“Las Escuelas Profesionales”, Revista de las Escuelas Profesionales  Salesianas “La Gratitud Nacional”, 1942, Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso). 

Escuela Profesional Salesiana de Valparaíso 2

Los Salesianos, con sus Escuelas Profesionales, pretendían remediar lo que consideraban errores, a través de lo que vendría a ser una formación integral e inclusiva. 

 “ (…) para prevenir los conflictos entre el capital y el trabajo, se procura que en los mismos Colegios, a la sombra de los mismos campanarios, hermanados por la religión, vivan artesanos y estudiantes, los obreros y los probables dueños del mañana, para que ya desde niños  cuando no hay ni sombra de prejuicios, se traten y se quieran”. (Ibid) 

Respecto a los programas de estas escuelas profesionales, se aplicaban dos programas dobles, los que consistían en: “Escolástico-Cultural” y “Didáctico-Profesional”.

El programa escolástico- cultural pretendía el adiestramiento industrial del alumno en sus variadas  artes y oficios. Se enseñaba, al joven aprendiz obrero, un cúmulo de nociones científicas generales y un grado de cultura, ocupando el programa escolástico no menos de cuatro horas, entre clases y estudios en las siguientes materias: Lengua nacional, Geografía, Historia, Aritmética y Urbanidad, sumándose, en los niveles más altos: nociones elementales de Física, Química, Historia Natural, Sociología e Higiene. 

Como es de suponer, se trata de una instrucción general, por lo que no se dividía a los alumnos según sus profesiones, sino que eran agrupados de acuerdo con un criterio de capacidad y de instrucción individual. 

Veamos qué importancia se le confería al dibujo, para justificar dicho sistema: “ (…) conduce a la formación del gusto y del criterio artístico en el Obrero, abriéndole la puerta quizás, a empresas geniales y que tengan una marca personal y original, los que sin preparación en el dibujo, no podrían llevar a cabo” (Ibid) 

El programa didáctico-profesional se dividía en variados programas especiales, en consideración a las profesiones que se enseñaban en dicha en la escuela. 

La práctica del trabajo consistía en la ejecución de una serie progresiva de ejercicios didácticos y de trabajo utilizables, que podían encontrar inmediatamente una aplicación real. 

Al ejercicio práctico se añadía la escuela de teoría profesional, la que tenía como propósito brindar conocimiento sobre los variados procedimientos del trabajo mismo, el conocimiento de la materia prima y los aparatos necesarios, máquinas en uso, presupuestos de gastos,  etc. 

Escuela Profesional Salesiana de Valparaíso 3

Los Salesianos, a los 50 años de existencia  en Chile, poseían  19 prestigiosos centros, 6 de los cuales se dedican a las Artes y Oficios: Magallanes, Concepción, Talca, Santiago, Valparaíso y La Serena. Los alumnos eran distribuidos en las secciones de Cerrajería, Tipografía, Prensa, Encuadernación, Mecánica, Electricidad, Carpintería y Sastrería. 

En el caso de la escuela profesional de Valparaíso, se impartían los Talleres de Tipografía que contaba con las siguientes reparticiones: Cajas Inter tipo, Prensas y Encuadernación, de Mueblería y Ebanistería, Sastrería y Mecánica, con las reparticiones de Cerrajería y Torno. 

A través de un interesante artículo publicado en la Revista del “VIII Congreso Eucarístico”, del año 1941, comprobamos la existencia del Taller de Imprenta iniciado el 17 de julio 1894 y  que, posteriormente, derivará en la formación de la Especialidad Tipográfica de la Escuela Salesiana de la  Gratitud Nacional, sede Valparaíso. Dicha escuela es posterior y se remonta al año 1897. Funcionó bajo el alero del Colegio Salesiano de Valparaíso.

Destacamos de este material escrito, su importancia en el establecimiento de un precedente dentro de nuestra comuna y región, comparable a lo ocurrido con la fundación de la Escuela de Artes y Oficios de Santiago, referido a la existencia, en el sistema formal de educación, de una método de formación e instrucción técnica, que en este caso particular está referido al oficio de tipógrafo, dentro del marco que es el establecimiento de una educación orientada hacia el ámbito del desarrollo económico. Preocupación que adquirirá una especial preocupación a partir de 1910. 

Otros antecedentes, los proporciona un breve escrito incluido en un anuario de 1945, el que fue escrito por un alumno de cuarto año de la especialidad tipográfica. En este texto, redactado por Marcial Sánchez, se entregan los antecedentes referidos al origen sobrio de dicho curso: “Unos dos o tres chivaletes, un rodón, una minúscula guillotina de palanca, una prensa, una perforadora y una pedalina, fueron las armas con que empezó, en 1897, su noble misión didáctica de difusión y apostolado, este taller, por el cual han pasado varias generaciones de alumnos.” (Sánchez, Marcial, “Anuario Escuelas Profesionales”, Colegio Salesiano de Valparaíso, Especialidad Tipográfica, Ciudad de Valparaíso, 1945, Imprenta: Escuela Tipográfica La Gratitud Nacional). 

Dicho curso contaba con maestros con varios años de práctica, quienes asesoraban el aprendizaje de los  alumnos, durante los cinco años que dura el curso completo, período donde el alumno tenía la oportunidad de familiarizarse con las grandes máquinas modernas de impresión automática de marca “Mercurio”, también con los complicados mecanismos de las linotipias e inter tipias, armonizándose, así  los conocimientos técnicos con las prácticas y adelantos del ramo gráfico. 

