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La Imprenta Tipográfica y su Rol en la Independencia de Chile

Por Juan Bragassi Hurtado


2ª Parte

En la edición anterior, nos referimos, someramente, al origen y desarrollo del arte tipográfico en Chile y afirmamos que sus primeros antecedentes se remiten al período denominado “La Colonia”, en el siglo XVIII. 

Para la realización dela Primera Juntade Gobierno, realizada el 18 de Septiembre de 1810, se imprimió una serie de esquelas de invitación, donde se solicitó los servicios del anteriormente nombrado José Camilo Gallardo. 

Recordemos que,  don José Camilo Gallardo, era un  joven chileno de quien se dice poseía un  verdadero entusiasmo para el arte tipográfico y que, a pesar de disponer de muy escasos materiales pudo perfeccionar muchísimo la calidad de las impresiones conocidas hasta entonces. 

Del taller embrionario de Gallardo (que estaba instalado en un departamento interior de una Universidad) se conservan diversas muestras de impresiones, cuya fecha de realización son a contar de 1789. 

Una vez realizada la Primera Junta de Gobierno surge la necesidad, en sus integrantes, de propagar a través de algún medio, los fundamentos y propósitos que sustentaron dicha iniciativa, más otras informaciones de interés público. 

En Chile no había imprenta digna de este nombre, tampoco había nacido el periodismo, de manera que no quedaba otro recurso más que la comunicación verbal y textos reproducidos, muchas veces, a mano. 

Frente a la necesidad de comunicar información a lo largo y ancho del territorio, aparece la figura del doctor Juan Egaña - uno de los espíritus más cultos de la época – quien expresaba, en su plan de gobierno, la conveniencia de costear la adquisición de una imprenta, con objeto de  conformar un órgano de comunicación, a fin de transmitir  o uniformar a la opinión pública sobre los principios del gobierno. 

 Juan Egaña

Juan Egaña 

Así,la Junta Gubernativade Chile, convencida de esta necesidad, pidió al Gobierno de Buenos Aires que le comprase - en esa ciudad - la mejor imprenta que pudiere facilitarle. Lamentablemente, no hubo medio de cumplir dicho encargo. 

La primera imprenta, para editar una hoja periódica, había de venirnos de los Estados Unidos de Norte América, por conducto de don Mateo Arnaldo Hoevel.

Hoevel era un ciudadano de origen sueco, nacionalizado norteamericano, que había llegando a nuestro país a mediados de 1810, desde Argentina. 

Hoevel puso en contacto al gobierno de Chile con Juan Roberto Livinston, persona avecindada en Nueva York y que, finalmente, actuó como agente de comercio, encargándosele la adquisición  - en Estados Unidos - de una batería de cañones y una imprenta. 

El encargo fue cumplido y, el 24 de Noviembre de 1811, echaba sus anclas en la rada de Valparaíso la fragata norteamericana “Galloway”, de la matricula de Nueva York, trayendo en sus bodegas, entre otras especies comerciales y máquinas para este reino “una imprenta y sus aperos” (Hernández, Roberto, “Los primeros pasos del arte tipográfico en Chile…”, Soc. Tipográfica de Valparaíso, Imprenta Victoria, Mayo de 1930, página 4) 

Junto con satisfacerle el precio de la imprenta y de las armas, el Gobierno debió pagarle a Hoevel, el valor de los pasajes de tres tipógrafos norteamericanos  contratados por el Gobierno de Chile: Samuel Burr Johnston, Guillermo Burbidge y Simón Garrison. 

Inmediatamente, el Congreso comunicó a Hoevel la aceleración de la construcción de la imprenta a Santiago. Así, en 1812,  comenzó a funcionar la llamada: “Imprenta Superior Gobierno” en unas modestísimas instalaciones del antiguo edificio de la universidad de San Felipe (ubicado donde hoy se levanta el Teatro Municipal de Santiago), lugar donde vino al mundo el primer periódico político que salió a luz en esta tierra: “La Aurorade Chile”, redactado  por el  fraile Camilo Henríquez quien, en febrero de 1930, vendrá a ser nominado como el padre de nuestro periodismo nacional. 

