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Muralismo en Chile (Segunda Parte)

Por Juan Bragassi Hurtado


Aproximación histórica al mural en Chile 

El primer contacto que tienen los artistas chilenos con la pintura mural vanguardista, es a través de los artistas mexicanos. 

Paradojalmente, esto se debió a un desastre natural que sufrió nuestro país el 24 de Enero de 1939, con el terremoto de Chillán.

El pueblo de México, bajo el mandato de don Lázaro Cárdenas, se hizo presente con ayuda económica y con la donación de una escuela, la que fue decorada por el máximo representante de este movimiento artístico, don José David Alfaro Siqueiros, con la participación de un grupo de pintores encabezados por Laureano Guevara, quien había tenido su primer contacto con esta técnica en Dinamarca, y que, desde 1933, era profesor del taller de pintura mural en la Escuela de Bellas Artes de Santiago. 

Los otros integrantes del grupo de trabajo fueron Gregorio de la Fuente, Camilo Mori, Luis Vargas Rojas, el colombiano Alipio Jaramillo y el alemán Erwin Werner. 

El mural fue pintado entre 1941 y 1942, recibiendo el título de "Muerte al Invasor", pudiendo observarse en él, un imaginario heroico, referido a la historia Latinoamericana. 

Otros artistas que incursionaron en esta técnica fueron Pedro Lobos y Julio Escámez. Sin embargo, este interés que surgió en la escena plástica nacional de los años cuarenta y cincuenta, no dejó de ser un hecho casi aislado y que tenía una mayor concordancia en su manera de abordar y representar sus temáticas con una pintura ilustrativa de caracteres históricos y costumbristas (urbanos y rurales). 

A principios de los años sesenta, el muralismo es retomado como una expresión plástica al servicio de la publicidad política, a favor de la candidatura presidencial del abanderado del bloque de izquierda, el militante del partido Socialista Salvador Allende, teniendo como característica la convivencia y posterior unión del graffiti con el mural, constituyendo lo que hoy conocemos como rayado mural. 

En esta época es en donde el rayado mural surge con mayor fuerza y con una clara postura comprometida y militante a favor de la candidatura del representante de la Unidad Popular, teniendo una actuación destacada las brigadas políticas de propaganda Ramona Parra (B.R.P.) del partido Comunista y Elmo Catalán (B.E.C.) del partido Socialista, y que a diferencia de años anteriores, lograron hacerse de una mayor organización, lo que logró que sus trabajos se desarrollaran de una forma más coordinada y efectiva. 

Una vez elegido presidente, el abanderado de la U.P., las brigadas muralistas asumieron en sus manos el apoyo, defensa y promoción de los valores contenidos en el programa de gobierno constituido. También en la oposición surgen brigadas, como la Elmo Catalán del Partido Nacional y las de propaganda del Frente Nacionalista Patria y Libertad. 

El muralismo y el rayado muralista chileno, alcanzó su más alto nivel de expresión en las murallas de las poblaciones, sindicatos y edificios públicos, siendo los más conocidos los murales de la Municipalidad de Chillán, hecho por Julio Escámez; el de la Estación de Concepción, realizado por el artista Gregorio de la Fuente y el hecho por la B.R.P. y el artista Roberto Matta, en la piscina de la Municipalidad de la Granja. El trabajo más grande es el mural hecho a lo largo de la rivera del río Mapocho, y que después del golpe militar del 11 de Septiembre de 1973 fue borrado. Recientemente (2008) fue recuperado. 

Con el golpe de Estado de 1973, el rayado mural vuelve a la clandestinidad, transformándose a partir de 1983, en un arma de denuncia, resistencia y lucha en contra de la dictadura, manifestándose en un lenguaje gráfico y plástico, que llamaba a la conciencia, la organización y la defensa del pueblo. 

A partir de 1986, las brigadas de rayado y muralistas, experimentan un crecimiento cuantitativo a lo largo de todo el país, teniendo como motor impulsor la fuerza y voluntad de los jóvenes de las poblaciones populares, que encausaron su actividad hacia el anhelo de unidad, igualdad, equidad, justicia y libertad. 

Con la ascensión del poder civil, elegido en las elecciones presidenciales de 1989, las brigadas muralistas y de rayado empiezan paulatinamente a fragmentarse y disolverse, al experimentar, al interior de sus integrantes, discrepancias frente a los objetivos de su accionar, debido a que sus intereses y preocupaciones habían variado.

