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Dinero y política: el oscuro rostro del poder

Por Eduardo Valenzuela González


El sino de los tiempos es el poder del dinero y su relación con la política. En Chile, esto queda de manifiesto en la anticipada contienda presidencial, que muestra un despilfarro de recursos que a muchos resulta irritante. Aunque los comandos de los candidatos aseguran que lo verdaderamente relevante son las ideas, la fría realidad muestra que está muy lejos de esto. Es así como se pueden ver millonarias gigantografías en las calles, carreteras; además de insertos en diarios y radios, todas aludiendo a un país más justo, con oportunidades y con frases llenas de esperanzadores días para quienes voten por ellos. Cuando a los candidatos se les consulta sobre estos gastos, incluso infringiendo la ley electoral que prohíbe expresamente hacer campaña antes de 90 días de las elecciones, aducen ignorancia, dejando en una nebulosa tan relevante información. 

Por ningún motivo quieren entrar en detalles sobre los gastos de una contiende que ni siquiera comienza, ya que se exponen al cuestionamiento público y esto no resulta “políticamente correcto”. ¿Por qué tanto recelo para hacer público sus gastos?. Cabe una sola respuesta: la política no está supeditada a valores ni principios, sino a un pragmatismo nefasto que los obliga a ganar ya no con ideas, sino con una compleja y onerosa maquinaria publicitaria. Son la reglas de este juego, por lo que saben que sin dinero no es posible competir, y menos aún, ganar. Los candidatos Frei, Piñera y Henríquez, en los hechos, están de acuerdo en esto, y como en tantas otras ocasiones, funciona con gran vigor la santa alianza de quienes están en el poder, usando sus “códigos” que se sustentan fundamentalmente en contar con grandes recursos para invertir en sus respectivas campañas. 

Por ello, resulta cómico verlos en aparentes impugnaciones respecto de los gastos en los que, hasta hoy, han incurrido. Piñera, invoca ignorancia y aventuró en un programa de televisión una cifra que causó burlas: aseguró que lleva gastado cerca de 10 millones de pesos. Eduardo Frei, rasgando vestiduras y sin autoridad moral alguna, aunque no ha dado información, ha comentado que su candidatura es en extremo austera; situación que también ha generado críticas de distintos sectores, pues ha recorrido como nadie el país, contando con el generoso apoyo de la burocracia del gobierno en cuanta repartición pública hay. ¿Quién paga?. El caso de Marco Henríquez resulta hasta pintoresco, toda vez que ha reconocido haber gastado hasta agosto poco más de 200 millones de pesos, asegurando que es de sus ahorros y préstamos de empresarios de izquierda. Lo más extraño de este caso, es que resulta un suicidio económico endeudarse a sabiendas  de lo incierto de los resultados. Lo que señala el candidato díscolo suena inverosímil, demasiado fantasioso a esta alturas.

El resto de las candidaturas, dos que representan a la izquierda, Jorge Arrate y el senador del senador Alejandro Navarro; más al del también senador Adolfo Zaldívar, no tienen ninguna posibilidad de triunfar, y por lo mismo, sus recursos son limitados. 

Con este panorama, en que el dinero es el factor más importante para llegar a la presidencia, los chilenos son actores pasivos, expuestos a ser manipulados por globos, regalos y mercaderías. A pesar del menosprecio que la ciudadanía siente por los  políticos, con más de dos millones de chilenos en edad de votar y que no están inscritos, no surge una alternativa real al dominio de los partidos tradicionales. Ha faltado decisión y convicción de los sectores patrióticos y nacionalistas de salir sin prejuicio a ganar adeptos para presentar una plataforma social y política. Este sector se ha farreado la posibilidad de tener protagonismo, considerando condiciones objetivas para articular un movimiento social y político para ofrecerle a Chile una verdadera alternativa al modelo económico sustentado en el monopolio del capital especulativo financiero que tiene asfixiada, a modo de ejemplo, a la pequeña y mediana empresa con deudas usureras sin protección del gobierno ni de los políticos.

Mientras no irrumpa un movimiento patriótico fuertemente arraigado en las organizaciones gremiales y sociales, seguirán los partidos asumiendo la soberanía social de los chilenos con el silencio cómplice de quienes pudiendo hacer algo, se quedan sólo en el discurso y la crítica, sin arriesgar nada.

 

Publicado el 01-09-2009

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