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Los Efectos de Hidroaysén

Por Eduardo Valenzuela González


Desde todos los sectores políticos han manifestado su sopresa por las masivas manifestaciones en rechazo a la aprobación de las construcción de los 5 embalses en la ragión de Aysén  (3 en el río Pascua y 2 en el río Baker, en el corazón de la Patagonia) Las protestas han sido sencillamente extraordinarias por su masividad y cohesión en un tema mucho más sensible de lo que se hubiese imaginado. Más allá de los argumentos a favor y en contra sobres estas construcciones, si es adecuado o no generar un fuertes impactos al entorno de nuestra Patagonia, o si es la mejor alternativa en comparación a otros tipos de energías que son renovables y no invasivas, lo cierto es que la movilización de varias decenas de miles de compatriotas es un golpe en medio del mentón a las estructuras de poder en Chile.

Los alegatos en contra de Hidroaysén son variados: desde que dichas construcciones (que estarán operativas en cerca de 10 años más) van en directo beneficio del sector minero, que ocupa cerca del 80% de la energía total del pais; de quienes cuestionan la matriz energética potenciada por los gobiernos por décadas; hasta quienes acusan grandes intereses económicos detrás de este supuesto interés nacional. Adicionalmente, este rechazo ha generado la convergencia de intereses en los más vastos sectores polticios y sociales, las que cruzan, trasversalmente, al senador de la zona Antonio Horvath, grupos ecologistas de los más variados tintes, sectores políticos de izquierda y anarquistas, mundo académico y sectores ciudadanos que no pertenecen a ninguna organización. Lo anterior, refleja a todas luces que sí es posble abrir espacios de participación ciudadana sin mediar el control que,durante años, ha ejercido el partidiismo político en nuestro pais.

Es cierto, si bien quienes lideran las protestas están vinculados a organizaciones financiadas por el capitalismo verde, no es menos cierto que las convocatorias han excedido toda estimación por parte de los organizadores. Es que éstas manifestaciones masivas deben interpretarse de una manera distinta a como la presentan los medios de comunicación, y representan una oportunidad cierta de demostrar que es posible traspasar las restricciones ideológicas cuando los grandes temas nacionales lo convocan. Antes de estas protestas, las manifestaciones estaban dirigidas por prominentes militantes de partidos políticos y finalmente prevalecían las instrucciones partidarias por lo que a poco andar las movilizaciones perdían fuerza y semanas después ya nadie se acordaba de éstas. Además, las convocatorias no superaban unos pocos centenares, y salvo las movilización de los Pingüinos del 2006, en los últimos 20 años no se ha había visto un fenómeno parecido.

El efecto Hidroaysén está en desarrollo y sus consecuencias para el mundo social aún no se pueden dimensionar. En efecto, durante años de control por parte de los partidos y una intrincada red de sutil control de los movimientos emergentes que ha impedido el surgimiento de alternativas ajenas al partidismo reinante, surge una experiencia que, más allá de las diferencias que se puedan tener, ha sido capaz de involucrar a ciudadanos comunes y corrientes, sacarlos a la calle y constituirlos en actores reales.

Esta es una tremenda lección en particular para quienes estamos en la vereda del Nacionalismo, y su silencio respecto de este tipo de temas. Los nacionalistas debieran no sólo participar; sino liderar este tipo de manifestaciones. Con vehemente claridad poner el acento que el riesgo no solamente está en los daños a la biodiversidad de la Patagonia y que éstas represas queden en manos de grupos económicos transnacionales, sino que además sigue en curso el proceso de privatización por parte de grandes magnates, cuyos intereses supuestameente conservacionistas, esconden ambiciosos planes de apoderarse de los recursos naturales de la zona, en especial el agua en una de las regiones con mayor volumen de este recurso en el planeta. Y nuestras autoridades, las de ayer y las de hoy, accediendo a esto, en clara concomitancia con este atroz proceso de pérdida de soberanía. Sólo así, se entiende por qué no hay proyectos reales de poblamiento en la Patagonia.

 

 

Publicado el 12-06-2011

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