Esto causó la intermitencia en la participación de sus miembros voluntarios en las escasas actividades de trabajo conjunto, y que por lo general, se daban en determinadas circunstancias de movilización social o a algunas acciones que contaron con el patrocinio y auspicio de instituciones culturales y de educación pública, binacionales y a veces particulares, las que fueron dirigidas regularmente hacia el ámbito educativo. Ejemplo de ello, son los murales hechos a principios de los noventa por el grupo de muralistas porteños "La Caleta", en colaboración con los cerros de Valparaíso y Viña del Mar, destacándose el mural hecho en el teatro Mauri, ubicado en el cerro Florida, próximo a la casa museo La Sebastiana. 

También en este tiempo, se hizo el conjunto mural llamado "Museo a cielo abierto de Valparaíso", ubicado en el cerro Bella Vista, y que fue realizado por los alumnos del Instituto de Arte de la Universidad Católica de Valparaíso, y que fue resultado de la iniciativa y dirección de Francisco Méndez. Teniendo además, la colaboración en ideas de importantes artistas nacionales, como por ejemplo: Rodolfo Opazo, José Balmes, Guillermo Núñez y Nemesio Antúnez. 

Otras iniciativas hechas a mediados de los noventa, son los murales realizados en la remodelación del Estadio Nacional y los hechos en la ampliación del metro urbano de Santiago, que en este último caso estuvo a cargo de un grupo dirigido por el artista Mario Toral.

Dentro de la región de Valparaíso, son destacables en esta época, los trabajos de recuperación, transformación y habilitación de un antiguo basural en el cerro Cordillera de Valparaíso, en terrazas, áreas verdes y plaza, complementado con el hermoseamiento plástico de las paredes de las casas vecinas, todo esto bajo la dirección del "Taller de acción comunitaria " (T.A.C.).

También en esta época el artista Francisco Francia, miembro fundador del grupo "La Caleta", realizó un mural de grandes proporciones en la Estación Puerto de Valparaíso, ocupando casi la totalidad del espacio existente en el interior de dicha estación y otro frente a la Caleta Abarca. También son mencionables los seis murales realizados a partir de 1994, en el barrio de Gómez Carreño de Viña del Mar, los que estuvieron a cargo del artista visual y profesor Víctor Maturana, en colaboración y auspicio de variadas instituciones públicas. 

Por otro lado, también es necesario mencionar los murales hechos en épocas de movilizaciones estudiantiles universitarias entre 1992 y 1998, los que fueron realizados en algunas de las Facultades de las Universidades Estatales de la quinta región, y que actualmente se encuentran en su mayoría borrados.

Otro aspecto, es el fenómeno que se suscitó a partir de 1995, y que tiene como protagonistas a los más jóvenes, los que actúan en forma clandestina e independiente, desplegando en sus representaciones gráficas de formas, letras, color y técnicas (mural, rayado mural, graffiti, esténcil y papelógrafos) todo un mundo de pensamiento crítico con respecto a sí mismos y su mundo. 

El muralismo como discurso social en Chile 

El mural, el graffiti y el rayado mural, como acción y mensaje, han experimentado una evolución gradual a través de su historia, tanto en sus maneras como en sus medios (técnicos y tecnológicos) así como en las temáticas que aborda.

Así, desde la visita del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, a principios de los cuarenta, esta técnica pasa a ser, en nuestro contexto, un gesto revisionista que pretendió principalmente la búsqueda y rescate de los orígenes de la identidad Latinoamericana, expresándose mediante una pintura ilustrativa profana de escenas (personajes y acontecimientos) históricos y costumbristas. 

Estas iconografías fueron exaltadas por las técnicas pictóricas de la superposición de colores, veladuras y juego lineal de perspectivas que tendieron a incorporar y aprovechar sensitivamente la espacialidad y la tridimencionalidad de las construcciones, dándole dinamismo, acción y movimiento a las formas. 

A partir de los sesenta, esta expresión plástica incorporó a su discurso de búsqueda y de reconocimiento nacional y continental, la de protesta y denuncia militante, frente a la opresión e injusticia social, temática que logró influenciar y acoger otras formas de producción artística, como lo son la pintura, el cartel, el grabado, el cine, etc.

Este arte en nuestro país pasa a ser un medio político publicitario, que pretendió convertirse en el "estandarte del hombre y del pueblo", que se manifestó a favor de la candidatura presidencial del militante socialista Salvador Allende. Con ello, empiezan las primeras realizaciones muralistas en las calles, sin embargo éstas fueron de una menor envergadura, contando con una precariedad de técnicas y de medios que dificultó y limitó sus realizaciones.

