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El Gabinete ABC1 de Piñera

Por Eduardo Valenzuela González


Finalmente, el 9 de febrero  pasado, en el Mueso Histórico Nacional se develó el misterio que tan celosamente guardaba Piñera y su círculo de hierro. Es que parecía que se trataba de un secreto de estado, del que nadie debía saber nada. Demasiada parafernalia para algo que inexorablemente se debía hacer público. La ceremonia, revestida de cierta pompa y escasa mística, ratificó lo que el presidente electo había anunciado: caras nuevas en política, en general. Eso sí, no faltaron algunos próceres de la vieja cuña política, como Cristián Larroulet, ex funcionario e la dictadura de Pinochet, próximo Secretario General dela Presidencia; y Jaime Ravinet, ex militante de la Democracia Cristiana, quien dio una golpe bajo ala Concertación, al aceptar ser ministro de Defensa del próximo gobierno. 

Pero lo que más llamó la atención de los futuros ministros fue esa suerte de potestad del que los revistió Piñera, aludiendo a que debían ser personas de “excelencia”. Y para ratificar esto, cuando fueron presentados en la ceremonia, se dieron a conocer sus cualidades académicas, en donde varios ostentaban flamantes magíster y doctorados en prestigiosas universidades extranjeras. 

Pero hubo una omisión que a poco andar se develó: muchos de los escogidos son prósperos empresarios, miembros de directorios de grandes empresas y forman parte del selecto 2% de chilenos que accede al 67% de la riqueza nacional.  Lo anterior generó el inmediato reproche dela Concertación, los que haciendo gala de una ordinariez sin límite, de inmediato sindicaron a este gabinete como una muestra inequívoca del poder del dinero en política. 

Es cierto, Piñera escogió a gente de su misma condición socioeconómica. Pero ese mundo en donde prima la ambición por el dinero y el éxito material, esta harto ajeno al chileno medio, que busca condiciones de vida más digno, con trabajo mejor remunerado y acceso a una educación y salud que escapen a la lógica de estas necesidades básicas un gran negocio.  Del nuevo gabinete, entre ministros y subsecretarios, los nuevos funcionarios públicos deberán dejar más de 40 directorios. A modo de ejemplo: el designado ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, de origen judío, dejará los 3 directorios de los que es miembro, siendo el más importante el de la cadena de tiendas Casa Ideas. En futuro ministro de hacienda, Felipe Larraín, debe abandonar el directorio de Antanchile, casa matriz del Grupo Angelini, dueños de COPEC. El próximo ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, dejará 3 directorios, de los cuales el más importante es el Banco de Chile. El ministro de Transporte, Felipe Morandé, se alejará del directorio del Banco de Crédito e Inversiones. La lista es larga, demasiado extensa, para un gobierno que quiere incluir a distintos actores sociales en su gestión. Por lo menos en su gabinete, no será así. 

Dada la “estirpe” que ha elegido el futuro presidente de la república (quien ha debido vender parte importante de su fortuna, estimada en 2.000 millones de dólares), es natural que la ciudadanía tenga suspicacias, sobre la motivación de fondo, para que estas personas dejen de recibir varios millones de pesos al mes, por ser parte de un gobierno que dura 4 años, con sueldos no superiores a 4 millones (sueldo al que accede menos de un 6% de los trabajadores chilenos). Por lo menos tenemos garantía que no robaran al estado ni los recursos públicos, ya que no perderán sus granjerías y privilegios pues son parte de este segmento que vive en el otro Chile, ese que no sabe de necesidades económicas ni sufre el yugo del pan. Por eso, el mérito de las cualidades académicas es relativo, ya que para especializarse en universidad privadas en el extranjero, se debe tener resuelta la necesidad de trabajar para vivir. 

El éxito del futuro gobierno está por verse y no es garantía de esto el pertenecer al clan de los ricos criollos. No se debe olvidar que ellos, desde 1973 y hasta 1988 dispusieron de todo el poder para mejorar las condiciones de vida y progreso del país. Los tristemente celebres Chicago Boy’s quebraron la banca nacional, cuya deuda debieron absorber los trabajadores chilenos y hasta hoy, nadie lo menciona, menos aún se les agradece. El próximo gabinete de Piñera es heredero de estos tecnócratas que hoy retirados, obviamente son parte del “clan” (se debe escudriñar un poco para constatar los parentescos y redes de influencia…). 

Para quienes aspiramos a hacer de nuestro país una gran familia, con reciprocidad de intereses y que integre a los ciudadanos a un destino común, es poco lo que se puede esperar de la derecha criolla, históricamente clasista y que ha practicado un egoísmo irritante, privilegiando sus intereses, sin considerar las necesidades de la mayoría de su pueblo. El sustento económico e ideológico del futuro gobierno, está compuesto por el gran empresariado nacional y transnacional, quienes son los responsables de que Chile esté dentro de los 10 países con peor redistribución de la riqueza a nivel mundial.  De esto no se habla, ni se debate; los políticos callan este vergonzosa cifra. 

Por ahora, se debe fortalecer la corriente de opinión patriótica del Nacionalismo, como única alternativa al dominio unilateral de los partidos políticos y el poder del dinero que sustentan por acción u omisión.

 

 

Publicado el 01-03-2010

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