Aunque ha venido conmemorándose, tradicional-mente el 13 de Febrero de 1812, como el día de la aparición de “La Aurora”, el bibliógrafo Luís Montt, sostiene que fue tiempo antes a esa fecha cuando circuló el número prospecto que comenzaba diciendo: “Está en nuestro poder, el grande, el precioso instrumento de la ilustración universal: la imprenta”. 

Por otra parte, el sacerdote Melchor Martínez anotó lo siguiente respecto al impacto que causó esta publicación: “No se puede encarecer con palabras el gozo que causo su establecimiento. Corrían los hombres por las calles con una “Aurora” en la mano; y deteniendo a cuantos encontraban, leían y volvían a leer su contenido, dándose los parabienes por tanta felicidad y prometiéndose que por este medio se desterrarían la ignorancia y la ceguera en que habían vivido, sucediendo a éstas la ilustración y la cultura, que transformarían a Chile en un reino de sabios”. (Hernández, Roberto,  “Los primeros pasos del arte tipográfico en Chile…”, Soc. Tipográfica de Valparaíso, Imprenta Victoria, Mayo de 1930, pág. 4) 

En la misma línea, destacaba en esta publicación, don Roberto Hernández: “(…) La Aurora de Chile fue el programa, la profesión de fe política, social y económica de la revolución. Con los sombríos colores que le inspiraba el odio a la tiranía, pintó los vicios y torpezas del despotismo colonial y la misérrima postración en la que el país tenía sumergido, esforzándose por demostrar en seguida los sagrados derechos del pueblo y la justicia de la revolución (…) Camilo Henríquez, quiso hacer de la prensa un oráculo de la opinión pública, - única base firme de los nuevos gobiernos – un magisterio sagrado, una especie de sacerdocio que no alcanzaran las pasiones y miserias de los partidos. Pero, colocado en las difíciles circunstancias de aquel entonces, que requerían hombres de pensamiento y acción, reclamaba ese sacerdocio el derecho de predicar la guerra santa, que mantuvieran vivo el espíritu revolucionario.” (Hernández, Roberto, “Camilo Henríquez y la publicación de la Aurora de Chile”, “La Unión” de Valparaíso, 13 de febrero de 1924). 

Sin embargo, al poco tiempo, el trabajo de la imprenta tuvo complicaciones ya que en el marco de una fiesta - ofrecida en el aniversario de la independencia  de los Estados Unidos- (el 4 de julio de 1812),  los  tipógrafos de “La Aurora” se vieron envueltos en un incidente, el que terminó con uno de ellos muerto a bala y los demás presos.

Así, don José Manuel Gandarilla, se puso a la cabeza del taller tipográfico. 

Hijo de una prominente familia criolla, Gandarillas adquirió el oficio tipográfico, llevado de su entusiasmo por la causa de la libertad nacional. José Manuel se vio auxiliado por otros jóvenes chilenos, como don José Camilo Gallardo y  don Eusebio Molinare. 

“(…) La Aurora llegó a contar con cincuenta y ocho números, cada uno de estos números es la repetición en letras del molde de la célebre proclama del fraile de la Buena Muerte había distribuido en 1811. En cada una de las ediciones, su redactor y director volvió a sostener la misma tesis: la necesidad y justicia de la independencia de Chile”. (Hernández, Roberto, “Camilo Henríquez y la publicación de la Aurora de Chile”,  “La Unión” de Valparaíso, 13 de febrero de 1924). 

Más allá de las publicaciones hechas por Gallardo, debemos destacar de esta figura, que fue él quién enseñó el manejo de las “cajas” a algunos muchachos, de entre los cuales salieron destacados propietarios de imprenta, como don José Silvestre Pérez, incansable editor de almanaques y novenas, dueño de la imprenta “Dela Independencia”. 

Otra imprenta,  fue la que llegó con el ejército de los Andes, al mando del General San Martín. La administración la ejerció, a petición, don José Benito Herquiñico, tipógrafo chileno, formado en nuestra primera imprenta. Sin embargo, y pese a que San Martín accedió a la solicitud (a través de una nota fechada del 6 de junio de 1817) se nombró como editor a don Bernardo Vera, y como administrador, a don Eusebio Molinare.

 

Publicado el 01-03-2010

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