Bajo esto, la imagen mural coexistió con el rayado o graffiti, expresión gráfica de protesta anónima, para llegar, gradualmente, a complementarse y unirse, constituyéndose en lo que hoy conocemos como rayado mural. Esto se vio favorecido a partir de 1969, con la organización sistemática de las brigadas de propaganda política Ramona Parra (B.R.P.) de las juventudes comunistas y la Elmo Catalán (B.E.C.) del partido Socialista, que actuaron con una mayor coordinación, lo que les permitió la realización de un mayor número de murales, rayados y rayados murales. 

Factor importante de mencionar, fue el hecho de que la mayoría de estas acciones se hicieron en la clandestinidad, lo que exigió la realización de un trabajo rápido, a favor de lograr el máximo de producto con el menor esfuerzo.

Es ahí donde surgen las principales características con las que es reconocido este medio de expresión social hoy en día: de letras las líneas caligráficas flexibles; la transfiguración con imágenes de palomas, flores, puños, banderas, rostros y estrellas; los fondos de colores puros; la frontalidad de los elementos; el grueso brochazo delineador negro; el discurso simple, directo y fuerte en su connotación. 

Por otro lado, la carga ideológica coincidió con la hegemonía del Marxismo Leninismo de los 60’s y 70’s, engrandecida por el impacto que causó la revolución cubana y los postulados rupturistas de Ernesto "Che" Guevara. 

El resto de las temáticas abordadas serán reflejo de las circunstancias políticas e históricas universales que llamarán la atención y los sentimientos, los que se volcarán en una mirada solidaria y denunciante, la que trascenderá al país y a su gente. 

Bajo el régimen del gobierno militar, que duraría 17 años, esta expresión aparentemente desaparece, retomando su accionar a partir de 1979 en la clandestinidad, teniendo como su principal puerto de acción los recovecos de las poblaciones y, como soporte, sus desgastadas paredes. 

Aquí es en donde sus principales fines empiezan a conformarse en actos de denuncia frente al terrorismo de Estado, ejercidos por los organismos represivos; la resistencia, en sus diversas formas, hacia el gobierno de la junta militar y su principal representante, y el rescate de la figura de estadista de Salvador Allende. 

Sin embargo, es a partir del colapso financiero del año 1982, donde este medio de expresión inicia seriamente sus primeros intentos de recuperación de los muros para ejercer su opinión opositora, complementándolo con la participación en espacios alternativos como las instalaciones, las acciones de arte y las escenografías, desarrolladas entre las grandes protestas, los paros nacionales, los bombazos y los allanamientos que se dejaron sentir a partir de 1983.

Frente al peligro constante que se daba con cada jornada de protesta, el estado de sitio y con cada enfrentamiento entre civiles, civiles-paramilitares y militares, el mural tomó en sus manos la tarea de incentivar la organización de los pobladores para su defensa, exaltando los valores de solidaridad, pertenencia comunitaria, sacrificio y lucha.

Es aquí donde los sueños y esperanzas cobran importancia como expresión, en citas alusivas a Víctor Jara, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Violeta Parra, Bertold Brecht, Sandino y Salvador Allende las que se constituyeron en un simple y significativo homenaje a pobladores caídos. 

El eje central de la fuerza de las brigadas muralistas y rayado, fueron los pobladores, quienes eran guiados por otros con mayor experiencia y que, en algunos casos, poseían estudios de arte. Muchos de estos jóvenes integraban, paralelamente, organizaciones juveniles poblacionales, talleres comunitarios, agrupaciones cristianas o militaban en las juventudes de los partidos políticos, que se hallaban en ese momento fuera de la ley. 

Todos ellos se agrupaban y coexistían hermanados y movidos principalmente por su discrepancia hacia la legitimidad, establecimiento y acción del régimen militar, encausando todo su accionar en el sentimiento y la esperanza idealista de obtener para Chile la libertad y la justicia en su mayor amplitud de concepto.

Con la llegada del año 1988, los ánimos y esfuerzos se concentraron en la salida hacia la democracia, cuya primera etapa se visualizaba en el plebiscito del 5 de Octubre y posteriormente en 1989, con las elecciones presidenciales, en donde salió elegido el militante demócrata cristiano Patricio Aylwin Azócar.

Sin embargo, el nuevo sistema no respondió igualitariamente a todas las expectativas de los diversos sectores que lo llevaron al poder, lo que creó la idea, sensación y sentimiento de marginación, postergación y de utilización electoral para una democracia "a medias". 

