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La “Picardía” del Chileno: Esa minoría que nos desprestigia

Por Eduardo Valenzuela González


Siempre hemos sabido que no todos, pero no pocos, compatriotas hacen gala de su “astucia” que los pone por encima de los demás mortales. Sienten un orgullo patológico cuando engañan a alguien, sea quedándose con el vuelto, evadiendo pagar la locomoción, sus impuestos, reduciendo el kilometraje de su auto cuando quieren venderlo, falseando rendiciones de gastos en sus empresas, apoyándose en la coima para obtener negocios, etc. La lista de ejemplos sería larguísima y existe una suerte de manual de cortapalos para estas personas que justifican sus pillerías, en el “sentido de la oportunidad”. Es ese chileno tramposo, ladino, que usa su astucia para sacar ventaja y que no necesita ser delincuente para pensar como éstos. Se autodefinen como “vivarachos” y se refieren al resto como “huevones”. Los conoce ¿no?, siempre hay uno cerca nuestro, sea en la familia o en el trabajo, esperando la ocasión para sacar ventaja en algo. 

Para la mayoría de los chilenos, estos personajes no pasan de ser unos pillos despreciables, que con una rapacidad abominable y una extraña moralidad, se pasan la vida aprovechándose de la buena fe de los demás, y que con un olfato canino buscan la ocasión de obtener algo a costa de los demás. Son de la más variada relea: obreros, oficinistas, profesionales, empresarios, políticos, uniformados, entre otros. Los une esa perversa mirada de la vida que los hace ser desconfiados, y antes de ser engañados, engañan ellos primero.  Muchos, se presentan como correctos ciudadanos, sin embargo, cuando se da el tema comienzan a vociferar que este mundo es de los “vivos”. Son oportunistas por excelencia y embusteros por vocación. 

La tragedia que desgarró al centro sur de nuestro Chile, el 27 de febrero pasado, con su secuela de muerte y destrucción, demostró que estos inmorales ni siquiera respetaron que su pueblo estaba en suelo y, mientras miles de compatriotas vivían la tragedia y el dolor, ellos aprovecharon su “picardía” para robar lo que había de valor a su alcance. Si bien se dio en varias ciudad del sur, fue patético lo ocurrido en Concepción. Saquearon supermercados, con el pretexto de no tener alimentos, y vez de llevarse esto, se robaron cocinas, televisores y otros artículos electrodomésticos, cargándolos a mano, en carros y en autos, muchos de ellos del año. Sus rostros agitados, en una mezcla de excitación y cobardía, causaron la indignación y repulsa de la mayoría de los chilenos.

Felizmente, los medios de comunicación mostraron las imágenes y con ello, un forzado arrepentimiento de muchos que con la misma desvergüenza que robaron, dejaron en el anonimato los artículos, en zonas más pobres de Concepción. Lo que no esperaban estos pillos es que la autoridad adoptaría medidas para que respondieran por sus fechorías (pues se tienen como medio de prueba las placas de los automóviles), y grande ha sido el asombro al constatar que varios de los procesados son profesionales, o personas de nivel medio, que sin tener necesidad alguna se aprovecharon del caos reinante los primeros días posteriores al terremoto y  maremoto. Ahora, están a la espera de sentencia, pero la lección es clara: la picardía del chileno, esa que nos ha dado tan mala fama en otros países, recibirá sanción en nuestro propio país. 

El drama nacional, no cambiará su forma de pensar y actuar, y seguirán siendo la mancha negra de nuestro país. Lo que no cabe duda es que estos personajillos que desprestigian nuestros valores y tradición de pueblo guerreo y trabajador, se sentirán más observados pues quedó en el alma nacional la tremenda bronca por lo ocurrido y lo que ellos representan. Ellos son una lacra social que se debe combatir y mientras menos sean, tanto mejor para la salud social y espiritual de Chile.

 

Publicado el 01-04-2010

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