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Las movilizaciones en Magallanes y lo que aún está por venir

Por Hans Fiebig


Iniciando el año nos sorprendemos con la noticia del anuncio del alza del gas en la Región de Magallanes. Pese a que el actual presidente en ejercicio mencionó en su campaña mantener el subsidio al gas, sorpresivamente, los habitantes de tal austral región, se encontraron con este anuncio que cambiaría brutalmente sus condiciones de vida. 

Las autoridades argumentaron que no pueden existir beneficios dispares a lo largo del país. En síntesis, que no pueden haber regiones con más beneficios que otras. Pero lo irracional de este argumento es el brutal centralismo que nos afecta, donde se gastan varios millones de billetes verdes en mantener en pié un transporte público (en Santiago) completamente quebrado y mal gestionado desde sus inicios, mientras las regiones se conforman con las sobras que les hacen llegar de vez en cuando. 

Vivir en la Patagonia no es lo mismo que vivir en el norte o centro del país. Se vive con temperaturas extremas, bajo cero, nevazones y ráfagas de viento, es sentir en carne propia el extremo sur del país. Por lo tanto, para poder poblarlo y mantener soberanía, el gobierno debe estar consciente de que se requieren condiciones o incentivos especiales para vivir en tan inhóspitas condiciones. Lo más irónico de todo es que Magallanes produce gas, por lo que genera sus propios recursos. No obstante, se encuentra atado a contratos que lo llevan a exportarlo a una tarifa mayor al que los Magallánicos pagan para su consumo. 

Fuimos testigos, en enero, de las movilizaciones ciudadanas que paralizaron toda la región, hasta que cayó un ministro, precisamente el ministro de energía, el que fue rápidamente sustituido por el popular ministro de minería (Laurence Golborne). Éste, rápidamente viajó a la zona en conflicto a poner paños fríos y negociar. Hasta que salió humo blanco, Magallanes fue escuchada y el alza del gas disminuida. 

Aquí hay que hacer un alto, en lo que fue la movilización y lo que pudo haber provocado. No es novedad para los chilenos, que los Patagones se sienten más apoyados cuando recurren a abastecerse o atenderse de salud al país del otro lado de la cordillera, que en nuestro propio país. Esta maldita negligencia gubernamental de no preocuparse de las regiones sur australes se arrastra desde aquellos generosos tiempos de José Victorino Lastarria, en que ofreciera la Patagonia oriental, en papel de regalo, a los vecinos del otro lado de la cordillera.

Durante más de un siglo muy pocos estadistas han sabido ver y atender las necesidades de tan aislada región. 

Se cortaron caminos, puertos y aeropuertos, y se aisló la región del resto del país. ¿Y qué ha sucedido al otro lado de la cordillera?

Hace casi una década, cuando Argentina se encontraba en default financiero, se alzaban las voces en la región de Santa Cruz, llamando a independizarse del resto del país. ¿Por qué? Porque la Patagonia Argentina produce las riquezas que el resto del país despilfarraba y los habitantes de la región no estaban dispuestos a seguir subvencionándolo. 

Queda aún un conflicto pendiente en Aysén donde, con la infiltración de grupos ecologistas financiados por capitales transnacionales, se opondrán a otros capitales transnacionales tras Hidroaysén y la construcción de centrales hidroeléctricas. Si los ecologistas no logran frenar estos proyectos podremos ver los mismos sucesos en un futuro no muy lejano, en donde la región será aislada y cortada toda comunicación terrestre, marítima y aérea con el resto del país. 

¿Qué pasaría si simultáneamente Santa Cruz en el lado Argentino, y Aysén y Magallanes por el lado Chileno, coordinadamente manifiestan a sus autoridades sus motivos para no seguir dependiendo de los respectivos países? ¿Qué pasa si agregamos la intromisión de entes transnacionales en nuestras regiones? No hay que esperar que eso ocurra, es más, es algo que debemos evitar.

Debemos exigir, de parte de nuestras autoridades, mantener la soberanía e incentivar a aquellos que viven en zonas de aislamiento crítico. Se deben mantener condiciones especiales que permitan el poblamiento de la región. La lección de Magallanes no ha sido aún asimilada por las autoridades y lo peor podría estar aún por ocurrir.

 

Publicado el 01-05-2011

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