En muchos jóvenes de distinto nivel social, empezó a reinar el sentimiento de desencanto general, desesperanza y apatía que contrastaba con el auspicioso cuadro económico del Chile de principios de los noventa. Los grupos de rayado muralista, gradualmente comienzan a disolverse y diversificar sus temáticas, que en algunos casos se alejaron totalmente del fenómeno de la dictadura, lo que en cierto grado es un hecho natural, que ya se venía dando desde mediados de los ochenta, y que se vio favorecido en los noventa con el alejamiento de los antiguos miembros de las brigadas y la integración de nuevas generaciones a éstas. 

De ahí, que podemos constatar la existencia, a principios de esta década, de variados murales, graffiti y rayados murales, que apuntan a diferentes temáticas, desde las religiosas, culturales, denuncia y concienciación en temáticas referidas a derechos ciudadanos, donde muchas veces se contó con la autorización y apoyo económico de instituciones vinculadas principalmente al ámbito educativo. 

Paralelamente, en esos años, esta expresión transgresora adquiere un nuevo sello social, no vinculado a una determinada o definida postura político partidista, sino que más bien, en la más amplia concepción de expresividad social independiente. 

A partir de ello, actúan mezclando o usando en forma individual e intencionada las técnicas del mural, el rayado mural, el graffiti, el cartel, la fotocopia y los papelógrafos de grandes dimensiones, primando indistintamente el color, la forma y la grafía, dejando un valor relativo en la entrega o no de un mensaje, así como del tipo de contenido, dependiendo de la intención de él o los autores. 

Por lo tanto, aquí el rayado mural y el graffiti adquieren una marca gestual, expresiva y artística personal, que se transforma en una metáfora de Chile y que trasciende más allá de sus gustos musicales o de una moda determinada, insertándose en sus ideales, frustraciones, deseos, esperanzas, desesperanzas, preocupaciones, recelos, rabias y su sentido de justicia en respuesta a las razones y sin razones de la sociedad actual, y que puede ir a favor o en contra de ésta y la moral que ella publicita. 

Entre las ciudades de Valparaíso y Viña del Mar, se observa un conjunto de variadas técnicas, que intervienen en forma clandestina en el espacio público urbano, presentando una diversidad de contenidos y temas representativos de las primeras corrientes que van desde los restos de slogans promocionales de las últimas elecciones, que conviven con los rayados y papelógrafos realizados por los grupos detractores y adherentes a Pinochet; los murales en recuerdo y homenaje a Victor; los rayados murales y grafías de los grupos cultivadores del Rap, Hip- Hop, punk, Funck, Heavy Metal y Thrash; las grafías de las “Garras Bravas”; las denuncias de los grupos ecológicos; los llamados a la fe de los distintos grupos religiosos; los carteles publicitarios de fiestas y recitales de música; los manifiestos en apoyo a las causas reivindicacionistas de los pueblos indígenas; hasta las declaraciones de los grupos neo-nazis y anarquistas. 

Esto puede ser entendido como una reacción moral que se da en el universo de los jóvenes que no logran conciliar el "transformismo" (T. Moulián) del Chile de la dictadura y del pos-totalitarismo, que se presenta como un "nuevo Chile" ajeno, que pretende contradictoriamente a su discurso oficial de "Sociedad Participativa", heterogénea y diversificada, la uniformación de la pluralidad en dos bloques semejantes. 

Este miedo a las diferencias, por lo demás característico de nuestra idiosincrasia, se da en mayor medida por la experiencia traumática que se dio en nuestro pasado reciente. Dicho temor, se ha manifestado a veces en una forma negativa de "diálogo” de la clase política dirigente, ya que estos grupos no creen en la manera actual de hacer democracia, ni en la política, ni en los partidos políticos y mucho menos en sus actuales actores, porque no los respetan, porque tienen un doble discurso y porque no los dejan ser reales protagonistas de su época. 

Por lo tanto, este medio actúa como una contra respuesta crítica, desengañada y desmitificadora hacia nuestra democracia y nuestro país, llegando a ser incluso disidente, nihilista y reaccionaria frente a los que visualizan como los principales y directos responsables de este estado de las cosas, los actuales círculos de poder y las redes de influencias políticas, culturales, tecnológicas, económicas, jurídicas, militares, religiosas, de información, de entretención y del espectáculo (cultura de masas).

 

Publicado el 01-12-2010

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