De esas prensas salieron  tantos trabajos comerciales, como obras, revistas y folletos relacionados con la congregación y la fe católica. No tenemos claro si de ella salió algún medio periodístico, relacionado con el partido conservador, como lo fue por ejemplo, el Diario La Unión. 

A continuación, el autor destaca “(…) La Sección Encuadernación ejecuta obras de verdadero mérito artístico. Libros en blanco, planillas en general y trabajos seleccionados tienen la sección Rayado en continua actividad (…) Con orgullo ostenta este Taller los bien merecidos elogios de críticos gráficos, especialmente por los trabajos que están saliendo, actualmente, de sus prensas que llevan con mucho prestigio su pie de Imprenta: Escuela Tipográfica La Gratitud Nacional”. 

Dicho documento, además, nos entrega una serie de interesantes registros fotográficos de los talleres de la escuela, las que son acompañadas con un distendido lenguaje referido a algunas características técnicas de maquinarias y de procedimientos en cuanto al ejercicio de la labor. Material que nos deja una noción más clara de la envergadura  de lo que el autor denomina “el taller de imprenta”. 

Aquí, más que músculos, se requiere gusto para los distintos colores en paisajes dibujos. Gusto en la elección de tipos, en la compaginación, en las portadas.  Es decir, no se limita tan solo a la correcta aplicación de la técnica de la impresión de textos, sino que implica un servicio tecnológico integral, que eleva el ejercicio de este oficio al concepto de “arte tipográfico”, orientado  a la producción de  diarios, libros y noticias. 

Continuando con el relato del  alumno de cuarto año, el autor  expresa: “Es hermoso, para aquel que entra a un taller de imprenta, ver cómo se forman los moldes por medio de letras sueltas o ver la Linitype, que a manera de un cuerpo humano, va tragando metal para devolverlo en líneas escritas, las prensas con sus impresiones, su velocidad, colores, la encuadernación con sus vistosas empastaduras, etc. 

Nuestro taller se está enriqueciendo cada vez con nuevas y mejores máquinas. Ayer era una prensa “Poly” automática que apurándola de 2.500 copias por hora, hoy una Linotipia más que llega. “No la hemos pagado todavía, dice el P. Director, pero no importa. Don Bosco nos mandará un alma buena que nos ayude”.

Para nosotros, todo esto es agradabilísimo y por lo que de nosotros depende no falta entusiasmo ni buena voluntad, para que nuestro taller progrese cada día más y más y así formamos siempre mejor para la vida práctica, nosotros los que soñamos con publicar, imprimir, redactar, ser dirigentes de algún diario o de alguna imprenta”.

Por otro lado, en otro anuario de esta escuela profesional, fechado en 1953, se  expone el problema relacionado con los oficios más cotizados por los jóvenes, situación que incide en el problema de matriculas y el déficit en la existencia en determinadas profesiones u oficios de mano de obra calificada. 

“El joven coadjutor salesiano, Sr. Félix Frascarolo, - 25 años, residente desde 1948, egresado del Instituto de Magisterio Poligráfico Salesiano del Colle D. Bosco - me proporciona datos interesantes sobre la crisis de candidatos para su taller. Las causas son múltiples. Ninguna profesión de tipo manual despierta tanto interés como la mecánica. El operario gráfico generalmente debe depender de una empresa, difícilmente puede instalarse solo  y esa aspiración es la más acariciada por el joven moderno. Se agrega a eso la propaganda que hace por sí sola la mecánica con sus máquinas, sus automóviles y sus garajes, el desconocimiento de la existencia de este taller, su equipo anticuado de maquinarias que no dicen nada al niño que viene a visitarlas y un recelo tradicional hacia todo trabajo que requiere contacto con el plomo y antimonio, como nocivos para la salud”. (Anuario de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”, Santiago, Diciembre de 1953, Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso).

En cuanto al oficio y las áreas de acción que permite para su especialización, podemos identificar tres bien diferenciadas: el de cajista, prensista y encuadernador. Cada una de ellas exige su técnica separada. 

Escuela Profesional Salesiana de Valparaíso 4

Un buen cajista, debe poseer un sentido artístico acentuado para la disposición de “tipos” y colores, tal cual como el encuadernador precisa de un talento para la ejecución de trabajos artísticos en el ámbito manual y un sentido estético desarrollado. 

En cuanto a la labor del prensista, dentro de este mismo anuario, encontramos una fresca descripción que nos despeja cualquier duda: “(…) Julio Frigerio Iturriaga está en 5º pero ingresó sólo el año pasado (…) Es prensista. Imprime los moldes que el jefe-cajista le entrega. Aprende a manejar las máquinas, ya sean de pedal o automáticas como una moderna «Nebiolo Audax» que imprime 8.000  copias por hora. Veo hermosas policromías amontonarse bajo los dedos ágiles de un joven que está en íntima sincronización de movimientos con su máquina  de pedal (…)”. 

La encuadernación es la técnica constructiva de los distintos géneros de encuadernación, desde los más simples a los más complicados (encuadernación de aficionado y  encuadernación de cuero flexible) y de lujo todo en cuero. 

Más allá de estos relatos que nos introducen en la experiencia de esta escuela y lo significativo en el ejercicio de este oficio, podemos generar, a modo  de conclusión, la su importancia que nos lleva a las raíces de la educación económica o de formación para el mundo del trabajo, el cual se viene a complementar con las escuelas obreras, realizadas por  los jesuitas en el período  de la colonia y la escuela de artes y oficios, creada en el Chile independiente y republicano.

 

Publicado el 01-07-2010

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